La era post Covid-19 parece que será la era de la telemedicina, pero ¿cómo?


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Parece existir consenso en que una de las consecuencias de la pandemia de Covid-19 será que los responsables de los sistemas sanitarios de todo el mundo recapaciten sobre el papel que ha de tener la tecnología digital en la atención médica. Y no tanto por la aparición de herramientas nuevas, sino por la necesidad que se ha evidenciado de emplear alternativas tecnológicas que ya existían a la atención sanitaria tradicional.

Precisamente en esta sección hemos hablado de cómo se ha tenido que gestar una respuesta rápida al fenómeno de la congestión sanitaria producida por la atención al coronavirus, y que muchos países han intentado derivar la asistencia hacia canales telemáticos. Las empresas que ofrecen sistemas de consulta médica mediante videoconferencia están registrando la mayor demanda de su breve historia, y gobiernos como los de EE.UU. o Australia han aprobado medidas urgente para el reembolso al paciente de estas consultas. Otros, como el británico, han empleado con mayor intensidad canales de los que ya disponían, como el chatbot sobre coronavirus que puso en marcha el NHS. 

En nuestro entorno, numeros equipos clínicos de atención primaria han tenido que emplear sistemas de control y seguimiento de los pacientes para garantizar que mantengan la asistencia necesaria, especialmente en el caso de las enfermedades crónicas. Desde una humilde línea telefónica, hasta un sistema más avanzado de videoconsulta, los casos de uso de sistemas de atención remota han aumentado al mismo tiempo que progresaba la pandemia, y parece claro que muchas de las nuevas prácticas van a persistir. En parte se pretendía mantener una línea de atención adaptada a la disponibilidad de estos nuevos canales, y en parte evitar que muchos pacientes tuvieran que acudir a sus lugares de consulta presencial habituales en el curso del confinamiento.    

“La atención primaria con ayuda del teléfono está consiguiendo que miles y miles de pacientes infectados estén siendo tratados y seguidos en sus domicilios sin necesidad de acudir al hospital, evitando su colapso”, comentaba Hermenegildo Marcos, representante nacional de médicos de atención primaria rural del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos (CGCOM) en un reportaje de la agencia SINC. 

Este nuevo panorama para la telemedicina, en sus distintos niveles, se representa también en el hecho de que las compañías tecnológicas son cada vez más relevantes como proveedores de las organizaciones sanitarias, y que los grandes gigantes mundiales (Google, Amazon, Apple o Microsoft) tienen cada día mayor interés en buscar utilidad (y negocio) sanitarios a su ingente capacidad innovadora.

Lo que sería iluso es pensar que la telemedicina (palabra que es la acepción más común para referirnos a la asistencia sanitaria en remoto) sólo consiste en montar un sistema de teleconsulta. Algo tan sencillo ahora mismo como hacer una videollamada y que médico y paciente se encuentren a través de una pantalla y una red de comunicación. Las oportunidades (y los requerimientos) para la telemedicina van mucho más allá. La puesta en marcha de estos servicios no consiste sólo en elegir una herramienta para la conectividad y ponerla a funcionar. Alrededor de ello hay mucha más oportunidades, como las relacionadas con las aplicaciones móviles, los sistemas de ayuda al diagnóstico basados en inteligencia artificial, o la llamada terapéutica digital. 

En Europa, es verdad que la primera ola de la salud digital se ha centrado principalmente en resolver asuntos como las comunicaciones, el acceso a los servicios tradicionales y la organización del flujo de información. Sin embargo, la nueva ola tecnológica se orienta a buscar la manera de aprovechar la digitalización para mejorar también los resultados clínicos, y esto tiene mucho que ver con muchos otros avances que se están produciendo. De hecho, algunos gobiernos (y la propia Comisión Europea) ya estaban trabajando en cómo definir las nuevas reglas para facilitar el mayor aprovechamiento posible de la salud digital, y promover el sector mediante una mayor orientación hacia el manejo integral de las enfermedades.

Esta nueva frontera se estaba viendo, por ejemplo, en Alemania tras la aprobación de una ley que permitía a los médicos recetar aplicaciones de salud reembolsadas por el sistema. A partir de ese momento, se empezó a producir un movimiento amplio de creación de herramientas cada vez más avanzadas, muchas de las cuales provenían de pequeñas startups que vieron una gran oportunidad en el campo de la salud y una eventual recompensa a su trabajo creativo.

 

Otro proyecto relevante es el que había iniciado la UE para integrar las bases de datos de los estados miembros y hacer posible el acceso a una prestación farmacéutica más o menos unificada, o a servicios asistenciales compartidos por los distintos países. 

En el campo de las terapias digitales, se abrían paso soluciones orientadas sobre todo al área de la modificación de los hábitos, sistemas de apoyo a la toma de decisiones personales para llevar una vida más saludable. Algunas de las ideas que se han presentado en este campo se acompañan del uso de aplicaciones o dispositivos cuantificadores, como pulseras y relojes inteligentes, que permiten un mayor control de las variables fisiológicas de las personas y la creación de modelos de mejora basados en la información y los incentivos. 

Y para finalizar, una de las grandes áreas de la revolución digital para la sanidad, seguramente la más relevante, es la de la aplicación de la Inteligencia Artificial, que casi cada semana presenta alguna novedad en la invención de algoritmos avanzados de análisis de datos médicos, y que está aportando oportunidades no sólo para perfeccionar la interpretación de la información clínica y los diagnósticos, sino también para rediseñar circuitos asistenciales y eliminar contactos innecesarios de los pacientes con el sistema. 

Como se puede comprobar, en el umbral de esta nueva era de la telemedicina no sólo podemos hablar de cómo establecer una teleconsulta, sino de un universo de aplicaciones de la tecnología digital a la asistencia sanitaria, que por su propia esencia acabarán haciéndose convergentes. Es la oportunidad para una transformación de los canales de acceso, pero también para aumentar la generación de valor asistencial e integrar alrededor de la tecnología muchas nuevas funciones, algunas completamente nuevas y algunas sustitutivas de las anteriores.  

Para que todo esto sea posible, habrá que hacer de la necesidad virtud. La crisis del Covid-19 va a verse continuada por una crisis económica en todos los países occidentales, de incierto desarrollo, y la inversión en tecnología se va a ver afectada. Pero también hay un amplio convencimiento en que si se produjera una incorporación cabal de la tecnología digital en la sanidad se ganaría en eficacia, eficiencia y reducción a medio plazo de costes innecesarios.