Las guardias médicas, ¿son nocivas para la salud?


  • Editorial Univadis
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La jornada laboral ordinaria para los médicos españoles es de 1.589 horas anuales de trabajo efectivo. A este total de horas se suma la jornada complementaria de guardias, que puede elevar la jornada real hasta las 2.170 horas anuales, lo que supone en total 48 horas semanales de media. Tantas horas de trabajo, ¿pueden afectar a la salud? Esta pregunta nos plantea dos vertientes: una es saber si el hecho de trabajar tanto, con la responsabilidad y la intensidad de la medicina y, sobre todo, haciendo guardias, puede perjudicar la salud del médico. La otra derivada es valorar si el agotamiento del médico, consecuente a tantas horas de trabajo, puede afectar a la atención de los pacientes.

 

Los largos turnos laborales, diurnos y nocturnos, siguen siendo una marca de identidad de la vida laboral del médico que hace guardias o atención continuada. La repercusión de estas jornadas en la fatiga física y mental de los médicos es incuestionable; y esto esto a pesar de que los reglamentos sobre el tiempo de trabajo se han adaptado a las normativas europeas, reduciendo a 48 el número máximo de horas trabajadas por semana. Una reciente encuesta, que evalúa la incidencia y los efectos de la fatiga entre 3.772 anestesistas en formación en el Reino Unido, constata cómo la fatiga continúa siendo muy frecuente, con efectos sobre la salud física (73 %), el bienestar psicológico (71 %) y las relaciones personales (67 %). El factor más problemático sigue siendo el trabajo nocturno, con matices que lo empeoran como la ausencia de pausas o instalaciones de descanso inadecuadas.

 

Hemos hablado de fatiga física y mental. Habría una tercera: la fatiga social. El trabajo de guardias hace difícil la compatibilidad de la vida laboral y la familiar. En Alemania se realizó un cuestionario a 1.800 médicos para averiguar los efectos de las guardias en su vida familiar. Los hombres estaban menos satisfechos con la compatibilidad, y los menos satisfechos fueron los médicos de los hospitales: solo el 6 % consideró que era mejor la compatibilidad en un hospital. Para el 80 % sería importante participar en la definición de su horario de trabajo, pero esto solo era posible en el 17 %. El 36 % (el 42 % si eran residentes) consideró que la compatibilidad de la vida laboral y familiar era mejor lograda fuera de la atención al paciente. Un dato llamativo.

 

Además de fatiga física, mental y social, las guardias pueden atentar directamente a la salud orgánica del médico. Existen muchos trabajos que lo ponen de manifiesto. Por ejemplo, en un estudio transversal observacional se investiga su relación con los trastornos gastrointestinales funcionales. El 28 % de los participantes tenía este tipo de trastornos, destacando el síndrome del intestino irritable (16 %) y la dispepsia funcional (17 %). Los autores destacan como factores clave para el desarrollo de estas alteraciones el deterioro del sueño y el estrés psicológico. Dejando aparte problemas físicos menores, hay un dato contundente sobre el riesgo al que están expuestos los médicos que hacen guardias: en una encuesta el 57 % señalaba que había sufrido un accidente, o casi, cuando viajaban a casa después de un turno de guardia.

 

Por tanto, las guardias, la atención continuada que necesitan los pacientes, pueden ser perjudiciales para la salud del médico. La situación ha mejorado, es cierto, pero todavía hay mucho por hacer. Hace 20 años los residentes (y muchos adjuntos) no libraban las guardias y había menos personal para trabajar en los turnos de noche, lo que hacía que el trabajo de la guardia y la no libranza posterior hicieran de esta labor, muchas veces, un verdadero infierno. En los últimos años ha mejorado la conciencia y la comprensión sobre los efectos de la fatiga causada por las guardias, tanto en el médico como en el paciente. Sin embargo, no debemos relajarnos: hay que seguir trabajando para que la seguridad y la salud de los profesionales no se vea mermada por la atención continuada. Y, por ende, la de los pacientes. Decir esto puede parecer un brindis al sol, por lo que intentaremos marcar unas pautas que ayuden a que el necesario trabajo de las guardias (la atención continuada es intrínseca a la medicina) no se convierta en un castigo.

 

Por una parte, se tienen que cuidar dos estímulos clave que motivan a cualquier profesional: el salario y tiempo libre. El médico que hace guardias debe tener un reconocimiento económico adecuado y, además, debe contar con el descanso correspondiente. Sea residente o adjunto. Sea guardia de lunes o de sábado. También es importante que no exista sobrecarga, ni en el trabajo de la guardia (para lo cual deben trabajar los profesionales que sean necesarios), ni en el número de horas dedicadas a la misma. De hecho, el Tribunal Supremo afirma en una sentencia que “superar el tope de guardias es un perjuicio indemnizable”. Un último aspecto para que las guardias “no perjudiquen la salud”, es que la atención continuada sea compatible con opciones laborales más flexibles, para que así los profesionales puedan compatibilizar su trabajo con la vida personal y familiar. Por ejemplo, con el cuidado de los niños. En este sentido ayudaría que los profesionales tuvieran más influencia en la definición del horario de trabajo, para conciliar mejor la vida laboral y familiar.

 

Si se van dando pasos en esta dirección, el trabajo de guardia, que nunca dejará de ser estresante y duro, perjudicará menos a la salud del médico y a la del paciente. No hay que poner innecesariamente en riesgo la seguridad de los pacientes colocándoles en manos de profesionales agotados y con las alertas atenuadas. Mejorar el trabajo de las guardias es pensar en el bienestar del médico y, por tanto, en el de sus pacientes.