Guía clínica para la enfermedad quística hepática (EASL, 2022)

  • Asociación Europea para el Estudio del Hígado

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Estos son algunos de los aspectos más destacados de las recomendaciones, sin análisis ni comentarios. Para obtener más información, ve directamente a la guía haciendo clic en el enlace de la referencia.

En junio de 2022, la Asociación Europea para el Estudio del Hígado publicó su guía clínica sobre la enfermedad quística hepática en The Journal of Hepatology.[1]

Quistes hepáticos

El número de lesiones (solitarias frente a múltiples) y la arquitectura (quiste simple frente a complejo) son esenciales en la caracterización de los quistes hepáticos.

Se debe utilizar la ecografía como primera modalidad de imagen para diagnosticar quistes hepáticos simples y enfermedad poliquística hepática, con pruebas de imagen adicionales para quistes hepáticos con características complejas, como paredes o contenido atípicos del quiste, ya sean solitarios o en pacientes con enfermedad poliquística hepática. Para el diagnóstico de hamartomas biliares, utilizar la resonancia magnética (RM) con secuencias muy ponderadas en T2 y secuencias de colangiografía por RM.

No se recomienda utilizar los marcadores tumorales antígeno carcinoembrionario (CEA) o antígeno carbohidrato 19-9 (CA19-9) en sangre o líquido de quistes para distinguir entre quistes hepáticos (solitarios o en enfermedad poliquística hepática) y neoplasias quísticas mucinosas del hígado.

Los pacientes con quistes hepáticos simples sintomáticos sin comunicación biliar deben someterse al mejor tratamiento de reducción de volumen que se encuentre disponible localmente.

El diagnóstico de infección de un quiste hepático se debe considerar establecido cuando se demuestran restos de neutrófilos y/o microorganismos en el aspirado del quiste con sospecha de infección, y se debe considerar probable cuando se acompaña de características como fiebre durante más de 3 días sin otra fuente detectable, gas en un quiste descubierto mediante tomografía computarizada (TC) o RM, dolor y defensa en área hepática y aumento de la proteína C reactiva.

Las fluoroquinolonas y las cefalosporinas de tercera generación deben usarse como tratamiento antibiótico empírico de primera línea para la infección de quistes hepáticos. Se deben administrar antibióticos durante 4 a 6 semanas.

La TC no debe utilizarse para el diagnóstico de hemorragia quística.

Se deben suspender temporalmente los anticoagulantes en pacientes con hemorragia de un quiste hepático.

Enfermedad poliquística del hígado

Se deben suspender los estrógenos exógenos en pacientes femeninas con enfermedad poliquística hepática.

El tratamiento para la enfermedad poliquística hepática debe realizarse únicamente en pacientes sintomáticos.

Antes del embarazo, se debe asesorar a las pacientes con enfermedad poliquística hepática sobre el riesgo de transmitir la enfermedad poliquística hepática al recién nacido, pero no se les debe desaconsejar el embarazo.

Enfermedad de Caroli

Los pacientes con múltiples dilataciones quísticas o saculares segmentarias de los conductos biliares deben ser estudiados en busca de fibrosis hepática congénita, para distinguir la enfermedad de Caroli del síndrome de Caroli.

Se debe valorar la derivación para trasplante hepático en pacientes con enfermedad de Caroli o síndrome de Caroli que sufran colangitis recurrente y afectación bilobar, o monolobar con fibrosis hepática o hipertensión portal cuando la resección hepática no sea posible.

Para obtener más información, ve a Quistes hepáticos.