Formados y deformados


  • Editorial Univadis
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Los médicos estamos saturados de formación, lo que nos hace ser poco receptivos a ofertas de cursos online o presenciales, a jornadas de actualización, encuentros con expertos y a todo tipo de gancho formativo a través del cual se pretende captar nuestra atención. ¿A qué se debe este interés por que estemos formados? A que es una verdadera necesidad, ya que la carrera de medicina (o la residencia) generalmente queda lejos y la medicina es una disciplina que cambia a una velocidad vertiginosa. Esta necesidad formativa sobrecarga el mercado con todo tipo de ofertas de formación. Lo difícil no es estar formados, sino saber escoger la oferta formativa más interesante.

La primera formación es la personal, a través de los textos de referencia en la materia que deseemos poner al día y de las actualizaciones, que se realizan bien a modo de revisiones o como guías de práctica clínica. Dentro de esta formación personal está incluida la lectura de los artículos recientes más interesantes. Para ello hay que saber realizar búsquedas bibliográficas, lo que ya de por sí requiere una formación específica, y a lo que también ayuda estar suscrito a los servidores y revistas de referencia.  Sin embargo, como versa el refrán, a veces “lo mejor es enemigo de lo bueno”. Es decir, que si estamos suscritos a nosecuántos portales y a nosecuántas revistas, al final recibimos tanta información que no la leemos. La archivamos pensando “ya lo leeré cuando pueda”, y ese “cuando pueda” no llega y no llega y no llega. Tener muchas suscripciones puede resultar tranquilizador, porque genera la sensación de estar al día, pero el hecho de estar suscritos no significa nada. Es preferible seleccionar unos pocos portales y revistas, los que sean verdaderamente interesantes y de calidad, y leer su información poco a poco conforme nos llega. Si la acumulamos, al final terminará pasando al baúl de los recuerdos.

Además de la formación personal, la más importante, también es interesante realizar cursos e ir a congresos. ¿Qué aporta? Esencialmente la experiencia de otros profesionales que se enfrentan a problemas similares a los de nuestra práctica clínica. Esta experiencia no se capta leyendo artículos, por lo que muchas veces con una sencilla explicación, con ver cómo un experto aplica su conocimiento a un caso concreto, aprendemos más que leyendo y releyendo el Harrison; sin olvidar la importancia de relacionarnos con colegas y de poder solventar las dudas con ellos. Aquí conviene recalcar el “con”, ya que el experto que imparte el curso o la sesión congresual no es una autoridad incuestionable. Seguramente tendrá dudas parecidas a las nuestras, pero entre todos, alumnos y ponentes, generalmente se encuentran soluciones imaginativas que nos puedan ayudar en nuestro día a día.

Por tanto, la formación tiene que ser personal y deseablemente, además, estructurada a través de cursos u otros formatos educativos. Esto está bastante claro. Lo que no lo está es el papel que debe tener la formación continuada en la profesión médica española. En otros países de nuestro entorno, la exigencia formativa forma parte del desempeño profesional. No sólo se exige que los médicos estén formados, es que además tienen que demostrarlo a través de certificados y certificaciones para poder renovar la colegiación, el título de especialista o para poder continuar trabajando en el sistema sanitario, sea público o privado. Muchos médicos pensarán que “bastante hemos estudiado, como para que, encima, continuemos realizando exámenes toda la vida”. La formación continuada no tiene por qué convertirse en una pesada losa. Si está bien diseñada y realmente va destinada a que estemos al día y que se garantice así que la atención a los pacientes sea la óptima, tiene mucho sentido. ¿Cómo se tendría que vehicular? En otros países se realiza a través de los colegios profesionales, de las sociedades científicas o de las instituciones sanitarias para las que trabajan los profesionales. Hay muchas formas de diseñarla y, en nuestro caso, como punto de partida habría que introducir los criterios de calidad formativa y también el de flexibilidad en el formato. Sea con el modelo que sea, la formación médica no puede ser una opción: tiene que ser una obligación. Y si aún no lo es, lo será. 

Al comienzo decíamos que el mercado formativo en medicina está sobresaturado y, por otro lado, nuestro tiempo es escaso, por lo que tenemos que saber cómo seleccionar la oferta formativa que más nos interesa. ¿Los criterios? En primer lugar, hay que saber lo que se quiere. No tenemos que dejarnos guiar por lo que nos cuente el compañero o el representante de ventas que nos visita. Somos nosotros los que debemos guiar nuestra formación. Saber si queremos tener una idea general sobre un tema o profundizar en un aspecto concreto, si queremos hacernos especialistas en hipertensión o sencillamente actualizarnos en emergencias porque tenemos que hacer guardias rurales. En función de lo que queramos y de nuestras necesidades, deberemos buscar un master, un curso de especialización o una jornada; formación online, semipresencial o presencial. Por suerte la oferta es tan amplia que, si sabemos buscar, seguramente lo encontraremos. Una vez que sepamos lo que queremos, lo segundo es buscar calidad, algo sobre lo que no hay mucho que explicar. Los médicos somos profesionales cualificados y sabemos cuándo un curso o un máster está bien elaborado e impartido. Siempre que se pueda hay que comparar, preferiblemente preguntando a otros alumnos que hayan cursado la formación que deseamos.

Además de saber qué queremos y de buscar calidad, hay un tercer factor importante: adaptar la formación a nuestra vida. Unos médicos tienen hijos y otros realizan seis guardias; algunos están en áreas rurales y otros sólo disponen de los fines de semana. Si nos apuntamos a un curso maravilloso, que parece diseñado especialmente para nosotros, y al final nuestra organización logística no nos permite realizarlo (o lo hacemos mal), nos estaremos haciendo trampas al solitario. El último factor a considerar, no por ello menos importante, es ser prácticos. Si la formación está acreditada y, además, va a sumar en nuestro currículum, mucho mejor. Vivimos en un entorno tremendamente competitivo y tenemos que estar preparados para ofrecer el mejor currículum que sea posible.

Un dicho señala que “todo lo que forma, deforma”. La medicina de por sí ya nos deforma un poco. Nos hace expertos en atender a personas enfermas; luego está la especialización, la cual nos deforma aún mas, bien como digestivos, médicos de familia o como maxilofaciales. La formación continuada es un plus en nuestra “deformación”. Nos permite poder darle lo mejor a nuestros enfermos, nos hace sentirnos más seguros durante nuestro desempeño y, además, nos da la tranquilidad de saber que estamos cumpliendo con nuestra obligación.