Fake news: el interés, dueño del mundo es...


  • Editorial Univadis
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En un anterior editorial hablamos sobre las fake news en medicina. Dos datos: un tercio de los bulos se relaciona con la salud y España es el país de la Unión Europea donde más ciudadanos encuentran noticias falsas (el 78%). Las noticias falsas tienen un uso instrumental, ya que utilizan la mentira con el objetivo de manipular a los ciudadanos y, al vivir en una época de exceso de información, resulta más sencillo vender el coche estropeado. Pero cuando el ciudadano quiere conducirlo, el coche no funciona. La hiper información que caracteriza a nuestra sociedad no va de la mano de una mejor información. Vivimos la época de la posverdad, donde la manipulación, el engaño y la desinformación cohabitan con más fuerza que nunca.

El 60% de los españoles utiliza internet para informarse sobre su salud y, por si fuera poco, las fake news no sólo afectan a los usuarios del sistema sanitario, sino que también influyen en los profesionales. Para ilustrarlo pondremos el ejemplo de cuatro fake news que influyen tanto en profesionales como en usuarios, todas ellas con intereses, más o menos ocultos, detrás.

El primero es el desgraciado ejemplo del cáncer. Hay gran cantidad de métodos y tratamientos milagrosos en los que caen gran cantidad de pacientes; por supuesto, ninguno es gratuito. La Asociación Española contra el Cáncer (AECC) lanza la alerta, por ejemplo, ante las dietas contra el cáncer, las dietas milagro que prometen curar, asombrosamente, el cáncer. Una de ellas es la dieta alcalina, que postula que alimentos como la miel, los huevos o el pollo acidifican la sangre y provocan cáncer, por lo que hay que evitar dichos alimentos. O la dieta cetogénica (consumo de grasas, proteínas y omega-3) y la macrobiótica, las cuales no sólo no curan el cáncer, sino que pueden llevar a que un paciente oncológico no siga las indicaciones adecuadas de la terapia para el cáncer, con el consiguiente riesgo de aumento de su morbimortalidad por abandono del tratamiento.

Muchas fake news parten de los supuestos intereses ocultos que hay detrás de la medicina científica: industria farmacéutica, investigaciones misteriosas, gobiernos, la clase médica, etcétera, por lo que ofrecen la “cura para el cáncer que la industria no quiere que sepas” o que los “médicos ocultan porque no les interesa”. Por desgracia, hay incautos que sucumben ante este mensaje simple pero impactante. Basta una cifra: el 75% de los vídeos de YouTube sobre cáncer contiene información falsa. Por este motivo la AECC intenta desenmascarar las falsas creencias sobre el cáncer difundidas en la red, como que el estrés y los problemas emocionales provocan cáncer, o lo empeoran; que el cáncer siempre duele; que el café, los aditivos, las ondas electromagnéticas, los cables de alta tensión o la telefonía pueden provocar cáncer; o que la quimioterapia es perniciosa ya que sólo causa efectos negativos, o incluso que el cáncer es contagioso.

Otra fake new que afecta a usuarios y profesionales está relacionada con los cuidados paliativos. En determinados círculos se ha extendido el bulo de que los cuidados paliativos, en concreto los opioides, son la verdadera causa de la muerte de los enfermos terminales. Se llega a decir que son una forma de quitarse de encima a pacientes mayores o muy deteriorados. Detrás de ello existen diversos intereses, entre ellos intereses ideológicos que pretenden que la medicina sólo se ocupe de prolongar la vida a toda costa, y por ello los paliativistas procuran destapar los infundios y prejuicios sin sentido: que la morfina es peligrosa porque causa depresión respiratoria; que si administramos opiáceos convertiremos a los pacientes en drogadictos y desarrollarán rápidamente tolerancia, dejando de ser efectivos; que tomar morfina supone estar muriéndose; que al pautar morfina se corre el riesgo de que el paciente se suicide o de que la utilice con fines delictivos… Se trata de fake newsque sólo conducen a un mal uso de la analgesia, dirigidos a generar, tanto en profesionales como en usuarios, miedos morales y legales.

Otra área médica propicia para generar fake news es la vacunación. Como ocurre con todas las falsas noticias, conviene recordar que los movimientos antivacunas también tienen sus intereses. No hay más que recordar el caso Wakefield. El doctor Andrew Wakefield publicó en The Lancet,en 1998, 12 casos de niños con enterocolitis crónicas y alteraciones neurológicas, ocho los cuales parecían estar en relación con la vacuna triple vírica. Los medios de comunicación resultaron letales en este caso, multiplicando el miedo ante la vacunación. Seis años después, The Lancet reconoció que no debía haber publicado el artículo debido a “fatales conflictos de interés”. El doctor Wakefield había cometido fraude científico, falsificando datos y beneficiándose económicamente de la publicación, ya que había cobrado de un equipo de abogados por encontrar pruebas que apoyaran las denuncias de padres que creían que la vacuna había dañado a sus hijos. En el año 2010 The Lancet se retractó del artículo y posteriormente el British General Medical Council condenó a Wakefield, impidiéndole ejercer la medicina en Inglaterra. Investigaciones posteriores no han encontrado relación entre la vacuna y el autismo y, aún así, hay personas que continúan afirmándolo.

Un último ejemplo de fake new médica: las medicinas alternativas, complementarias y terapias pseudocientíficas o pseudoterapias. Ofrecen alternativas curativas a la medicina científica y sin efectos secundarios, un mensaje tremendamente atractivo a pesar de no haber demostrado científicamente su efectividad. Las falsas terapias (si fueran verdaderas, es decir, si demostraran su efectividad, se incorporarían con naturalidad a la medicina científica) no son baratas. Son muy rentables debido a que detrás de ellas no existe inversión en I+D+i y porque obvian todos los trámites de validación y los onerosos impuestos que sí pagan los fármacos. La industria farmacéutica no es la única que busca beneficios económicos.

¿Qué podemos hacer los profesionales? Construir un relato creíble. En unas jornadas organizadas recientemente por el Colegio Oficial de Médicos de Barcelona, Amalia Arce, autora del blog Diario de una mamá pediatra, señalaba que “hoy en día la bata blanca tiene una autoridad relativa, ya no es como antes. Además de dar información hemos de ser capaces de construir una relación de confianza con el paciente y ante aquellos que buscan información en internet, hemos de saber tender la mano y ayudarlos con empatía”. De la mano de nuestras instituciones (colegios de médicos, hospitales, centros de salud, organismos públicos) y de las asociaciones de pacientes, tenemos que educar a los usuarios para que aprendan a buscar información y para que crean en nosotros como profesionales autorizados, aunque para ello lo primero es tener verdadera autoridad.