La trifluoperazina podría ser útil para tratar el edema del sistema nervioso central (Cell)


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Un equipo internacional ha descubierto un nuevo tratamiento para reducir drásticamente la inflamación después de las lesiones cerebrales y de la médula espinal, que ofrece esperanza a 75 millones de víctimas en todo el mundo cada año.

Se cree que el avance en el tratamiento del edema del sistema nervioso central (SNC) es muy significativo porque las opciones actuales se limitan a poner a los pacientes en coma inducido o realizar una cirugía de riesgo.

Las lesiones del cerebro y la médula espinal afectan a todos los grupos de edad. Las personas mayores tienen más riesgo de sufrir golpes o caídas, mientras que para los grupos de edad más jóvenes, las causas principales incluyen accidentes de tránsito y lesiones por deportes como el rugby, el fútbol americano y otros deportes de contacto.

El ejemplo de alto perfil del piloto de carreras de Fórmula 1 Michael Schumacher demuestra las dificultades a las que se enfrentan los médicos para tratar tales lesiones. Después de caerse y golpearse la cabeza contra una roca mientras esquiaba en Suiza en 2013, Schumacher desarrolló una inflamación cerebral y pasó seis meses en coma inducido médicamente y se sometió a una cirugía compleja, pero su rehabilitación continúa hasta el día de hoy.

El nuevo tratamiento, publicado en Cell, ha sido desarrollado por un equipo internacional de científicos que trabajan en la Universidad de Aston (Reino Unido), la Escuela de Medicina de Harvard (Estados Unidos), la Universidad de Birmingham (Reino Unido), la Universidad de Calgary (Canadá), la Universidad de Lund (Suecia), la Universidad de Copenhague (Dinamarca) y la Universidad de Wolverhampton (Reino Unido).

Los investigadores utilizaron un medicamento antipsicótico ya autorizado, la trifluoperazina (TFP), para alterar el comportamiento de los pequeños poros de los canales de agua en las células conocidas como acuaporinas.

Al probar el tratamiento en ratas lesionadas, descubrieron que los animales que recibieron una dosis única del medicamento en el lugar del traumatismo recuperaron el movimiento y la sensibilidad en tan solo dos semanas, en comparación con un grupo no tratado que continuó mostrando discapacidad motora y sensorial más de seis semanas después de la lesión.

El tratamiento funciona contrarrestando la reacción normal de las células a una pérdida de oxígeno en el SNC, causada por un trauma. En tales condiciones, las células se vuelven rápidamente "más saladas" debido a la acumulación de iones, lo que provoca una corriente de agua a través de las acuaporinas que hace que las células se hinchen y ejerzan presión sobre el cráneo y la columna vertebral. Esta acumulación de presión daña los tejidos frágiles del cerebro y la médula espinal, interrumpiendo el flujo de señales eléctricas del cerebro al cuerpo y viceversa.

Pero los científicos descubrieron que la TFP puede evitar que esto suceda. Centrando sus esfuerzos en los astrocitos, descubrieron que la TFP evita que una proteína llamada calmodulina se una a las acuaporinas. Normalmente, este efecto vinculante envía las acuaporinas disparando a la superficie de la célula, dejando entrar más agua. Al detener esta acción, se reduce la permeabilidad de las células.

Tradicionalmente la TFP se ha utilizado para tratar pacientes con esquizofrenia y otras enfermedades mentales. Su uso a largo plazo está asociado a efectos secundarios adversos, pero los investigadores explican que, según sus experimentos, una sola dosis podría tener un impacto significativo a largo plazo para los pacientes con edema del SNC.

Dado que la FDA de Estados Unidos y el Instituto Nacional de Excelencia en Salud y Atención del Reino Unido (NICE) ya tienen licencia para usar TFP en humanos, podría implementarse rápidamente como tratamiento para las lesiones cerebrales. Pero los investigadores subrayan que nuevas investigaciones les permitirían desarrollar medicamentos nuevos, incluso mejores, en función de su comprensión de las propiedades de la TFP.