La iniciativa de Apple y Google para trazar el coronavirus, y por qué no gusta a algunos países europeos.


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Google y Apple unieron hace unas semanas sus esfuerzos en una misma idea: integrar en sus respectivos sistemas operativos para móviles (Android e iOS) una herramienta que permitiera trazar los casos de coronavirus. La idea era que si una utilidad de este tipo se incorporaba de manera nativa en todos los móviles con sus sistemas, se podría extender de manera casi ilimitada el uso de aplicaciones que permitieran trazar los contactos de los afectados por SARS-CoV-2, y de esa manera aplicar medidas de contención más precisas. 

Hay que tener en cuenta que no se trata, de hecho, de una misma app, sino de una utilidad del sistema operativo. A través de ella se facilitaría un uso más adecuado de las aplicaciones que se integraran con él. Una base técnica común para hacer posible que los recursos del teléfono móvil (GPS, bluethooth, etc.) se empleen de una manera estandarizada y óptimamente orientada a un eventual seguimiento de los contactos. 

Técnicamente, este sistema se construye a través de una API, una especie de pasarela común, para que las apps de los desarrolladores puedan aprovechar la misma base técnica del sistema operativo. Una API es un conjunto de definiciones y protocolos que se utilizan para desarrollar e integrar el software de distintas aplicaciones. API significa “Interfaz de Programación de Aplicaciones”.

Hace pocos días Google y Apple lanzaron la primera versión de su API de seguimiento de contactos. Se trata de una versión para desarrolladores, todavía muy preliminar, con la intención principal de recopilar comentarios técnicos de los que la podrían utilizar para crear nuevas aplicaciones en relación con el coronavirus. Principalmente, aquellas que están desarrollando las agencias públicas de salud en todo el mundo.

Una API a disposición de los gobiernos.

La semana pasada, el propio Tim Cook informó al comisario europeo Thierry Breton que la API llegará en breve, y está previsto que el lanzamiento público se produzca a mediados de mayo, momento en el cual los desarrolladores podrán usar las funciones de los sistemas operativos Android e iOS para construir sobre ellas su propias aplicaciones. En principio, Google y Apple han decidido ofrecer este acceso sólo a las autoridades de salud pública de los países, no a las iniciativas privadas que no cuenten con el aval de los respectivos gobiernos.

Uno de los aspectos que más se ha trabajado en este modelo conjunto de los dos gigantes tecnológicos es el relativo a la protección de la privacidad del usuario, basado en la idea de que ésta sea compatible con la mayor facilidad posible para que los desarrolladores pueden crear aplicaciones compatibles. Tal y como está previsto actualmente, serán las autoridades sanitarias quienes establezcan un nivel de riesgo de exposición para las personas en función de sus propios criterios, ya que éste puede variar según las legislaciones respectivas. Por ejemplo, varía en el criterio de los países parámetros como el estándar de distancia tolerable de un individuo a otro que haya estado expuesto a la infección antes de generar una alerta, o  la duración de esa exposición. Los desarrolladores podrían adaptar los posibles mensajes de notificación en función de esos niveles de exposición definidos por la autoridad, y garantizar que las alertas se correspondan correctamente con el riesgo calculado.

A pesar de que el diseño de concepto de esta modificación de los sistemas operativos móviles para mejorar la trazabilidad del coronavirus se ha hecho con estos fundamentos tan básicos, algunos países están mostrando algunas objeciones. Es el caso del NHS británico, que ha dicho que la aplicación de rastreo de contactos que ellos están trabajando está configurada para usar un modelo diferente al propuesto por Apple y Google.

Una misma idea, distintos modelos.

El NHS dice que tiene una manera de hacer que su propia aplicación funcione "suficientemente bien" en iPhones sin que los usuarios tengan que mantenerla permanentemente abierta y en la pantalla. Precisamente es este asunto el que plantea los principales problemas en las  aplicaciones similares que se están desarrollado en otros países. Para la detección de eventuales contactos de una manera adecuada, se necesita que la app pueda trabajar en segundo plano, sin interferir en otras y sin afectar excesivamente la duración de la batería, y esto parece no estar bien resuelto en la primera aproximación de Google y Apple.

Al otro lado del Atlántico, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) norteamericanos acaban de publicar un documento que describe lo que consideran características críticas de las aplicaciones de rastreo de contactos. Las recomendaciones parecen estar el línea de lo que estaban trabajando Apple y Google. La guía de los CDC es importante porque constituye una referencia para organizaciones sanitarias de todo el mundo. 

En su documento, los CDC citan el “protocolo PACT” como un ejemplo del método recomendado para basar en él el “seguimiento de proximidad habilitado para bluetooth”, especialmente útil para mantener la privacidad. Este protocolo de código abierto desarrollado por el MIT es precisamente el que han usado Apple y Google.

En su forma más básica, las aplicaciones de rastreo de contactos, como las implementadas actualmente en Singapur y Australia, usan señales de los teléfonos móviles para rastrear con quién ha estado en contacto una persona infectada, y para que esas terceras personas puedan ser avisadas, aisladas o someterse a tests.

En términos generales, se han utilizado dos enfoques distintos para las aplicaciones de rastreo de contactos. Uno es el llamado “descentralizado”, que es anónimo y no requiere un número de teléfono o una dirección de correo electrónico para asociarse a la app. El otro enfoque, a menudo llamado “sistema centralizado”, proporciona datos de la posible infección a las autoridades de salud pública para que puedan comunicarse o advertir directamente a las personas que pueden haber sido contagiadas. 

Apple y Google se encuentran entre los que apoyan el enfoque descentralizado, convencidos de que es una forma más respetuosa con la privacidad para hacer un seguimiento de los contactos, y que al mismo tiempo se pueda promover una adopción más rápida y generalizada de estos sistemas, dado que los usuarios perciben mejor la protección de su anonimato.

El debate se está desatando en todo el mundo a medida que los gobiernos toman decisiones sobre su estrategia de rastreo de contactos basada en dispositivos digitales. En Europa, Alemania e Italia están respaldando un sistema descentralizado estilo Apple, pero el Reino Unido, Francia y Noruega quieren integrar su aplicación de rastreo de contactos digitales con las bases de datos de las que ya disponen las autoridades sanitarias.