La dieta mediterránea puede contrarrestar los efectos negativos de la contaminación atmosférica


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"Estudios previos han demostrado que los cambios en la dieta, particularmente la adición de antioxidantes, pueden contrarrestar los efectos adversos de la exposición a altos niveles de contaminación atmosférica en periodos cortos de tiempo -afirma Chris C. Lim, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York (NYU), Estados Unidos-. Lo que no sabíamos es si la dieta puede influir en la asociación entre la exposición a la contaminación atmosférica a largo plazo y los efectos en la salud".

Rica en antioxidantes, la dieta mediterránea se basa en el consumo de frutas, verduras, cereales integrales, legumbres, aceite de oliva, pescado y aves de corral sobre la carne roja y los alimentos procesados.

Los científicos analizaron datos del Estudio de Dieta y Salud de la Asociación Estadounidense de Jubilados (AARP) de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH). Durante 17 años se siguió a 548.699 personas (con un promedio de edad de 62 años en el momento de iniciarse el estudio). Durante ese tiempo, fallecieron 126.835.

Para el estudio, presentado en la reunión anual de la American Thoracic Society, celebrada en San Diego, los científicos crearon cinco grupos de participantes en función de su nivel de adherencia a la dieta mediterránea y relacionaron a los participantes con las estimaciones de exposición a largo plazo a partículas finas (PM2.5), óxido nitroso (NO2) y ozono (O3) según la información del censo.

Al comparar a los que menos y más se adhirieron a una dieta mediterránea, se encontró que las muertes por todas las causas aumentaron en un 5% por cada 10 partes por mil millones (ppb) de aumento en la exposición promedio al NO2 a largo plazo en los menos adherentes, en comparación con el 2% entre los que más se adhirieron.

Las muertes por enfermedades cardiovasculares crecieron un 17% por cada 10 microgramos por metro cúbico (microgramo/m3) de aumento en la exposición promedio a largo plazo de PM2.5 en los que menos siguieron la dieta mediterránea, en comparación con el 5% entre los que más se adhirieron a esta alimentación. Las muertes por enfermedades cardiovasculares aumentaron un 10% por cada aumento de 10 ppb en NO2 de exposición en los que menos se adhirieron frente al 2% entre los que más siguieron esta dieta.

Las muertes por infarto de miocardio crecieron un 20% por cada aumento de 10 microgramos/m3 en la exposición a PM2.5 en los menos adherentes versus al 5% entre los más adherentes. Las muertes por infarto aumentaron en un 12% por cada aumento de ppb en la exposición al NO2 en los menos adherentes, en comparación con el 4% entre los más adherentes.

Sin embargo, la adherencia a la dieta mediterránea no pareció proteger de los efectos nocivos de la exposición prolongada al O3. La dieta no redujo las muertes por todas las causas, ataque cardiaco u otras enfermedades cardiovasculares asociadas con la exposición al O3.

"Teniendo en cuenta los beneficios que encontramos de una dieta alta en antioxidantes, nuestros resultados son consistentes con la hipótesis de que la contaminación del aire de partículas causada por la combustión de combustibles fósiles afecta negativamente a la salud al inducir el estrés oxidativo y la inflamación", señala el autor principal del estudio, George Thurston.

"Por otro lado, el efecto del ozono no se atenuó significativamente con una dieta mediterránea –añade-, por lo que el ozono aparentemente afecta a la salud cardiaca a través de un mecanismo diferente".