La ruptura de la barrera hematoencefálica puede ser un biomarcador temprano de disfunción cognitiva (Nat Med)


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Nuevos capilares con fugas en el cerebro auguran un inicio temprano de la enfermedad de Alzheimer, ya que señalan un deterioro cognitivo antes de que aparezcan las proteínas tóxicas distintivas amiloide y tau, según muestra una investigación reciente de la Universidad del Sur de California (Estados Unidos). Los hallazgos, que se publican en Nature Medicine, podrían ayudar a un diagnóstico más temprano y sugerir nuevos objetivos farmacológicos que podrían retrasar o prevenir la aparición de la enfermedad.

El estudio de cinco años, que incluyó a 161 adultos mayores, mostró que las personas con los peores problemas de memoria también presentaban la mayor pérdida en los vasos sanguíneos del cerebro, independientemente de si estaban presentes las proteínas amiloide y tau.

"El hecho de que estamos viendo vasos sanguíneos con fugas, independientemente de tau y amiloide, cuando las personas tienen un deterioro cognitivo en un nivel leve, sugiere que podría ser un proceso completamente separado o un proceso muy temprano", afirma el autor principal, Berislav Zlokovic. "Es sorprendente que esta ruptura de la barrera hematoencefálica se produzca de forma independiente", añade.

En los cerebros sanos las células que forman los vasos sanguíneos se juntan con tanta fuerza que forman una barrera que impide que las células extrañas, patógenos, metales y otras sustancias no saludables lleguen al tejido cerebral. Los científicos llaman a esto barrera hematoencefálica. En algunos cerebros envejecidos, las costuras entre las células se aflojan y los vasos sanguíneos se vuelven permeables.

"Si la barrera hematoencefálica no funciona correctamente, existe la posibilidad de que se produzcan daños", sentencia el coautor Arthur Toga. "Sugiere que los vasos no están proporcionando adecuadamente los nutrientes y el flujo sanguíneo que necesitan las neuronas. Y tienes la posibilidad de que entren proteínas tóxicas".

A los participantes en el estudio se les evaluó su capacidad de memoria y pensamiento a través de una serie de tareas y pruebas, lo que dio como resultado medidas de la función cognitiva y una "puntuación de calificación de demencia clínica". Se excluyó a las personas diagnosticadas con trastornos que podrían explicar el deterioro cognitivo. Los investigadores utilizaron la neuroimagen y el análisis del líquido cefalorraquídeo para medir la permeabilidad o fuga de los capilares que sirven al hipocampo del cerebro y encontraron una fuerte correlación entre el deterioro y la fuga.

"Los resultados fueron realmente sorprendentes", afirma el primer autor, Daniel Nation. "No importaba si las personas tenían patología amiloide o tau; todavía presentaban deterioro cognitivo", añade.

Los científicos advierten de que sus hallazgos representan una instantánea en el tiempo. En estudios futuros, esperan tener una mejor idea de cómo de pronto ocurren los problemas cognitivos después de que aparece el daño en los vasos sanguíneos. Zlokovic señala que es poco probable que los científicos abandonen pronto los amiloides y la tau como biomarcadores de la enfermedad de Alzheimer, pero cree que se deberían agregar algunos biomarcadores vasculares al conjunto de herramientas.