Los cambios en el estilo de vida pueden reducir el riesgo de cáncer colorrectal

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Según se indica en un estudio publicado en The American Journal of Gastroenterology, los cambios en el tabaquismo, el consumo de alcohol, el peso corporal y la actividad física pueden modificar el riesgo de cáncer colorrectal.

“Es un mensaje claro que los médicos y los gastroenterólogos en ejercicio podrían comunicar a sus pacientes y a las personas que se someten al cribado del cáncer colorrectal para mejorar la prevención de esta enfermedad”, escriben el Dr. Edoardo Botteri, Registro del Cáncer de Noruega (Oslo), y sus colaboradores.

En algunos estudios anteriores se ha mostrado una correlación entre el cáncer en general y los factores de un estilo de vida poco saludable. En estos también se ha mostrado una asociación entre el aumento de peso y un aumento del riesgo de cáncer colorrectal, así como una reducción del riesgo con la deshabituación tabáquica. No obstante, Botteri y sus colaboradores escriben que no pudieron encontrar ninguna investigación publicada sobre la asociación entre otros factores del estilo de vida y el riesgo específicamente de cáncer colorrectal.

Para ayudar a cerrar esta brecha, realizaron el seguimiento de 295.865 personas (de 35 a 70 años de edad) que participaron en la European Prospective Investigation into Cancer (EPIC) durante una mediana de 7,8 años.

Los investigadores calcularon una puntuación de índice de estilo de vida saludable basada en el estado de tabaquismo, el consumo de alcohol, el índice de masa corporal y la actividad física. La mediana del tiempo transcurrido entre el inicio y el cuestionario de seguimiento fue de 5,7 años.

Las puntuaciones de los participantes oscilaban entre el 0 y el 16. En el inicio, la puntuación media del índice de estilo de vida saludable fue de 10,04 y disminuyó ligeramente hasta 9,95 en el seguimiento.

Los hombres presentaron cambios más favorables que las mujeres; las asociaciones entre la puntuación del índice de estilo de vida saludable y el riesgo de cáncer colorrectal solo fueron estadísticamente significativas entre los hombres.

En general, un aumento de 1 unidad en la puntuación del índice de estilo de vida saludable se asoció con un riesgo un 3 % menor de cáncer colorrectal.

Cuando las puntuaciones del índice de estilo de vida saludable se agruparon en terciles, las mejoras de un “estilo de vida desfavorable” (es decir, 0-9) a un “estilo de vida favorable” (es decir, 12-16) se asociaron con un riesgo un 23 % menor de cáncer colorrectal (en comparación con la ausencia de cambios). Del mismo modo, un descenso de un “estilo de vida favorable” a un “estilo de vida desfavorable” se asoció con un riesgo un 34 % mayor.

Los cambios en la puntuación del índice de masa corporal con respecto al inicio mostraron una tendencia hacia la asociación con el riesgo de cáncer colorrectal.

Las reducciones en el consumo de alcohol se asociaron de forma significativa con una reducción del riesgo de cáncer colorrectal entre los participantes de 55 años o menos en el inicio.

Los aumentos en la actividad física se asociaron de forma significativa con un menor riesgo de cáncer de colon proximal, especialmente en los participantes jóvenes.

Por otro lado, las reducciones en el tabaquismo se asociaron con un aumento del riesgo de cáncer colorrectal. Esta correlación podría ser el resultado de la “causalidad inversa”, señalan los investigadores, es decir: las personas pueden haber dejado de fumar porque presentaron síntomas tempranos de cáncer colorrectal. El tabaquismo influyó apenas de forma marginal en los cálculos del índice de estilo de vida saludable en este estudio, porque solo una pequeña proporción de participantes cambió sus tasas de tabaquismo.

Solo se recogió información sobre la alimentación al inicio, por lo que no fue posible medir los cambios en este factor. Los investigadores ajustaron su análisis por la alimentación al inicio, pero reconocieron que su incapacidad para incorporar la alimentación en la puntuación del índice de estilo de vida saludable era una limitación del estudio.

Del mismo modo, utilizaron la educación como marcador del nivel socioeconómico, pero reconocieron que esto es solo un indicador indirecto.

“Por lo tanto, es posible que la puntuación del índice de estilo de vida saludable no capture con precisión la complejidad de la relación entre los hábitos del estilo de vida y el riesgo de cáncer colorrectal”, escriben.

Aun así, si los resultados de este estudio observacional se confirman mediante otra investigación, estos podrían proporcionar datos para diseñar estudios de intervención para prevenir el cáncer colorrectal, indican en sus conclusiones.

El artículo, escrito por Laird Harrison, se adaptó de su versión original, que apareció en Medscape.com, propiedad de Medscape Professional Network.