La primera cirugía otológica de la historia se practicó en Burgos hace 5.300 años

  • Andrea Jiménez

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Un equipo arqueológico de la Universidad de Valladolid ha documentado la primera cirugía otológica de la historia de la humanidad. El trabajo, publicado en la revista Nature el pasado febrero, se centra el hallazgo de un cráneo en el Dolmen de El Pendón (Reinoso, Burgos) encontrado en julio de 2018, que data de hace más de 5.000 años, y con los huesos frontal, parietal y temporal, y el hueso occipital sin la sección basilar. Lo llamativo del caso son las dos perforaciones bilaterales que presenta en ambos huesos mastoides, signos evidentes de que el individuo al que perteneció la estructura ósea, una mujer de entre 35 y 50 años, fue sometida a una intervención quirúrgica en los dos oídos.  

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“Antes de este descubrimiento ya habíamos encontrado diversas trepanaciones, cráneos agujereados con distintas técnicas. Pero en este caso hay signos evidentes de que se practicó una cirugía”, afirma Manuel Rojo Guerra, catedrático de prehistoria y director de la investigación. “La intervención que se realizó es muy parecida a las que se hacen habitualmente. ¡Lo increíble es pensar que en esa época pudiera llevar a cabo una operación así!”, exclama el investigador, cuya publicación sugiere que la intervención pudo ser causada por una otitis media aguda complicada por una mastoiditis, lo cual provocó un absceso subperióstico con ruptura de la cortical mastoidea.

Las mastoidectomías, que se llevan a cabo para extirpar las celdillas en los espacios huecos y llenos de aire que se encuentran en el cráneo por detrás del oído, dentro del hueso mastoideo, “se suelen hacer en otitis media agudas en las que es necesario intervenir de carácter urgente para drenar el material purulento”, explica Carlos Martínez-Arrarás, especialista en Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello en el Hospital Universitario de Toledo. “Este tipo de infecciones a menudo son causadas por la proliferación de bacterias u otros patógenos en el oído medio y si no se tratan pueden provocar pérdida de la audición e incluso meningitis”, agrega el especialista.

Una lámina de sílex como material quirúrgico

En la fosa en la que el equipo de la Universidad de Valladolid encontró el cráneo, donde en los últimos años desde que empezaron los trabajos de excavación en el 2016 se han localizado restos óseos de una centena de individuos, se hallaron además distintas piezas que fueron depositadas como ajuar funerario u ofrendas rituales junto a los muertos. Una de estas láminas de sílex pudo haber sido el material quirúrgico con el que se llevó a cabo la prehistórica operación.

“En el oído izquierdo habíamos descubierto marcas de cortes realizadas en el borde anterior de la trepanación con un material duro, así que mandamos a analizar cuatro piezas que estaban del dolmen”, explica Rojo, que, con el objetivo de no sugestionar al compañero responsable de llevar a cabo la traceología, un método empleado para determinar la función de los artefactos, no le contó al experto sobre los curiosos agujeros del cráneo.

Los resultados del análisis traceológico ciego revelaron que la hoja de sílex presentaba un desgaste y facturas de impacto, en su contorno había sido, además, recalentada varias veces a una temperatura de entre 300 y 350 °C.  “Eso lo sabemos porque si el material se hubiera calentado a más grados se habría craquelado y roto, presentando otro tipo de marcas de tratamiento térmico”, relata el arqueólogo, para quien “el descubrimiento resultó una sorpresa tremenda. Yo había empezado a estudiar otras poblaciones donde también se calentaba este material para intervenciones del estilo. Los guanches de Canarias, por ejemplo, usaban el sílex calentado al fuego como herramientas para cauterizar heridas y realizar trepanaciones”, señala Rojo.

En un principio, el equipo de arqueólogos pensó que el material abrasante tenía como función desinfectar la zona. “Hasta que caímos en que en ese entonces no se tenía ni idea de lo que era una infección. La microbiología es una ciencia de tan solo 150 años. Así que probablemente esa pieza se utilizó como cauterio para evitar el desangre”, razona el antropólogo. A pesar de las evidencias de marcas de corte, es difícil concluir con determinación que esta pieza fuera exactamente la herramienta utilizada para extraer el tejido óseo. “Lo que podemos afirmar es que la operación fue una progresiva perforación circular y abrasiva”, asegura el investigador.

La mujer operada sobrevivió al menos un mes

Una de las conclusiones más sorprendentes del hallazgo apunta a que la mujer que fue sometida a la intervención de oídos sobrevivió a la operación. Para ello, el equipo realizó un análisis histológico de superficie, un procedimiento común para observar el crecimiento del aparato craneofacial en especies fósiles, como en neandertales. 

“Con este método se puede ver cómo fueron los procesos de la remodelación ósea”, expone Rojo. Cuando un hueso se deteriora o es intervenido se produce el fenómeno de absorción, en el que los osteoclastos se encargan de eliminar la parte dañada, un proceso que dura unas dos semanas. “Sobre esa superficie de hueso ya limpio, actuarán entonces los osteoblastos generando hueso nuevo, reemplazando al viejo y dañado, con una duración de una 4 a 5 semanas”, detalla el experto. La reabsorción y la deposición óseas se producen en el mismo sitio y las huellas de los efectos del primer fenómeno reciben el nombre de lagunas de Howship. “Se tratan de pequeñas concavidades que tienen lugar en la superficie de los huesos y de la dentina producidas por la erosión de osteoclastos”, expone Martínez-Arrarás.

Estas oquedades se pueden observar a través de un microscopio electrónico de barrido. “Aunque se forme nuevo hueso, por lo general siempre quedan las marcas una lesión ósea, ya sea en forma de un defecto óseo, si hay resecciones muy amplias, o incluso con un exceso de hueso, como el que se puede generar en los callos de fractura”, añade el especialista del Hospital Universitario de Toledo.

“En la zona de intervención del oído izquierdo de nuestro cráneo, se aprecian muchos campos de absorción, esas pequeñas lagunas, y también zonas de reversión. El hueso patológico fue eliminado”, detalla el antropólogo. En el oído derecho, por el contrario, se observan excrecencias granulosas, montículos de hueso que evidencian el proceso de regeneración. “Estas áreas claramente visibles, así como otras de deposición ósea, proporcionan evidencia de que la reversión de la remodelación estaba en curso. Y por los intervalos de tiempo que implican estos procesos podemos concluir que ¡la mujer sobrevivió con la operación del primer oído al menos un mes!”, anuncia Rojo todavía sorprendido por el hallazgo.

El cirujano otólogo prehistórico que llevó con éxito su operación

A través de los análisis realizados, el equipo arqueológico de la Universidad de Valladolid ha demostrado con su trabajo que hubo dos intervenciones quirúrgicas, una en cada oído, y que, además, la paciente sobrevivió. “Lo que es imposible de saber es cuánto tiempo siguió con vida”, plantea el responsable de la investigación. 

“Si el motivo para realizar una intervención fue la presencia de una complicación como una mastoiditis con un absceso subperióstico, es bastante improbable que sin tratamiento antibiótico tuviera una recuperación favorable. La probabilidad de presentar una infección generalizada o cuadro séptico con el evidente riesgo para la vida en estos casos aumenta mucho”, expone Martínez Arrarás. Para Rojo, “lo que está claro es que la persona que realizó la intervención debía tener conocimientos de lo que estaba haciendo”. Por otro lado, tal como asegura el arqueólogo a Univadis España, “para que aquel cirujano decidiera llevar a cabo la operación la infección tuvo que ser evidente a simple vista”.

La gran incógnita que arroja esta investigación es cómo se pudo llevar a cabo una operación de este tipo sin anestesia. “Tuvo que ser tremendamente doloroso. Aunque suponemos que se utilizó alguna a sustancia anestesiante, como un somnífero”, manifiesta Rojo.

Por el tipo de intervención, los antropólogos deducen que la afectada tuvo que ser fuertemente inmovilizada por otros miembros de la comunidad o previamente haber ingerido alguna sustancia psicotrópica con el fin de aliviar el dolor o perder el conocimiento. “Existen referencias al uso de plantas con propiedades analgésicas y antibióticas naturales en la prehistoria, así como psicofármacos como el opio o la hiosciamina. Pero no lo hemos podido demostrar”, aclara el responsable de documentar la primera mastoidectomía radical conocida en la historia de la humanidad. “El próximo paso es hacer análisis genéticos del cráneo y analizar mandíbulas con desgastes de dientes muy interesantes. Esta investigación, que ha sido la más interesante que hemos llevado a cabo, todavía tiene que darnos muchas más sorpresas…”, augura Rojo.