Las pruebas de detección de depresión no reducen el suicidio en los adolescentes

  • Marcus A. Banks

  • Maria Baena
  • Noticias de Medscape
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La detección de signos de depresión en los adolescentes no reduce las consultas al Departamento de Urgencias, las hospitalizaciones o el tratamiento por conductas suicidas, según una investigación publicada el 8 de julio en Preventive Medicine.[1] Los adolescentes que se sometieron a una prueba de cribado de depresión tenían la misma probabilidad de necesitar estos servicios que aquellos que no lo hicieron.

En 2016 la Comisión de Servicios Preventivos de Estados Unidos (USPSTF) recomendó que los adolescentes de 12 a 18 años se sometieran a pruebas de detección del trastorno depresivo mayor, siempre que se hubieran implementado opciones de tratamiento y estrategias de seguimiento eficaces.[2]

"El objetivo principal del cribado de depresión es realmente para reducir los resultados psiquiátricos adversos. Pero creo que una esperanza colateral es que al reducir estos resultados psiquiátricos adversos también se reduciría el uso evitable de los servicios de Salud, como las consultas al Departamento de Urgencias o las hospitalizaciones", dijo Kira Riehm, Ph. D., becaria posdoctoral en epidemiología en la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Columbia Mailman, en Nueva York, Estados Unidos, quien dirigió la investigación. Riehm diseñó el nuevo estudio para probar esta premisa.

Riehm y sus colaboradores compararon a 14.433 adolescentes de 12 a 18 años que fueron evaluados para detectar depresión al menos una vez durante una consulta de bienestar de 2014 a 2017 con 43.299 adolescentes que no fueron evaluados para depresión durante dichas consultas. Las pruebas de detección de depresión se intercalaron entre un total de 281.463 consultas de bienestar de adolescentes entre 2014 y 2017, lo que representó al 5 % de todas las consultas médicas.

Los investigadores utilizaron códigos de diagnóstico de una base de datos de reclamaciones de seguros para determinar quién se había sometido a una prueba de detección de depresión. Luego compararon el uso de los Servicios del Departamento de Urgencias, las hospitalizaciones de pacientes y la cantidad de tratamientos por conductas suicidas entre ambos grupos durante los dos años posteriores a la consulta de bienestar.

La edad promedio de los adolescentes que se sometieron a cribado fue de 13 a 14 años, al igual que la edad promedio de los adolescentes que no se sometieron al cribado. Ambos grupos eran similares en cuanto a ser hombre o mujer.

Los investigadores estiman que una gran mayoría de los adolescentes de la muestra eran de raza blanca (83 %). Las personas de raza negra representaron el 7 % de la muestra, hispanos/latinos el 5 % y asiáticos el 3 %. Las reclamaciones de seguros no siempre incluyen datos raciales y étnicos, destacó Riehm, por lo que su grupo impactó estadísticamente estas proporciones. Los datos de reclamaciones tampoco incluyen detalles sobre qué tipo de instrumento de cribado se usó o los resultados de la evaluación, como si un adolescente exhibió síntomas de depresión leve o grave.

Los adolescentes de ambos grupos tenían la misma probabilidad de acudir al Servicio de Urgencias por cualquier motivo, ser admitidos en el hospital por cualquier motivo o someterse a tratamiento por conductas suicidas. Los investigadores observaron una ligera asociación entre someterse a pruebas de cribado de depresión e ir al Servicio de Urgencias específicamente por un motivo de salud mental (riesgo relativo [RR]: 1,16; intervalo de confianza del 95 % [IC 95 %]: 1,00 a 1,33). El sexo de los adolescentes no influyó en el uso de estos servicios.

"Creo que la gente piensa en el cribado de la depresión como un solo evento. Pero en realidad es una serie de eventos diferentes que tienen que ocurrir para que un programa de detección funcione", comentó Riehm a Medscape Noticias Médicas.

Estos eventos podrían incluir garantizar que los adolescentes que muestran signos de depresión reciban una evaluación adecuada, reciban fármacos si es necesario y tengan acceso a psicoterapeutas que puedan ayudarlos. Sin estos apoyos una sola prueba de detección de depresión puede tener un beneficio limitado.

"Hay muchos lugares donde las personas podrían abandonar ese continuo de atención", agregó Riehm.

"Es posible que una sola evaluación no sea suficiente", agregó Trân Đoàn, Ph. D., maestra en salud pública, investigadora posdoctoral en el Departamento de Pediatría de la Universidad de Pittsburgh, en Pittsburgh, Estados Unidos.

Đoàn, que no participó en la investigación, anotó que la Academia Estadounidense de Pediatría recomienda la evaluación anual de todos los adolescentes para detectar síntomas depresivos. Dado que solo el 5 % de las consultas en esta muestra incluyó algún tipo de evaluación de la depresión, es posible que algunas consultas de pediatría no sintieran que tenían los recursos para abordar adecuadamente los casos positivos para depresión, destacó Đoàn.

Tanto Riehm como Đoàn se enfocaron en el vínculo entre la detección de la depresión y los desenlaces de salud. En su propio trabajo de doctorado en la Universidad de Michigan, Đoàn modeló los efectos del cribado anual universal de la depresión en entornos de atención primaria sobre el estado de salud de las personas de 12 a 22 años. Actualmente prepara este trabajo para su publicación.

"Descubrí que a largo plazo existe una mejora en los desenlaces de salud si realizamos las pruebas de cribado anualmente", siempre que la mejora de las pruebas de detección vaya acompañada de planes de tratamiento integrales, dijo Đoàn. Las medidas de desenlaces de salud del modelo incluyeron un aumento en la esperanza de vida, así como una mayor proporción de días libres de depresión entre los adolescentes que reciben el tratamiento adecuado.

Riehm y Đoàn han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

Este contenido fue publicado originalmente en Medscape.com y adaptado para Medscape en español, parte de la Red Profesional.