La carta de un médico a Apple: “Hacéis poco por los problemas reales de salud”.


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Prácticamente no hay una sola semana en la que no se conozca alguna novedad en el campo del digital health, y desde hace un tiempo muchas de las cosas sorprendentes que se presentan provienen de alguna de las grandes empresas tecnológicas del mundo, como Microsoft, Apple, Amazon, Google y Facebook. Estos llamados “grandes disruptores” han visto en el campo de la salud un área en la que desarrollar buena parte de su actividad, especialmente durante los últimos años. Se han dado cuenta de que hay necesidades no cubiertas que pueden abordarse desde sus potencialidades tecnológicas, pero además existen incentivos basados en el desarrollo de nuevos negocios que pueden involucrar a una gran parte de la población.

Uno de los ejemplos más notables es el Apple Watch, un dispositivo que se ha orientado de manera clara a cubrir funciones relacionadas con el bienestar y la salud. Inicialmente era capaz de contar los pasos y medir el ritmo cardiaco. Luego mejoró sus aplicaciones para monitorizar todo tipo de deportes. Más tarde incorporó funciones como la toma de electrocardiograma y la detección de caídas. Hoy ha mejorado su capacidad para monitorizar el sueño, y se prevé que en un futuro incorpore un pulsioxímetro y, quién sabe, un sistema para monitorizar la glucemia. Todo en un aparato que cuesta de media unos 350 euros, y que es el reloj más vendido del mundo.

Pero la pregunta que cabe hacerse desde una perspectiva más pegada a la realidad clínica es si todas estas novedades conducen de manera solvente a mejorar el estado de salud de las personas, o si por el contrario son reclamos y entretenimientos tecnológicos que apenas tendrán capacidad para producir beneficios en quienes los empleen.

Una de las aproximaciones para poder responder a este cuestionamiento consistiría en sistematizar el análisis mediante estudios clínicos de estas aparentes utilidades para la salud, incluyendo bases poblacionales y tiempos de recogida de datos suficientes como para valorar la persistencia de los eventuales beneficios. Pero hacer este trabajo de validación de manera sistemática no parece compatible con la rápida evolución del mercado y los torbellinos de la tecnología, y por eso se presentan como potencialmente beneficiosas muchas aplicaciones, dispositivos y sensores que no han demostrado estrictamente que lo sean.

Pero además de la necesidad de validación empírica de los anunciados beneficios, también hay voces que reclaman una mayor atención a los auténticos problemas sanitarios del mundo occidental. Y, por tanto la reorientación de la mirada de las grandes tecnológicas hacia una realidad más tangible y probablemente menos idílica.

 

 

 

Reorientar las miradas de la tecnología hacia la salud.

Precisamente hace unos días publicaba en Linkedin un artículo el doctor Benjamin Schwartz, un cirujano ortopédico en ejercicio, en el que ponía de manifiesto lo que él consideraba deficiencias de aproximación en la contribución de las grandes tecnológicas a los problemas reales de salud, y hacía mención directa a Apple. Además, les marcaba un camino deseable. La carta ha tenido mucha repercusión, y está redactada con una gran dosis de sentido común. ¿Cuáles son esas prioridades que podrían ser afrontadas desde la innovación tecnológica y permanecen relegadas?    

Empieza el doctor Schwartz describiendo las grandes líneas de trabajo de las mayores tecnológicas del mundo en el campo de la salud. Se confiesa fascinado “por el auge de la salud digital y el potencial de la tecnología para abordar la miríada de problemas que enfrenta la medicina contemporánea”. Y cita al propio CEO de Apple, Tim Cook, cuando dijo que la salud será la "mayor contribución de su empresa a la humanidad". 

Repasa en el artículo los enfoques diferentes que las empresas de tecnología están adoptando para llevar la innovación y la transformación digital a la atención médica. Google se centra en la inteligencia artificial y la emplea para mejorar la detección del cáncer o predecir el daño renal agudo. Microsoft aprovecha sus servicios en la nube y la capacidad de análisis de datos para situarse como un agente de la innovación médica. Amazon se ha asociado a los gigantes financieros JP Morgan y Berkshire Hathaway en un proyecto sanitario, y ha comprado PillPack, una farmacia on-line, e incluso propone a su dispositivo Alexa como una herramienta para acceder a la información médica.

En referencia más concreta a Apple, a quien dirige la carta, reconoce que HealthKit es ya una plataforma lista para que los desarrolladores de aplicaciones médicas se dirijan a los cerca de 1.300 millones de dispositivos con el sistema operativo iOS, y que el Apple Watch se ha convertido, como antes se explicó, en un dispositivo orientado a la salud y el estado físico.

Pero el problema, a juicio de Schwartz, es que estos esfuerzos no bastan para mejorar la salud si no se acompañan de visiones sanitarias complementarias. “Centrarse en el bienestar y la prevención hace poco para abordar los grandes problemas relacionados con las patologías crónicas, la falta de acceso a la atención sanitaria, la exigencia de resultados que se traslada al médico, el coste de la atención médica y otros problemas apremiantes”.

Y para que las cosas puedan cambiar de veras, propone un cambio de actitud, con seis consejos fundamentales al gigante tecnológico. 

 

 

 

Primero: sea valiente. No se limite a los dispositivos y asóciese con un proveedor de asistencia sanitaria para apoyar nuevos enfoques en la prestación de la atención médica. Participe en centros de excelencia, microhospitales o centros médicos para proporcionar atención más innovadora.

Segundo, transparencia. Es difícil ser tomado en serio en el ámbito de la atención médica sin ser transparente en relación con las intenciones que hay detrás. En medicina, el secreto y la ofuscación no han sido nunca actitudes legítimas.

Tercero, que los médicos empleados por Apple actúen como médicos. Tratar a estos profesionales como engranajes en la maquinaria de una gran compañía tecnológica anula lo mejor de lo que pueden aportar.

Cuarto, privacidad, privacidad, y privacidad. Este es el asunto que podría tener el mayor impacto en la adopción de soluciones tecnológicas para el cuidado de la salud, y el fracaso en el manejo adecuado de la privacidad podría hacer fracasar la tecnología más revolucionaria. 

Quinto, volver al espíritu de los inicios. Hay que volver a sentir el hambre, la valentía y la inocencia de los proyectos incipientes, ese espíritu que se pierde cuando uno se convierte en un gigante o en la empresa más valiosa del mundo.

Y sexto, no tener miedo de fracasar. La medicina es difícil. Tener un impacto significativo en la atención sanitaria siempre supone riesgos. Permanecer dentro de la zona de confort y evitar el potencial de fracaso limitará el impacto real de la innovación.

El artículo concluye reconociendo que hay muchos desafíos para la atención sanitaria que necesitan desesperadamente un enfoque nuevo y la aportación de visiones innovadoras. Para afrontarlos, hay que escuchar más a los médicos, comprometerse con objetivos de mayor alcance, y evitar actitudes acomodaticias.