Herramientas digitales para la epidemiología de coronavirus: de la geolocalización a la evaluación de la actividad física de la población.


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La urgencia por resolver la tremenda presión sanitaria producida por el Covid-19 en los hospitales corre paralela a la necesidad de contener el número de contagios. Para poder detener esta progresión las autoridades de la mayor parte de los países del mundo han ordenado medidas de confinamiento y limitación de la actividad social.

Pero para que las órdenes de distanciamiento social sean eficaces y estén vigentes el tiempo estrictamente necesario, es conveniente también contar con información sobre los efectos reales que producen sobre la movilidad de la población. Se hace necesaria contar con algún elemento de evaluación cuantitativa para poder abordar la llamada fase de “desescalado”, la que supondrá la paulatina finalización del confinamiento.

Una de las oportunidades tecnológicas más evidentes para cuantificar la movilidad de la población en tiempo real es la que ofrecen los datos de geolocalización de los teléfonos móviles, que se encuentran registrados por todas la operadoras de telecomunicaciones. Cualquier dispositivo entrega información constantes del punto en el que está situado, captado mediante las antenas de las calles pero también por los acceso a las redes wifi domésticas. 

Esta geolocalización nativa de todos los móviles -que ofrece un dato muy exacto por el mero hecho de estar conectado a una red- en ocasiones se utiliza en el curso de determinadas investigaciones legales, y también se puede ver complementada con la que pueden ofrecer determinadas aplicaciones, como las de los mapas, la navegación o los sistemas de etiquetado automático de las fotografías.

El uso de la geolocalización en la pandemia.

Tanto las autoridades españolas como las europeas ya se han planteado el uso de la información disponible sobre geolocalización de los ciudadanos, mediante sus móviles, para evaluar dónde se encuentra la población, en qué medida se producen movimientos, y cuáles son los eventuales contactos entre las personas, o los puntos de masificación. Diríamos que se trata de un instrumento de epidemiología digital, que permite conocer información muy relevante sobre la distribución dinámica de la población.   

En España, el Ministerio de Sanidad ha encomendado al de Economía y Agenda Digital un estudio de movilidad que permita rastrear los emplazamientos y desplazamientos mediante el análisis de los datos de las operadoras. La metodología de este abordaje ya fue definida por el Instituto Nacional de Estadística hace unos meses, en un estudio en el que se pretendía evaluar movimientos rutinarios de la población española, y del que se obtuvieron datos, por ejemplo, del número de personas que diariamente entra y sale de las grandes ciudades para trabajar. 

El programa actual se denomina oficialmente DataCovid-19, y el mapa dinámico que se quiere obtener debería servir para evaluar las capacidades sanitarias en cada provincia en relación con la base poblacional considerada. El plan consiste, en principio, en cruzar la información agregada de la que disponen las operadoras telefónicas con la base de datos de los recursos sanitarios en cada comunidad autónoma. 

Además de esta explotación de datos procedentes de las operadoras, se ha encargado la elaboración urgente de una aplicación que permita a los ciudadanos acceder a una autoevaluación de síntomas y acceder a información específica sobre la enfermedad. Junto a ello, la app permitirá la geolocalización del usuario para verificar que se encuentra en la comunidad autónoma en la que declara estar. 

Como ya es sabido, China y Corea del Sur emplearon técnicas avanzadas de cruce de datos de geolocalización que permitieron trazar modelos sobre los movimientos de sus ciudadanos, e incluso adoptar medidas de confinamiento específico para contener la expansión de la epidemia de coronavirus. 

Precisamente éste es el modelo que ha inspirado a la Comisión Europea para solicitar a los principales operadores de telecomunicaciones continentales los datos de sus clientes para hacer un seguimiento de los movimientos poblacionales, y poder predecir el ritmo de evolución de los contagios y su distribución territorial. 

En el proyecto recién anunciado de la Comisión participan las ocho mayores compañías de móviles de Europa, como son Telefónica, Vodafone Telecom Italia, Deutsche Telekom y Orange. Se les ha solicitado que faciliten datos agregados obtenidos de las antenas de los móviles, que serán anonimizados en origen y borrados tras la crisis sanitaria. Este inmenso mar de datos podrá ser analizado mediante tecnologías de big data e inteligencia artificial, lo que permitirá trazar un mapa dinámico de la Covid-19 y evaluar los efectos del confinamiento implantado en algunos países. 

Estas iniciativas están amparadas por el Reglamento Europeo de Protección de Datos, que prevé este tipo de accesos a la información personal en situaciones de excepcionalidad en las que se deban garantizar intereses comunitarios. El reglamento vigente autoriza el tratamiento de información para fines humanitarios como el control de las epidemias, o en situaciones de emergencia.

Fitbit dice (y concreta) que nos movemos bastante menos.

Otra aportación muy interesante en la campo de lo que podríamos llamar la epidemiología digital es la que acaba de publicar la empresa Fitbit, conocida por comercializar pulseras y relojes cuantificadores de la actividad, los llamados “wearables”. 

Como los datos de los cuantificadores de Fitbit se transmiten y almacenan en sus servidores, pueden analizarse de manera agregada y utilizarlos como constatación de si la población en general se está moviendo menos, asumiendo que los usuarios de esta marca son un número significativo del conjunto de una sociedad.

Dicho y hecho, Fitbit acaba de publicar en su blog los datos de su análisis durante las primeras semanas de limitación de la movilidad por confinamientos en diversos países. Y los datos son bastante interesantes.   

A medida que las comunidades se adaptan al distanciamiento social, no sorprende que casi todos los países estudiados hayan experimentado una disminución estadísticamente significativa en el conteo de pasos promedio en comparación con la misma época del año pasado. 

La intensidad de la disminución de los pasos varió de un país a otro, y los países europeos fueron los más precoces en esta reducción, que varió desde el 7% al 38% durante la semana que terminó el 22 de marzo de 2020. 

En ese mismo periodo, los Estados Unidos experimentaron una disminución del 12% en ese mismo indicador, el número de pasos. Esto se corresponde con el hecho de que las medidas de combate de la pandemia también han sido más tardías en aquel lado del Atlántico.

En Europa, la mayor reducción en el conteo de pasos se observó en España (un 38%), el país en el que se registró un mayor porcentaje de descenso de la actividad, seguidos de Italia, Portugal, Rumania y Francia. En los Estados Unidos se ha visto que la mayoría de las áreas metropolitanas importantes constataron una disminución más profunda en el conteo de pasos que la disminución promedio general del país, lo que también señala dónde se han tenido que instaurar las medidas de distanciamiento social más intensas. 

En los datos ofrecidos por Fitbit se puede apreciar la evolución de los porcentajes por semanas y países, lo que ofrece un mapa bastante fiable sobre cómo han cambiado las pautas sociales con las medidas adoptadas para limitación de la movilidad ciudadana en la lucha contra el coronavirus.