Las zonas verdes, una herramienta de prevención del ictus isquémico

  • Carlos Sierra, PhD

El acceso al contenido completo es sólo para profesionales sanitarios registrados. El acceso al contenido completo es sólo para profesionales sanitarios registrados.

Se habla con frecuencia de lo beneficiosas que son las zonas verdes para la salud y el bienestar humano, pero la mayoría de las veces esta afirmación, que el sentido común nos dice que es cierta, no viene acompañada de datos científicos rigurosos que la avalen.

No es el caso de un estudio publicado recientemente en la revista Environment International, en el cual investigadores del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM), el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) y la Agencia de Calidad y Evaluación Sanitarias de Catalunya (AQuAS) estudiaron el efecto que tiene vivir cerca de una zona verde sobre el riesgo de sufrir un ictus isquémico.

Los resultados son claros, aquellas personas que tienen zonas verdes a menos de 300 metros de casa ven reducido en hasta un 16 % el riesgo de sufrir un ictus isquémico, el tipo de accidente cerebrovascular más habitual.

El efecto de las zonas verdes sobre la salud cerebrovascular

Para comprobar de manera científica el impacto positivo que las zonas verdes tienen en la prevención del ictus isquémico, los profesionales del ISGloblal, IMIM y AQuAS, realizaron un estudio prospectivo longitudinal basado en toda la población mayor de 18 años de Cataluña, del que excluyeron a todos aquellos que habían sido diagnosticados con una enfermedad cerebrovascular antes del 1 de enero de 2016. De esta forma, la cohorte final incluyo a 3.521.274 participantes, que fueron seguidos durante un periodo de dos años, del 1 de enero de 2016 al 31 de diciembre de 2017. Esto lo convierte en el trabajo más importante en este campo hecho hasta el momento en Europa.

En este estudio, se analizaron en concreto el impacto de los niveles de las partículas de menos de 2,5 micras (PM2,5), del dióxido de nitrógeno (NO2) y de las partículas de hollín en el lugar de residencia de cada una de las personas estudiadas. También se analizó la cantidad y densidad de zonas verdes existentes en un radio de 300 metros de su domicilio, obteniéndose que, a mayor cantidad y densidad de zonas verdes en las inmediaciones del lugar de residencia, menor cantidad de contaminantes, lo que se tradujo en una mejor salud cerebrovascular.

La relación entre contaminación ambiental e ictus

Los resultados medios medidos en Cataluña de los niveles de PM2,5, NO2, y hollín fueron, respectivamente, 17 µg/m3, 35 µg/m3, and 2,3 µg/m3, muy por encima de los niveles definidos como seguros por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que los fija en 5 µg/m3 para PM2,5 y 10 µg/m3 para el NO2, aunque dentro de los marcados por la Unión Europea, que son de 40 µg/m3 en el caso del NO2 y de 25 µg/m3 para las PM2,5 (ni la OMS ni la Unión Europea ni ninguna otra agencia internacional ha fijado hasta el momento límites para el hollín).

Existe, por lo tanto, una situación de riesgo para la salud cerebrovascular, ya que este mismo estudió mostró la existencia de una relación directa entre el incremento de los niveles de NO2, PM2,5 y hollín en la atmósfera y el riesgo de sufrir un ictus isquémico: por cada incremento de 5 µg/m3 de PM2,5 el peligro aumenta un 4 %; por cada incremento de 10 µg/m3 de NO2 el riesgo se incrementa en otro 4 %; y en el caso del hollín el aumento del peligro es de un 5 % por cada incremento de 1 µg/m3. Estos datos son iguales para toda la población, de forma independiente de otros factores socioeconómicos, de la edad o de la adicción al tabaco.

Sin embargo, la abundancia de zonas verdes en la cercanía del domicilio tiene un impacto directo en la disminución, de hasta un 16 %, del riesgo de sufrir un ictus. “La gente que vive rodeada de un mayor grado de verdor en su lugar de residencia, tiene protección ante la aparición del ictus”, explicó la Dra. Carla Avellaneda, una de las coordinadoras del estudio y neuróloga del Hospital del Mar e investigadora del IMIM. “En general, se considera que la exposición a espacios verdes tiene efectos beneficiosos a través de diferentes mecanismos, como la reducción del estrés, el incremento de la actividad física y de los contactos sociales e, incluso, la exposición a un microbioma enriquecido”, continuó la Dra. Avellaneda

Conclusiones y medidas a aplicar

La conclusión es clara, hay que disminuir la concentración de contaminantes en la atmósfera y aumentar el número de zonas verdes. El primer paso es limitar el uso del coche, ya que, “a diferencia de lo que ocurre con otros contaminantes del aire, que tienen fuentes de procedencia diversas, el NO2 está causado principalmente por el tráfico rodado”, declaró a Univadis España la Dra. Cathryn Tonne, investigadora de ISGlobal.

También hay que replantearse los límites de contaminantes atmosféricos establecidos ya que, “a pesar de que en Cataluña se cumplen los niveles marcados por la Unión Europea, todavía hay riesgo para la salud, tal y cómo se demostró en este estudio, en el que encontramos una relación directa entre la exposición a contaminantes en nuestro entorno y el riesgo de sufrir un ictus isquémico”, afirmó la Dra. Rosa Maria Vivanco, autora principal del trabajo e investigadora del AQuAS y del IMIM-Hospital del Mar. Por ello, “ante la constatación del efecto de la contaminación atmosférica sobre la salud de la población, hacen falta más esfuerzos y estrategias poblacionales para reducir su impacto. Hay que conseguir pueblos y ciudades más sostenibles en los que vivir no implique asumir un incremento de riesgo de enfermedad”, sostuvo el Dr. Jaume Roquer, jefe del Servicio de Neurología del Hospital del Mar y coordinador del Grupo de investigación Neurovascular del IMIM-Hospital del Mar.

Y, por supuesto, hacen falta más estudios para conocer los mecanismos que relacionan los espacios verdes con la protección frente al ictus, ya que en este estudio solo se ha analizado una población concreta, Cataluña, que ha acudido al Servicio Público de Salud (no se tienen datos sobre los tratados por la sanidad privada) durante un periodo de tiempo limitado de dos años.

Este estudio ha sido financiado por el Ministerio de Economía de España a través del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII-FIS-FEDER-FEDER, PI18/00056), el Ministerio de Ciencia e Innovación de España a través del Programa “Centro de Excelencia Severo Ochoa 2019-2023” (CEX2018-000806-S), y los fondos FEDER a través del programa INVICTUS PLUS (RD16/0019/0002). Ninguno de los autores ha declarado tener conflictos de interés.