Heart Seat, el asiento de inodoro que monitoriza el corazón (y no será el único sensor en el cuarto de baño).


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Casana es una empresa que ha desarrollado unos asientos de inodoro, que se dicen inteligentes, cuya peculiaridad consiste en disponer de unos sensores incrustados alrededor de la pieza principal que permiten registrar determinadas variables relacionadas con el funcionamiento cardiaco y circulatorio, mediante el contacto con la piel durante el tiempo habitual de uso del retrete.

Si alguien piensa que es una idea extravagante, probablemente se equivoca. O al menos, es desmentido por el hecho de que la idea ha recaudado recientemente para su desarrollo comercial 14 millones de dólares (11,7 millones de euros), aportados por varios fondos de inversión y una empresa que precisamente se dedica a fabricar asientos de inodoro. 

No debería sorprender demasiado este tipo de evolución hacia la tecnología de compañías con años de experiencia en negocios más tradicionales. Sin ir más lejos, alguna de las fábricas más conocidas de colchones y canapés también ha desarrollado recientemente gamas con sensores para registrar y monitorizar el sueño durante el descanso, modelos que ya están comercializados y son operativos (como el Pikolín SmartPik).  

Así funciona Heart Seat.

El producto principal de Casana es el Heart Seat, un dispositivo desarrollado por su fundador Nicholoas Conn durante el tiempo en el que trabajó en el Instituto de Tecnología de Rochester. Contiene, alrededor del aro del asiento, sensores que pueden trazar un electrocardiograma (ECG), un balistocardiograma (BCG) y un fotopletismograma (PPG), junto a otros que registran el nivel de saturación de oxígeno. En conjunto, ofrecen una variedad de métricas de salud cardiaca y circulatoria muy completas. 

Las lecturas se pueden obtener fácilmente durante el tiempo en el que la persona utiliza normalmente el inodoro en sus rutinas habituales, y son transmitidas a un sistema cloud a través de una conexión wifi o a la red móvil, ambas integradas en el dispositivo. El asiento lleva un set de baterías que según la empresa pueden durar varios años sin recargar, de manera que se constituye como un instrumento para el monitoreo autónomo de la salud cardiovascular completamente pasivo y no intrusivo.

"Lo que queremos es poder controlar la salud de un paciente de la forma más natural, en su casa, sin interrumpir su rutina diaria", afirman desde la empresa. “El asiento del inodoro no es un dispositivo tecnológico de uso premeditado. A diferencia de un wearable, no te lo quitas, te lo olvidas o se te estropea. Este aparato sirve para la monitorización cardiaca en el hogar, y de manera invisible para el usuario".

El sitio web de Casana ofrece varios estudios de revisión por pares publicados hasta el momento, que describen la precisión de esta plataforma de monitorización, incluyendo algún trabajo experimental en el que se completaron los registros con medidas de presión arterial, volumen sistólico y oxígeno en sangre como parte de un programa más completo de medida y evaluación.

Casana pretende someter el Heart Seat al proceso de aprobación de la FDA y, posteriormente, comercializar el dispositivo. En paralelo, esta empresa emergente está valorando cómo integrar su modelo de captura de datos en diversas plataformas de salud cardiovascular, incluso con enlace en los sistemas de telesalud y monitorización a distancia. Trabajan actualmente en colaboración con la Universidad de Florida y la aseguradora de salud The Villages Health.

No es el único dispositivo de medida para el cuarto de baño.

El Heart Seat de Casana es exponente más reciente de una vieja idea consistente en crear un hogar inteligente que controle y monitorice nuestra salud de manera no intrusiva, todos los días y a todas horas. En este modelo, los sensores y los captadores de datos situados dentro del hogar -el más humilde de los cuales es seguramente la propia báscula del cuarto de baño- podría ser muy útiles para conformar una visión evolutiva del estado de salud, al menos en alguna de sus dimensiones. Las ventajas de este tipo de monitorización pasiva y silenciosa seguramente se apreciarán a medio plazo, no tanto ante alteraciones temporales. 

Bajo esta idea, es posible que este asiento de inodoro pueda acabar formando parte de una familia más amplia de ingenios parecidos, que formarán parte de lo cotidiano para muchas personas. 

Por ejemplo, ya se han diseñado alfombras de baño inteligentes (como la de Podimetrics SmartMats), que es capaz de medir la temperatura de la planta del pie, lo que puede ser un indicador de un déficit en el riego vascular periférico y, en diabéticos, probabilidad de escaras.  Un estudio publicado en  BMJ Open Diabetes Research & Care afirmaba que el monitoreo diario de la temperatura del pie puede derivar en tasas más bajas de hospitalización y recurrencia de la úlcera del pie en pacientes de alto riesgo.

Existen también un buen número de detectores de caídas en el hogar, o espejos inteligentes como los de Naked Labs, que permiten un seguimiento morfológico del cuerpo y el cálculo de variables de estado y evolutivas.

Realmente,  los asientos de inodoro inteligentes son solo un enfoque de salud digital para la monitorización cardíaca fuera del hospital. Otras modalidades que han cobrado impulso en los últimos años incluyen parches adhesivos y dispositivos portátiles, los últimos de los cuales van desde relojes inteligentes de consumo hasta brazaletes de monitoreo de grado clínico.