La conmoción cerebral se vincula con riesgo de demencia, enfermedad de Parkinson y trastorno por déficit de atención/hiperactividad

  • Erik Greb

  • Noticias Médicas de Medscape
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La conmoción cerebral conlleva aumento del riesgo de aparición subsiguiente de trastorno por déficit de atención/hiperactividad (TDAH), así como de demencia y enfermedad de Parkinson, señala nueva investigación.[1]

Los resultados de un estudio retrospectivo de cohortes basado en la población demostraron que después del ajuste con respecto a la posición socioeconómica y la salud general, esta asociación no resultó afectada significativamente.

El vínculo entre conmoción cerebral y riesgo de trastorno por déficit de atención/hiperactividad y trastorno afectivo y de ansiedad fueron más fuertes en participantes femeninos que masculinos. Además, tener antecedente de múltiples conmociones favoreció la asociación entre conmoción y trastorno afectivo y ansiedad subsiguiente, demencia y enfermedad de Parkinson, en comparación con sufrir solo una conmoción.

Los hallazgos son similares a los de estudios previos, señaló el autor principal, Marc P. Morissette, Ph. D., asistente de investigación en la Pan Am Clinic Foundation en Winnipeg, Canadá.

"Las principales diferencias metodológicas que distinguen nuestro estudio de otros previos en este campo consisten en un enfoque en las lesiones específicas de conmoción cerebral identificadas en historias clínicas, y el potencial de que los participantes en el estudio tengan hasta 25 años de datos de seguimiento", comentó Morissette a Medscape Noticias Médicas.

Los hallazgos fueron publicados el 27 de julio en la versión electrónica de Family Medicine and Community Health, una revista de BMJ.

Casi 190.000 participantes

Varios estudios han demostrado asociaciones entre lesión craneoencefálica y aumento del riesgo de trastorno por déficit de atención/hiperactividad, depresión, ansiedad, enfermedad de Alzheimer y enfermedad de Parkinson. Sin embargo, muchos de estos estudios se basaron en antecedentes personales patológicos referidos por los propios pacientes, incluidas todas las formas de lesión traumática del cerebro, y no se hizo el ajuste con respecto a trastornos de la salud preexistentes.

Una mejor comprensión de la conmoción cerebral y los riesgos asociados que conlleva podría ayudar a los médicos a atender las necesidades de sus pacientes a largo plazo, señalaron los investigadores.

En el presente estudio los autores analizaron datos de salud administrativos anonimizados obtenidos entre 1990-1991 y 2014-2015 en el Repositorio de Datos de Investigación de la Población de Manitoba en el Centro de Política Sanitaria de Manitoba.

A los pacientes elegibles se les diagnosticó conmoción cerebral de acuerdo con los criterios estándar. Se excluyó a los participantes si se les había diagnosticado demencia o enfermedad de Parkinson antes de la conmoción incidental durante el periodo de estudio. Los investigadores equipararon tres participantes de control con cada paciente incluido, teniendo en cuenta edad, género y lugar.

El criterio de valoración del estudio fue el tiempo transcurrido desde la fecha índice (fecha de primera conmoción cerebral) hasta el diagnóstico de trastorno por déficit de atención/hiperactividad, trastorno afectivo o de ansiedad, demencia o enfermedad de Parkinson. Los investigadores efectuaron el ajuste con respecto a posición socioeconómica utilizando la versión 2 del Índice de Factor Socioeconómico (SEFI2) y para trastornos médicos preexistentes utilizando el Índice de Comorbilidad de Charlson (CCI).

En el estudio se incluyeron 28.021 hombres (media de edad: 25 años) y 19.462 mujeres (media de edad: 30 años) en el grupo con conmoción cerebral, y 81.871 hombres (media de edad: 25 años) y 57.159 mujeres (media de edad: 30 años) en el grupo de control. La puntuación media en SEFI2 fue de -0,05 y la puntuación media en CCI fue de 0,2, aproximadamente.

¿Efecto de dosis?

Los resultados demostraron que la conmoción se asoció con incremento del riesgo de trastorno por déficit de atención/hiperactividad (hazard ratio [HR]: 1,39), trastorno afectivo y por ansiedad (HR: 1,72), demencia (HR: 1,72) y enfermedad de Parkinson (HR: 1,57).

Después de sufrir una conmoción cerebral, el riesgo de aparición de trastorno por déficit de atención/hiperactividad fue 28% más alto, y el riesgo de presentar trastorno afectivo y de ansiedad fue 7% más alto en las mujeres que en los hombres. El género no se relacionó con riesgo de demencia o enfermedad de Parkinson después de la conmoción.

Sufrir una segunda conmoción aumentó la fuerza de la asociación con el riesgo para demencia, en comparación con una sola conmoción (HR: 1,62).

Asimismo, sufrir más de tres conmociones aumentó la fuerza de la asociación con el riesgo para trastornos de ansiedad y afectivos (HR para más de tres frente a una conmoción: 1,22) y enfermedad de Parkinson (HR: 3,27).

Un análisis de sensibilidad reveló asociaciones similares entre conmoción cerebral y riesgo de trastornos afectivo y de ansiedad entre todos los grupos de edad. No obstante, los participantes más jóvenes tuvieron más riesgo de trastorno por déficit de atención/hiperactividad, y los de edad más avanzada tuvieron más riesgo de demencia y enfermedad de Parkinson.

La mayor percepción de la conmoción y los desenlaces de interés, aunada a las mejores herramientas diagnósticas, puede haber influido en los hallazgos del estudio, señaló Morissette.

"Las diferencias basadas en género pueden deberse a diferencias fisiopatológicas en respuesta a lesiones por conmoción cerebral, o ser potencialmente una diferencia en la disposición a buscar atención médica o informar de los síntomas, relacionados con la conmoción o de otro tipo, a un profesional médico", destacó.

"Esperamos que nuestros hallazgos induzcan a los médicos a tener en cuenta diversos trastornos que pueden presentarse en individuos que previamente han tenido una conmoción. Si los médicos tienen en cuenta las diversas secuelas identificadas después de una conmoción cerebral, esto puede dar lugar a un examen clínico más minucioso en la presentación inicial, así como a una atención más especializada durante toda la vida del paciente", añadió Morissette.

Asociación frente a causalidad

En su comentario para Medscape Noticias Médicas, el Dr. Steven Erickson, especialista en medicina del deporte en Banner-University Medicine Neuroscience Institute en Phoenix, Estados Unidos, señaló que aunque el estudio demostró asociación entre conmoción cerebral y diagnóstico subsiguiente de trastorno por déficit de atención/hiperactividad, ansiedad y enfermedad de Parkinson, "esta asociación no debe malinterpretarse como causalidad".

Añadió que las conclusiones del estudio "probablemente se deban a la teoría del etiquetamiento" o a una profecía autorrealizada.

"Los pacientes a los que se diagnostica trastorno por déficit de atención/hiperactividad, ansiedad o enfermedad de Parkinson, pueden recordar la conmoción y asociar los dos diagnósticos; pero aquellos quienes previamente no se les ha diagnosticado una conmoción no pueden sacar esta conclusión", agregó el Dr. Erickson, quien no intervino en la investigación.

Haciendo referencia a la evidente diferencia de género en la fuerza de la asociación entre conmoción cerebral y la variable de interés, el Dr. Erickson señaló que las mujeres tienen más probabilidades de referir síntomas en general "y, por tanto, más probabilidades de que se les diagnostique trastorno por déficit de atención/hiperactividad y trastornos de ansiedad", debido a las diferencias en la notificación, más que a la presentación de la enfermedad.

"Se necesita realizar más investigación para determinar de manera definitiva una relación causal entre conmoción cerebral y cualquier diagnóstico psiquiátrico o neurológico", concluyó el Dr. Erickson.

El estudio fue financiado por la Pan Am Clinic Foundation. Morissette y el Dr. Erickson han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.