Los efectos de la erupción del volcán de La Palma y otras tragedias en la salud mental

  • Andrea Jiménez

  • Maria Baena
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La erupción volcánica en la isla de La Palma se ha convertido en el mayor desastre natural que ha golpeado a España en muchos años, afectando a miles de personas que han tenido que ser evacuadas y han perdido su casa. 

A los pocos días de que se desatara el fenómeno, los expertos comenzaron a advertir sobre los efectos que los gases volcánicos y la ceniza podían provocar en la salud de la población, con complicaciones oculares, dermatológicas y, sobre todo, con efectos muy nocivos en el sistema respiratorio. Una de las grandes consecuencias del fenómeno volcánico es también la salud mental de las víctimas. A principios de octubre, la Asociación de familias y personas con problemas de salud mental de La Palma (AFEM) en colaboración con el Hospital General de La Palma y el Ayuntamiento de Breña Alta, puso en marcha un servicio de atención psicológica destinada a atender a aquellos ciudadanos afectados por la erupción volcánica.

“Este tipo de desastres pueden suponer un acontecimiento muy traumático para una persona”, afirma Anselmo Acosta Rodríguez, psicólogo de la asociación. “Verse afectado por una catástrofe de tal magnitud nos deja completamente desprotegidos provocando un estado de alerta continuo, que genera cuadros de ansiedad y ataques de pánico”, añade el especialista, quien forma parte de la organización Psicólogos para Todos y cuenta, además, con experiencia en las consecuencias de los desastres naturales. 

La generación del trauma: cuando los síntomas del estrés persisten 

“La primera fase por la que pasa alguien que ha sufrido un acontecimiento como el de La Palma es la del shock, que provoca un estrés muy grande”, explica Elsa Capuzzi, psicóloga experta en Medicina Psicosomática y Psicoterapia y en Terapia Cognitivo Conductual. “Tener que dejarlo todo, sin tiempo para nada porque hay que escapar y pierdes todas tus cosas, tu casa, tu proyecto de vida… Eso implica un intercambio bioquímico de cortisona y adrenalina que deja al estado límbico en estado de alerta”, aclara la experta, quien conoció la técnica del EMDR (Eye Movement Desensitization and Reprocessing, Desensibilización y Reprocesamiento por medio de Movimientos Oculares) para tratar traumas cuando trabajaba en el servicio psicología aplicada de la  Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y le tocó tratar tantos afectados por el atentado del 11 de marzo de 2004.

Aunque cualquiera que pase por la circunstancia de una desgracia así es susceptible a desarrollar trastornos mentales más o menos severos, “los niños y las personas mayores son más vulnerables porque no tienen las mismas herramientas para afrontar el problema”, advierte el psicólogo de la AFEM La Palma, que considera que los efectos en la salud mental de la erupción del volcán se verán, sobre todo, a largo plazo. “Esa incertidumbre es la que genera una enorme inestabilidad psicológica y vital en las personas, que puede conducir a depresiones más adelante en el tiempo. Y muy profundas debidas a no querer aceptar la realidad”. 

“Si después del shock inicial la persona no consigue procesar la información y su organismo está permanentemente experimentando el suceso es cuando se crea el trauma”, añade Capuzzi. Según la especialista en EMDR, “un trauma se vuelve agudo a partir de los 3 meses, cuando los síntomas del estrés persiguen con insomnio, irritabilidad, desarrollándose el estrés postraumático”

Como explica Acosta a Univadis España, la duración del efecto traumático dependerá de “los recursos internos y los valores espirituales, entre otros”. Entre los factores que pueden intervenir en la recuperación de los afectados el experto destaca, entre otros, la ayuda que van a recibir o sus estrategias para rehacer su vida: “en función de algunos parámetros como los anteriores el duelo puede ser más largo o corto”.

La importancia de la ayuda profesional en el tiempo 

La primera recomendación que los expertos ponen sobre la mesa para tratar a ese tipo de pacientes es no dejar que el trauma se enquiste y que los afectados se expresen. “Es muy importante acompañar a la víctimas para que hagan el proceso de evocación emocional y que lloren, que griten, que se sientan acompañados”, dice Acosta, quien opina que  no solo se debe ofrecer apoyo emocional justo después del desastre, sino que se debe mantener en el tiempo. “Es muy común que se dediquen gran cantidad de recursos psicológicos al comienzo de estos hechos, pero cuando pasan un par de semanas es como si todo el mundo desapareciese", señala.

“Cuando se da un estrés postraumático el sistema nervioso no procesa la información y se desconecta del racional, del que forma parte el lenguaje. Si la persona no atiende el trauma a nivel sistema nervioso el problema se somatiza, es decir, pasa al autónomo y el paciente comienza a desarrollar trastornos del sueño, de alimentación, problemas de hipertensión, otro tipo de síntomas físicos. Lo que tiene que hacer un profesional es ayudar al paciente a desbloquear, y que el sistema nervioso vuelva a integrarse a la parte racional, de forma que la persona pueda expresarse”, detalla Capuzzi. “De hecho, se dice que los terapeutas de traumas somos como los fontaneros porque desatascamos ese estado emocional que quedó bloqueado”, compara la psicóloga. Aunque ella tenga experiencia en las terapias individualizadas, considera que, “en casos como los del volcán de La Palma, en los que muchas personas se han visto afectadas por el mismo problema y tienen un sentido de la pertenencia, puede ser aconsejable hacer terapia grupal”.

Opinión que comparte Acosta. “En Ecuador, cuando acudimos tras el terremoto que azotó al país en el 2016, practicábamos la terapia grupal y funcionó muy bien: se redujo la experiencia de reinterpretación del trauma del terremoto, se dismiuyó la tasa de ansiedad y se normalizaron muchos aspectos de la personalidad que se habían sufrido como consecuencia del terremoto”, señala el psicólogo. “Además de las conjuntas, hay que hacer terapias individuales para aquellos con mucha ansiedad y con síntomas ya de depresión”, aclara. 

La salud mental como un problema de salud pública

La erupción del volcán de La Palma ha tenido lugar solo unos meses después del incendio que se produjo en el Paso, tras el que más de un centenar de personas tuvo que ser desalojada de sus viviendas. “Si una persona va sumando las consecuencias de estos desastres resulta una tormenta perfecta a nivel mental”, dice el psicólogo canario. “Y si ya tenemos en cuenta de dónde venimos, de una pandemia en la que hemos vivido amenazados por un virus y obligados al encierro, el efecto acumulativo del miedo y el estrés en la salud mental es muy grave”, explica. 

El 10 de octubre se celebró el Día Mundial de la Salud Mental, cuyo objetivo es aumentar la conciencia de los problemas de salud mental en todo el mundo y movilizar los esfuerzos en apoyo de la salud mental. “Todavía se destinan muy pocos recursos para las enfermedades mentales”, lamenta el psicólogo canario, para quien debería ser una prioridad en la Salud Pública”. En opinión de Capuzzi, no obstante, en los últimos años en España se ha avanzado mucho, “en la normalización de acudir a un terapeuta, que hasta hace poco no era algo tan accesible. La psicoterapia ya no es un tabú, sino algo normal. Pero recordemos que hace no tantos años ir a un terapeuta significaba estar loco”, concluye.