La sedación leve en personas mayores graves no reduce el riesgo de delirio postoperatorio (JAMA Surgery)


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Investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins (Estados Unidos) han concluido que, sorprendentemente, una sedación más leve en pacientes mayores graves no reduce el riesgo de delirio postoperatorio tras una intervención de fractura de cadera.

Pero el estudio de 200 hombres y mujeres también demostró que, para aquellos adultos con una salud relativamente mejor, la sedación profunda duplica con creces el riesgo de delirio postoperatorio en comparación con aquellos con sedación leve.

"Al contrario de lo que esperábamos, los niveles de sedación no parecen afectar el delirio postoperatorio para los pacientes más enfermos", señala el primer autor del estudio, Frederick Sieber. Un artículo publicado en JAMA Surgery subraya la necesidad de adaptar la cantidad y el tipo de anestesia al estado de salud general de cada individuo, especialmente en personas mayores y en aquellas con enfermedades cardiacas o diabetes.

El delirio postoperatorio, marcado por alteraciones de la memoria generalmente reversibles, confusión y alucinaciones, se ha observado durante mucho tiempo como un resultado frecuente de la cirugía en pacientes mayores. Los niveles de anestesia, según apunta Sieber, han sido vistos como un factor de riesgo potencialmente modificable en los esfuerzos para prevenir la enfermedad o reducir su duración e impacto.

Para explorar esa idea más a fondo, los autores examinaron los efectos de dos niveles de anestesia sobre el riesgo de delirio en pacientes sometidos a una reparación de fractura de cadera, un procedimiento común que se realiza entre 200.000 y 300.000 veces al año en Estados Unidos, principalmente en ancianos. El investigador dice que de las muchas complicaciones que pueden resultar de esta operación, el delirio es el más común y afecta a un promedio del 35% de todos los pacientes.

Para el estudio, diseñaron un ensayo aleatorio doble ciego llamado STRIDE. Entre 2011 y 2016, 200 pacientes del Hospital Johns Hopkins sometidos a una reparación de fractura de cadera fueron asignados aleatoriamente (100 cada uno en dos grupos) para recibir sedación profunda (la práctica común para este procedimiento en la que el paciente está inconsciente) o una sedación más ligera (en la cual el paciente está sedado y puede estar durmiendo, pero responderá si se le habla).

Monitorizaron a cada paciente para detectar síntomas de delirio durante uno a cinco días después de la operación o hasta el alta hospitalaria, así como durante los 30 días postoperatorios generales. Recopilaron información no solo sobre el delirio, sino también sobre otros resultados, como las tasas de ingreso a la unidad de cuidados intensivos, el consumo de opioides y el dolor.

La edad promedio de los participantes del estudio STRIDE fue de 82 años. De los 200 participantes, 146 (73%) eran mujeres, 194 (97%) eran blancos y el puntaje promedio del Índice de Comorbilidad de Charlson (CCI) fue de 1,8. La puntuación de CCI es una medida de la supervivencia estimada durante los próximos 10 años y se calcula mediante la presencia de 17 comorbilidades como la enfermedad hepática, la diabetes y el sida.

A cada comorbilidad se le asigna un peso basado en el riesgo estadístico de muerte en una década; cuanto mayor es el puntaje total de una persona, mayor es el riesgo de muerte. Una puntuación de cero no significa que alguien esté completamente sano, pero que no tenga ninguna de las 17 comorbilidades predefinidas y graves utilizadas para calcular el puntaje CCI.

En general, explican los investigadores, el 39% de los pacientes que recibieron sedación profunda tuvieron un diagnóstico de delirio postoperatorio de uno a cinco días después de la cirugía, mientras que la incidencia del delirio fue del 34% en el grupo de sedación ligera, una diferencia considerada estadísticamente insignificante.

Sin embargo, después de tener en cuenta las comorbilidades, es decir, cuán enfermos estaban en general los pacientes, los investigadores encontraron que los pacientes que tenían una puntuación basal CCI de cero tenían 2,3 veces más probabilidades de experimentar delirio si recibían una sedación más profunda.

Además, los investigadores encontraron que los antecedentes de comorbilidades vasculares, en particular los incluidos en el CCI, como accidentes cerebrovasculares, diabetes severa y ataques cardíacos, se asociaron más con el delirio postoperatorio.

Sieber detalla que no está claro por qué menos sedación no logró reducir el riesgo de delirio en los pacientes más enfermos, ya que no era lo que esperaban. Sin embargo, reconoce que es posible que no hayan tenido en cuenta otros factores asociados con el delirio en el subgrupo de pacientes más enfermos que pueden haber enmascarado los beneficios de una sedación más ligera.

Por eso, insta a hacer más investigaciones para confirmar los hallazgos de su equipo, pero avanza que, con la nueva información, cree que los cuidadores deben enfocarse en ayudar a ciertos subconjuntos de pacientes con enfermedades vasculares para que estén lo más saludables posible antes de la operación.