Google y la prevención de la crisis de los opiáceos.


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Sundar Pichai es el máximo directivo de Google, su CEO o Consejero Delegado. Nació al sur de India, en una familia de clase humilde pero que le pudo facilitar los estudios de ingeniería que más tarde le llevaron a California. Desde hace dos años dirige la empresa del buscador y suele ser quien presenta los nuevos productos en sus eventos públicos y concede entrevistas a los medios de comunicación. Hace unas semanas aparecía en el periódico El País en conversación con Rosa Jiménez Cano, su corresponsal en Silicon Valley. La entrevista versaba sobre muchas cuestiones, pero al final de la misma, y hablando de las relaciones de la empresa con los gobiernos, Pichai decía lo siguiente:

“No me perdono no haber hecho nada ante la crisis de opiáceos. La tendencia de búsqueda, de recetas, la información… Todo esto estaba ahí hace 10 años. Si lo hubiésemos visto a tiempo podríamos haber ayudado”.

¿A qué se refería el jefe de Google?  


Lo que la gente busca.

La llamada crisis de los opiáceos es un grave problema de salud pública que está enfrentado Estados Unidos, y que afecta a más de 2 millones de sus habitantes. Tiene que ver con el uso fuera de patrones de prescripción clínica de sustancias narcóticas, en la mayoría de las ocasiones como consecuencia de un uso medicamentoso previo que deriva posteriormente en una adicción a la heroína o otras sustancias. También incide en esta situación la autorización en el año 2014 del fentanilo, sustancia que acabó recetándose en grandes cantidades. La situación ha llegado a tomarse como un problema de primer orden, y ha supuesto la adopción de iniciativas políticas de la administración Trump y de la mayoría de los estados. Se le calcula un impacto económico de más del 2% del PIB norteamericano, por la afección preferente que tiene entre trabajadores y en las edades medias.

Sin duda, Pichai se refería a que el buscador Google llevaba años registrando la actividad de tantos millones de personas que buscaban información sobre los componentes de las recetas que les habían prescrito, o que consultaban sobre lo que les estaba pasando o cómo encontrar determinadas drogas. Para llegar a esta crisis, ciertos grupos poblacionales han ido pasando por etapas previas que tenían que ver con el uso de recetas de opiáceos, la suspensión de los tratamientos, la disponibilidad de nuevas sustancias o la manera de controlar los síntomas derivados de la dependencia y tolerancia desarrollada frente a estos hipnóticos. Es seguro que en la soledad de muchos de los afectados había un ordenador que se utilizaba para buscar información, y que todo esto pasaba por la caja de búsqueda de Google. Parece obvio que si se hubiera analizado adecuadamente tanta información se podía haber conocido que algo estaba pasando, y tal vez corregir a tiempo una situación que ha acabado por ser dramática.

Es interesante la idea de adentrarse en lo que pasa a las personas a través de lo que buscan en sitios como Google. La cantidad de información que puede registrarse adquiere un valor ponderativo enorme, y se pueden encontrar patrones y correlaciones entre determinadas situaciones epidemiológicas y lo que aparece en las demandas libérrimas de búsqueda. Por ejemplo, está constatado que cuando se inician las afecciones gripales, muchas más personas buscan información sobre los síntomas que están padeciendo en la web, y así es posible determinar si estamos ante un pico epidémico aplicando algoritmos de análisis que se van perfeccionando año a año. Alguien ha llegado a afirmar que en Estados Unidos, Google sabe antes que los propios NIH la llegada de la tradicional gripe, y a este tipo de análisis se les ha llegado a denominar como “biomarcadores digitales”. Esto tiene un interés práctico, especialmente para las autoridades sanitarias, al efecto de desarrollar estrategias en relación a la intensificación de las campañas de vacunación, el conocimiento de los patrones geográficos de difusión y contagio, o el refuerzo de los recursos sanitarios contingentes.

De hecho, Google llegó a disponer de un servicio llamada Google Flu Trend, a través del que ofrecía abiertamente los datos de búsqueda significativos en relación con un posible pico incidente de gripe, lo que facilitaba la posibilidad de conocer en tiempo real el progreso de la onda epidémica. De igual manera dispuso de otro servicio similar, en algunos países, sobre dengue (Google Dengue Trend). Ambos servicios fueron cerrados, aunque grupos de investigadores pueden solicitar los datos que se acumularon durante el tiempo en el que estuvieron operativos.   

 

 

La aplicabilidad real en la salud pública.

No hay duda de que Google es un testigo fiel de lo que le ocurre a sus miles de millones de usuarios. Ya es sabido que el buscador tiene la política de facilitar retrospectivamente el listado de las palabras que son más demandadas, mediante su servicio general denominado Google Trends. Pero un listado es poca cosa para poder calibrar fenómenos complejos, como ocurre en el caso de la crisis de los opiáceos, donde se describen pautas de adicción a sustancias, legales o ilegales, a lo largo de un proceso evolutivo de varios años. Pero como atestigua el propio jefe de Google, no sólo existen maneras no muy complejas de analizar la relevancia para la salud pública de los elementos significativos de búsqueda, sino que este tipo de metodologías se pueden aplicar a problemas cada vez más complejos, incluyendo aquellos que implican comportamientos evolutivos. No se trata sólo de saber si una población está experimentando picos febriles (y busca coyunturalmente qué puede significar el síntoma que experimenta), sino incluso la relevancia que pueden tener sus peticiones al buscador en plazos más prolongados.  

¿Cómo podrían organizarse sistemas de análisis, con validez científica y garantías de confidencialidad hacia los usuarios, que permitan utilizar Google para prever impactos relevantes en la salud pública? El jefe del buscador parece estar ofreciendo a las autoridades sanitarias y a los gobiernos nuevas maneras de colaborar en la generación de modelos de análisis predictivo, lo que constituirá una nueva generación de herramientas preventivas de uso enormemente versátil.