Fraudes a clientes e inversores en nombre de la salud digital.


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Que la digitalización en el campo de la salud va a traer enormes oportunidades para transformar la asistencia sanitaria no lo duda nadie. Estamos en un momento en el que se disponen a cambiar todos los elementos relacionados con la práctica clínica, desde la generación de nuevo conocimiento (por ejemplo, a través de tecnologías de análisis mediante inteligencia artificial o big data) hasta la manera de hacer llegar la asistencia a quienes lo necesitan, sin barreras (con nuevas posibilidades relacionadas con la telesalud o los sistemas robotizados). Todo ello está suponiendo también la transformación de las estructuras empresariales que son capaces de aportar esas soluciones, que ahora se desplazan hacia ámbitos alternativos a los tradicionales, como los ecosistemas emprendedores.

Pero también estamos en un momento en el que se presentan muchas soluciones presuntamente disruptivas, de base tecnológica, que parecen encaminadas a deslumbrar a los inversores con la promesa de que el sector de la salud puede ofrecer muchas oportunidades de cambio y, con ello, de generación de negocio. No siempre hay innovación donde se dice que la hay, y no siempre hay buena fe en el desarrollo de estos nuevos modelos de mejora de la salud de las personas.

 

El caso de Theranos.

Uno de los casos más escandalosos de los últimos años es el de Theranos, la empresa que se decía capaz de transformar el negocio de los análisis sanguíneos. Sin duda es el ejemplo más mediático, por las implicaciones que tuvo en muchos niveles de la sociedad norteamericana, incluídos los políticos, pero también por el volumen que llegaron a tener las inversiones que algunos fondos de capital riesgo y ciertos millonarios influyentes hicieron en esa compañía.

Su fundadora, Elizabeth Holmes, se va a enfrentar a un juicio en un tribunal federal el próximo verano, en el que se le pide una condena de hasta 20 años de prisión y multas por valor de varios millones de dólares. La empresa Theranos, fundada por ella en 2003, llegó a recaudar 700 millones de dólares de diversos inversionistas y tuvo un valor próximo a los 9.000 millones de dólares. Prometía la realización de análisis de sangre con una sola gota extraída sin dolor del pulpejo del dedo, desde la que se podrían obtener, mediante un sistema totalmente automatizado a cargo de una máquina llamada Edison, un sinfín de marcadores biológicos.

En octubre de 2015 se publicó la primera de unas cuantas piezas de investigación periodística que cuestionaba la eficacia de la tecnología de análisis de sangre de Theranos, y posteriormente se acabó descubriendo que la empresa era en realidad toda una amenaza para la salud pública. Su tecnología estaba muy lejos de poder procesar esa amplia gama de pruebas de laboratorio con solo una gota de sangre.

El fraude que ahora se juzga, que es esencialmente financiero, habla a las claras de la falta de pericia de los inversores cuando se les pide que aporten capital para una empresa supuestamente rompedora en el área de la salud. Se diría que les resulta complicado entender que también en esta campo se puede engañar con la promesa de increíbles resultados, cuando por el contrario la lógica de la ciencia y la tecnología ya validadas debiera servir para entender adecuadamente qué es lo que realmente puede funcionar y lo que no.

 

 

Y otros casos llamativos.

Pero no es sólo el caso de Theranos el que representa este fenómeno. Recientemente se han conocido otros dos bastante llamativos, que no por curiosos dejan de ser exponentes de este tipo de fraudes a clientes e inversores.

Uno de ellos es el de uBiome, fundada en 2012 a través de una campaña en Kickstarter, y que ofrecía un un kit de uso en domicilio que permite a los clientes obtener las secuencias genómicas de los microbios que se encuentran en su intestino, lo que se conoce comúnmente como microbioma. Tuvo un éxito fulgurante que le llevó a recaudar más de 100 millones de dólares en capital de riesgo y a obtener una valoración total de más de 600. Sus reclamos decían que la compañía empleaba una combinación de tecnologías de análisis genético e inteligencia artificial para categorizar la microbiota, y que ésta constituye uno de los mayores determinantes de nuestro estado de salud.

Recientemente se ha declarado en bancarrota, y lo ha hecho por dos motivos. Uno, por la filtración de informes que demostraban que la compañía era absolutamente negligente en el manejo de las muestras que enviaban los clientes, y que un número alto de los tests de microbioma podrían haberse contaminado con muestras de niños y mascotas. Pero además, el FBI registró hace pocos meses las oficinas de la compañía en San Francisco buscando pruebas de prácticas financieras fraudulentas. 

Otro de los casos curiosos que últimamente han representado la misma estructura de fraude que apela a la mejora de la salud es el de Trusii, en este caso una empresa con sede en Florida, que ofrecía fuentes de “agua de hidrógeno” al módico precio de 6.700 dólares la unidad. La compañía vendía “acceso al agua rica en antioxidantes más poderosa y terapéutica en la tierra”. En las redes sociales se pueden encontrar miles de publicaciones promocionales bajo los hashtags #Trusii y #Trusiilife, que describen el agua como beneficiosa para la salud cardiovascular, el dolor muscular, el autismo, las cefaleas, la depresión, el lupus y otras muchas dolencias.

El caso es que esta empresa no sólo estaba ofreciendo un producto milagro, absolutamente ineficaz y sin propiedad curativa alguna, sino que además lo distribuía mediante un sistema de préstamos que han hecho endeudarse a muchas personas, a las que para seducir comercialmente se les pedían sus historiales médicos y se les decía que tras ser estudiados podían acceder al invento. También, que había múltiples estudios clínicos que certificaban los beneficios para la salud que estaban a su alcance. Hoy la empresa se encuentra investigada por las autoridades de Florida y se sospecha que se ha basado en un esquema piramidal de fraude financiero para ir colocando sus modernas fuentes milagrosas.

Muchas tecnologías innovadoras y nuevos modelos de desarrollo de productos van a transformar el concepto que tenemos de la salud y la sanidad, sin duda. Pero el camino no está exento de advenedizos y embaucadores capaces de hacer pasar por una gran cosa a lo que en realidad no es sino un fraude. Aunque hay muchos que, sorprendentemente, no se detectan hasta que estallan.