La aplicación NHS COVID-19 ha podido evitar 600.000 casos, según un estudio.


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La aplicación del National Heath Service británico para el rastreo de los contactos de  COVID-19 no tuvo un alumbramiento sencillo. En realidad, fue una de las más controvertidas en cuanto al modelo técnico inicialmente elegido, y sufrió varios cambios de arquitectura y operatoria funcional, hasta que finalmente se optó por una solución similar a la que funciona en otros países. 

En efecto, si al principio se diseñó con un modelo tecnológico propio, mediante una base de datos más centralizada, posteriormente se adaptó con cierta prisa al esquema propuesto por Apple y Google, totalmente descentralizado. Esto ocurrió a partir de que se liberaran las modificaciones de los sistemas operativos iOS y Android, adaptados de urgencia para permitir que este tipo de aplicaciones funcionaran con mayor integración en los dispositivos móviles (accediendo a sus recursos de bluetooth y geolocalización) y salvaguardando la privacidad de los usuarios.    

Las aplicaciones de rastreo -como la española Radar COVID- se han considerado instrumentos muy relevantes para reducir las tasas de infección del nuevo coronavirus, por la potencialidad que ofrecen de trabajar insertadas en unos dispositivos, los teléfonos móviles, que son ubicuos y empleados por una gran mayoría de la población. 

La aplicación NHS COVID-19 sí dispone de una peculiaridad propia sobre las de otros países, y es que además de utilizar la última API de Google y Apple, añade un sistema propio basado en un algoritmo de inferencia bayesiana secuencial que mejora su funcionalidad y perfecciona el sistema de detección de contactos y las notificaciones. 

Cuando finalmente el NHS adoptó la misma base operacional que otros países y construyó la app, se puso en marcha una importante campaña publicitaria para invitar a los ciudadanos a descargarla y usarla. Así, se abría la posibilidad de que los británicos comenzaran a recibir alertas cuando se entrara en contacto con alguien que había dado positivo por el nuevo coronavirus, dentro de los parámetros de exposición (tiempo y distancia) establecidos previamente. 

La evaluación de uso y efectividad.

Recientemente, el Instituto Alan Turing y la Universidad de Oxford han publicado una investigación que trata de dilucidar cómo se usa la aplicación COVID-19 en Reino Unido, y hasta qué punto ha ayudado a romper la cadena de infección en ese país. Los resultados son bastante más positivos de lo que muchos esperaban. 

Por ejemplo, el análisis sugiere que la aplicación ha prevenido aproximadamente 600.000 casos desde el pasado mes de septiembre. Esta magnitud se puede comparar con los 3,96 millones de casos positivos por SAR-CoV-2 que se han detectado en Reino Unido desde que se declaró la pandemia y comenzaron a realizarse pruebas, en marzo del año pasado. 

Como es conocido, cualquier caso prevenido potencialmente evita una posterior cadena de contagios, dada la alta transmisibilidad de este virus. La aplicación NHS COVID-19 ha aconsejado personalmente a más de 1,7 millones de usuarios en Inglaterra y Gales que se aíslen después de mantener un contacto cercano con alguien que haya dado positivo en la prueba. 

En cuanto a la rapidez de la detección de los contactos sospechosos, y la consiguiente notificación al interesado, el trabajo afirma que en los casos más rápidos la notificación llegaron en apenas 15 minutos, aunque en la mayoría de ellos era "cuestión de horas". Una alta celeridad en este parámetro conlleva un menor espacio temporal (oportunidad) para la diseminación del patógeno.

La aplicación en sí se ha descargado en instalado 21,63 millones de veces, lo que representa el 56% de la población a la que iba dirigida, británicos mayores de 16 años que dispusieran de un teléfono inteligente. Se calcula en el trabajo que por cada aumento que se consiguiera de un 1% en sus usuarios, la cantidad de casos de coronavirus en la población se podría reducir hasta en un 2,3%. 

La parte más importante para que la aplicación cumpla su función no es, sin embargo, el mantenerla de forma pasiva en el movil, sino “alimentarla” con los datos de los test positivos de quienes hayan sido diagnosticados, que es lo que puede desencadenar las alertas. En este parámetro, los investigadores calculan que se ingresaron más de 3,1 millones de resultados de pruebas realizadas en Inglaterra y Gales, de los cuales 825.388 fueron positivos. La aplicación británica permite que el resultado de la prueba sea introducido manualmente, pero también mediante un código a quienes se la hayan practicado en un centro oficial.  

Otros datos: los usuarios se registraron en un lugar determinado más de 103 millones de veces (es una opción de esta app, a diferencia de la española), y de ellos 253 emplazamientos fueron identificados como “de riesgo”, por la aparición de brotes.  

En cuanto a los patrones definidos por estos datos, se encontró que el sábado fue el día con más registros, mientras que el lunes fue el más bajo. Hubo una caída significativa en los datos del recuento de registros durante los confinamientos de Gales e Inglaterra, como era esperable. Los parámeros anomizados que se captan a través de la app también sirven como un indicador (impreciso) de movilidad social.

Los investigadores involucrados en este análisis están analizando ahora cómo se pueden usar los datos de la aplicación para sugerir decisiones políticas, como determinar mejor la distancia que se considera segura o establecer pautas de distanciamiento social más apropiadas.