La eliminación del gen BMAL1 protege a los ratones contra la neumonía (PNAS)


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La mayoría de los seres vivos tienen un reloj corporal interno que regula cuándo duermen y cuándo se despiertan. Un complejo conjunto de genes que se encienden y se apagan hacen que este reloj corporal funcione durante aproximadamente 24 horas, y un gen conocido como BMAL1 es uno de los reguladores clave de este reloj. Según un estudio de la Universidad de Oxford (Reino Unido), publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, eliminar este gen protege a los ratones contra la neumonía.

El reloj corporal interno está desalineado con el medio ambiente y por eso se sufre el jet lag, pero más recientemente, otros científicos también han probado que el reloj corporal afecta a la inmunidad. "Anteriormente habíamos observado que los ratones tenían más problemas para combatir las bacterias neumocócicas que causan neumonía cuando se infectan durante el día, en comparación con la infección en la noche. Pero no teníamos ni idea de cómo estaba sucediendo esto", explica el líder del estudio, David Ray.

Para averiguar cómo el reloj del cuerpo podría estar influyendo en las células que luchan contra la infección, los científicos modificaron genéticamente a los ratones para que carecieran del gen BMAL1. "Nos sorprendió descubrir que estos ratones, que no tenían reloj en un conjunto de células inmunitarias, eran más resistentes a la neumonía bacteriana", detalla Ray.

Para averiguar qué estaba haciendo a estos ratones resistentes a la neumonía, el equipo se centró en células inmunitarias claves, los macrófagos.

Descubrieron que la eliminación del gen BMAL1 en los macrófagos los sobrecargó, haciéndolos más móviles y más capaces de engullir y destruir las bacterias, tanto en una placa de Petri como en los ratones. La supresión del gen desencadenó un cambio que hizo que el esqueleto de los macrófagos (compuesto por una proteína llamada actina) fuera menos rígido, lo que facilitó el movimiento de las células y la absorción de las bacterias.

Cuando los investigadores bloquearon el cambio del esqueleto de actina, los macrófagos ya no estaban sobrecargados, incluso sin el gen BMAL1. Esto demuestra que es el fortalecimiento del esqueleto de actina de las células lo que las hacía más eficaces. Es más, solo BMAL1 controlaba el cambio del esqueleto de la célula de actina en los macrófagos. Los investigadores descubrieron que la eliminación de otros genes del reloj corporal no tenía el mismo efecto.