La controversia sobre comprar medicamentos de prescripción por Internet.


  • Médicos e Internet
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La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) ha emitido recientemente una nota en la que recuerda que no está permitida la venta de medicamentos de prescripción por Internet, y señalando textualmente que “la venta a través de Internet de medicamentos u otros procedimientos de venta a distancia preocupan a las autoridades sanitarias de todo el mundo dado que un mal uso de los mismos puede suponer el acceso de los ciudadanos a medicamentos sin garantías de calidad, seguridad y eficacia o acompañados de una información incorrecta”.

Esa misma comunicación oficial constata un hecho. “Recientemente han surgido diversos sitios web y aplicaciones móviles asociadas de venta de medicamentos, tanto sujetos como no sujetos a prescripción médica, que incumplirían con lo establecido en la legislación vigente”, indica. En efecto, hace referencia a una combinación que se ha hecho más frecuente en los últimos meses, como es la aparición de algunas webs que ofrecen fármacos a la venta que pueden llevarse a domicilio mediante plataformas de entrega como Glovo.

También de un tiempo a esta parte, el Consejo General de Colegios Farmacéuticos realiza una labor de seguimiento de este fenómeno, y ha cursado varias denuncias ante lo que considera no sólo una infracción normativa, sino especialmente un menoscabo de las funciones profesionales que tienen atribuidas. 

Sin embargo, estamos ante una nueva realidad tecnológica y de expectativas de los ciudadanos también en esta materia, ante la que surgen modelos alternativos a los tradicionales, y es por eso por lo que algunos países han comenzado a considerar la posibilidad de modificar las regulaciones para permitir sistemas más cercanos a las expectativas de los ciudadanos. 

 

 

 

 

Lo que hoy permite la legislación.

En España, el acto por el que el farmacéutico proporciona un medicamento prescrito tiene la consideración de dispensa, esto es, sólo puede hacerse mediante la actuación presencial de un profesional. Esto está así establecido dadas las características especiales de los medicamentos, y la defensa de las garantías a las que es acreedor el paciente que necesita ese producto. Es también por esto por lo que ley exige que cada farmacia tenga un titular, responsable de esa dispensación.

No obstante, sería incorrecto decir que en España no es posible acceder legalmente a medicamentos a través de Internet. Sí está permitida la venta de medicamentos no sujetos a prescripción médica, que en todo caso siguen siendo medicamentos, y a través de farmacias abiertas al público que estén legalmente autorizadas y que figuren en el listado publicado oficialmente en la página https://distafarma.aemps.es . La venta debe ser directa desde la farmacia, con intervención de un farmacéutico responsable de la dispensación y sin intermediarios, y los pedidos se han de realizar directamente a la oficina de farmacia, a través del sitio web habilitado al efecto por ésta. El transporte de los medicamentos desde la farmacia dispensadora hasta el domicilio indicado por el usuario será responsabilidad de esa farmacia.

En realidad, este canal para medicamentos sin receta ha tenido muy poco éxito en nuestro país. Seguramente, porque no ofrece márgenes comerciales suficientes, o por la amplia red de distribución que suponen las farmacias en la mayoría de ciudades y pueblos. 

 

 

 

La experiencia en otros países.

Lo que ahora se plantea es otra cosa, porque afecta al medicamento llamado ético, el que implica decisiones de profesionales. El mercado de la distribución y dispensación farmacéutica está también afectado por la digitalización, una de cuyas reglas es la desintermediación, esto es, el acercamiento entre quienes demandan algo y quienes lo pueden ofrecer. Esto, que ha ocurrido en muchos sectores (banca, entretenimiento, transporte), también llega a la sanidad, y no es extraño que tenga un punto de relevancia en el mercado del medicamento, por las cantidades globales que supone pero también por la existencia de una cadena de partícipes muy diversos.

Seguramente uno de los hechos que más preocupa al sector de la distribución y dispensación farmacéutica es que un gigante como Amazon ya haya entrado en este campo. En efecto, adquirió hace un año la empresa PillPack, que en Estados Unidos está autorizada para llevar los medicamentos a domicilio una vez hayan sido prescritos por un médico y autorizados por la aseguradora sanitaria. Es verdad que este movimiento de alguna manera venía a asimilar la venta de un fármaco con la venta de otros productos, y de hecho, cualquier usuario de la web de Amazon de Estados Unidos es probable que encuentre un anuncio insertado en el que se le ofrece poder adquirir sus prescripciones mediante este canal. Pero sería injusto no reconocer también que PillPack trabaja mucho por no sólo por asegurar las entregas, sino por facilitar el cumplimiento terapeútico y garantizar que no hay errores en la posología o las contraindicaciones.   

Sería negar algo muy evidente no reconocer que una parte importante de los ciudadanos se han acostumbrado a los canales de acceso digital cuando necesitan algo. Solicitarlo a través de una web o una app y recibirlo en casa. Hay quien cree que este modelo de acceso no es incompatible con la exigencia profesional en relación con el medicamento, consistente en que es un médico el que lo prescribe y un farmacéutico el que lo dispensa. De hecho, en otros ámbitos sanitarios se avanza en tecnologías como la teleconsulta o el uso de canales digitales, lo que es posible hacer sin detrimento de la responsabilidad profesional.  

A día de hoy, tanto el médico como el farmacéutico están unidos a través de un sistema de receta electrónica, que podría ofrecer nuevas posibilidad asistenciales si se abriera al propio paciente. Sería posible imaginar un sistema en el que el médico recete un medicamento, que el paciente registra automáticamente en su móvil, y sobre el que solicita una dispensación a su farmacéutico de confianza, que se la podría mandar a domicilio de manera garantizada. Además, este tipo de canales abriría la posibilidad a realizar atención farmacéutica en digital, algo que acabará llegando, sin duda, a todas las profesiones y también a la farmacia. Sistemas de este tipo se están diseñando y probando en países como Canadá, Alemania o Reino Unido.

De momento, las autoridades españolas recuerdan cómo ha de respetarse la normativa en esta cuestión. Pero quién sabe si en un futuro no muy lejano, y por iniciativa de los propios profesionales, no surgen nuevas posibilidades de disponer de los tratamientos prescritos mediante modalidades de acceso nuevas. Todos los sectores cambian movidos por la tecnología, y lo interesante es saber si también en este campo de tanta relevancia sanitaria es posible generar mejoras asistenciales a través de la transformación digital.