La pulsera cuantificadora podría ser el biomarcador digital de la epidemia de gripe.


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El éxito de las pulseras cuantificadoras ha sido consecuencia de que han popularizado lo que hace unos años se denominó el “Quantified Self”. Esta idea consistía en acceder a nuevas fuentes de datos sobre nuestra actividad cotidiana, que pudieran ser usados en la mejora de la salud. 

Si en el siglo pasado se usaron los podómetros para contar los pasos que dábamos al cabo de un día, e incluso eran un instrumento recomendado y prescrito por médicos para personas con problemas de sedentarismo, los relojes y pulseras digitales han tomado el relevo como cuantificadores de la actividad y, con suerte, estímulo para la mejora de los hábitos.

Como en otras áreas de la tecnología de consumo, los cuantificadores han aumentado sus funcionalidades al mismo tiempo que han ido rebajando sus precios. Tras la información sobre la actividad, la mayoría de ellos empezaron a ofrecer medidas del ritmo cardíaco, con la finalidad primordial de monitorizar la actividad deportiva.

Esta función, sin embargo, parece que puede ofrecer nuevas posibilidades de uso. La revista The Lancet Digital Health acaba de publicar una contribución en la que se propone usar registros agregados del ritmo cardíaco como un predictor de la onda epidémica de la gripe estacional.

Los autores parten de la idea de que el auge de los dispositivos portátiles de monitorización de constantes fisiológicas no sólo permite a las personas contabilizar sus signos vitales, sino que también genera una gran cantidad de información de carácter poblacional, que sería posible utilizar para aplicaciones más allá de lo individual.

Concretamente, se propusieron emplear datos obtenidos de casi 50.000 usuarios de los dispositivos portátiles Fitbit para intentar pronosticar la progresión de la tradicional onda epidémica de la ILI, Influenza-like illness, un síndrome respiratorio inespecífico  caracterizado por fiebre, fatiga, tos y otros síntomas comunes. 

Es conocido desde hace siglos que la frecuencia cardíaca en reposo de un individuo tiende a aumentar durante los episodios infecciosos. Como estos pueden ser detectados por los dispositivos Fitbit (que son, por cierto, la marca más numerosa), se estableció la hipótesis de que un aumento en la proporción de usuarios de Fitbit que experimentaran una frecuencia cardíaca en reposo significativamente elevada podría describir la aparición de un brote de enfermedad infecciosa. 

Éste es el primer estudio publicado con esta orientación, la de emplear datos obtenidos masivamente de dispositivos portátiles para estudiar los brotes de síndromes gripales, una categoría epidemiológica.

Para realizar el trabajo, se accedió a la base de datos agregada de Fitbit, y se buscó la correlación de los datos de ritmo cardiaco en reposo de esas casi 50.000 personas con los históricos disponibles de picos gripales ofrecidos desde la epidemiología convencional. Es, por tanto, un estudio de carácter retrospectivo.

Así, los autores informan de correlaciones positivas entre esos patrones históricos de las bases de datos de frecuencia cardíaca en reposo obtenidos de Fitbit y las series estadísticas de vigilancia epidemiológica semanal para ILI en cinco estados de norteamérica, concretamente Texas, California, Nueva York, Pennsylvania e Illinois. Pudieron establecer que en esos caso, los picos en la frecuencia cardíaca agregada en reposo estaban bien definidos y, en general, coincidían con los brotes de ILI, lo que respaldaba su hipótesis. Parece posible, pues, detectar una onda epidémica mediante la información transmitida por los Fitbit, que actúan como un auténtico biomarcador digital.

Los autores también pensaron en desarrollar modelos de predicción a corto plazo para la incidencia de ILI utilizando también indicadores de frecuencia cardíaca en reposo. Esto permitiría en el futuro disponer de una fuente de información adicional sobre el momento en el que se produce la mayor afección de la gripe, o describir mejor su progresión.

El estudio publicado se considera un primer paso prometedor hacia la integración de mediciones de dispositivos portátiles de uso personal con los modelos predictivos de enfermedades infecciosas.

Se considera que el rendimiento del modelo se podría incluso mejorar aún más si se consideraran algunas otras covariables externas, como por ejemplo las búsquedas que las personas hacen en Google de palabras relacionadas con la gripe, o incluso los tuits, que está comprobado que muestran una actividad semántica especial cuando las personas sospechan que están atravesando un episodio gripal.

Hasta ahora, alguna propuesta para emplear herramientas digitales en la elaboración de mapas en tiempo real de la gripe consistían en plataformas como Flu Near You, en la que es imprescindible la participación activa de las personas reportando de manera asistida datos de su sintomatología. 

En el caso del uso de sistemas como el de los Fitbit, existe la ventaja de que las mediciones se realizan de manera pasiva y no invasiva, y además puede abarcarse un gran volumen de casos. Uno de los problemas, en cambio, es que estos dispositivos no tienen un uso homogéneo entre las distintas poblaciones, y existen diferencias entre regiones geográficas y grupos etarios. Por ejemplo, su uso actual en niños es casi anecdótico.

Por cierto, que otra reciente noticia relacionada con Fitbit es que se ha comunicado que una actualización de su software permitirá su utilización como medidor del nivel de saturación de oxígeno arterial, empleando para ello el nuevo sensor led que ya viene instalado en varios modelos recientes y que es el mismo que se emplea para medir la frecuencia cardiaca. Todavía no está validada la precisión del dispositivo para el control de esta variable.

Fitbit fue adquirida por Google a finales de 2019.