¿Está Irlanda contemplando la calma antes de la tormenta?


  • Dawn O'Shea
  • Univadis Medical News
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Irlanda fue uno de los últimos países de Europa a los que llegó la pandemia de COVID-19. El primer caso confirmado se registró el 29 de febrero, casi dos meses después de que se registrara el primer caso en Italia y tres meses después de que el virus apareciera por primera vez en China. Esto le ha dado al país la ventaja del tiempo para prepararse para la inevitable presión sobre el sistema sanitario y los profesionales sanitarios, así como para los trágicos fallecimientos. La estrategia del gobierno se ha centrado en las pruebas generalizadas, el rastreo de los contactos y el distanciamiento social.

La primera muerte relacionada con COVID-19 se registró el 11 de marzo. Al día siguiente, el Taoiseach (primer ministro de Irlanda) anunció medidas significativas para hacer frente al brote, incluido el cierre temporal de colegios y universidades. El 27 de marzo se introdujeron medidas más estrictas, incluida una campaña de confinamiento en casa que instaba a las personas a autoaislarse en sus hogares. El 8 de abril, se otorgó a la policía irlandesa el poder de hacer cumplir las reglas para la COVID-19.

A pesar de las medidas, a 28 de abril, se habían confirmado 20 253 casos de COVID-19 en el país, incluidas 1190 muertes.

Seguimiento del líder

Otra ventaja para Irlanda es que el Taoiseach, Leo Varadkar, es un médico de familia y proviene de una familia de profesionales sanitarios. Su padre, su pareja y sus dos hermanas trabajan en el sector sanitario. Sus antecedentes médicos han demostrado ser cruciales para la respuesta del país, ya que se introdujeron medidas basadas en la ciencia urgente. El 17 de marzo, día de San Patricio, el Taoiseach se dirigió seriamente a la nación y aseguró que “siempre pondremos sus vidas y su salud por delante de cualquier otra cuestión”. Pero advirtió que Irlanda estaba contemplando la “calma antes de la tormenta” y que se avecinaban tiempos difíciles, con importantes pérdidas humanas.

“On-call for Ireland”

Irlanda cuenta con un sistema sanitario nacional financiado por el estado y un sanitario privado de médicos de familia, especialistas y hospitales. El sistema sanitario nacional ha sufrido problemas constantes por la escasez de personal y la saturación de los hospitales. La pandemia amenaza con saturar el sistema sanitario, que ya de por sí tiene dificultades.

En un esfuerzo por abordar el primer problema, la Administración de Servicios Sanitarios (Health Service Executive, HSE) del sistema sanitario nacional lanzó una campaña para animar al personal sanitario que no ejerce a reincorporarse al servicio. La llamada se dirigía a profesionales jubilados y a aquellos que ejercían la profesión en el extranjero.

La campaña “On-call for Ireland” (De guardia por Irlanda) se inició el 17 de marzo. Para el 23 de marzo, más de 60 000 personas se habían inscrito en la campaña. Varadkar fue uno de los que retomaron la práctica clínica para apoyar a sus colegas en primera línea. Está ayudando a cribar pacientes y llevando a cabo pruebas de SARS-CoV-2.

El segundo problema al que se enfrentó el país fue la capacidad de camas de las UCI. El Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (European Centre for Disease Prevention and Control, ECDC) identificó un riesgo extremadamente alto de exceder la capacidad de las UCI en Irlanda. El país tiene 5,2 camas en las UCI por cada 100 000 personas, un número drásticamente inferior que el promedio europeo de 11,5 por cada 100 000.

A 8 de abril, muchas de las UCI del país estaban llenas. Para aumentar la capacidad, el gobierno llegó a un acuerdo con el sector privado, que reclutó hospitales privados para funcionar como hospitales públicos durante un período de tres meses. Las instalaciones privadas se utilizarían para atender tanto casos de COVID-19 como a otros pacientes urgentes. El acuerdo sumó alrededor de un 17 % más de capacidad al sistema de salud pública, incluidas 11 000 camas para pacientes ingresados, 47 camas en las UCI y 54 camas para pacientes con alta dependencia, así como 194 ventiladores y 9 laboratorios. Los hospitales recibirán un reembolso por los costes operativos una vez que haya finalizado la emergencia.

Hasta el momento, no se ha necesitado dicha capacidad adicional, pero hay un consenso que considera que Irlanda aún se encuentra en las primeras etapas de esta pandemia y la situación es precaria.

Residencias de ancianos

Aunque se realizaron esfuerzos para frenar la transmisión comunitaria, aumentar el número de pruebas y la capacidad para pacientes ingresados, y contratar nuevo personal, las residencias de ancianos a largo plazo empezaron a convertirse en puntos críticos de virus.   

Para el 27 de abril, se había informado de un total de 211 brotes en residencias de ancianos, con otros 144 brotes en otras residencias. De las 425 residencias en el país, 75 están en estado rojo. Casi la mitad de las muertes causadas por el COVID-19 en todo el país han ocurrido en residencias de ancianos.

En declaraciones de la emisora estatal RTÉ, el doctor Jack Lambert, un consultor de enfermedades infecciosas del Hospital Mater de Dublín, afirmó que el enfoque en los hospitales para enfermedades agudas significaba que Irlanda “nunca preparó un plan de batalla para los centros de atención comunitarios”. Añadió que el gobierno y el HSE habían reaccionado demasiado tarde en cuanto a la ayuda a las residencias de ancianos.

El doctor Lambert describió el número creciente de casos y muertes por el COVID-19 en residencias de ancianos como un “gran desastre”.

“Creo que hubo una falta de reflexión sobre lo que había que hacer para evitar que estuviéramos en la misma posición que España e Italia, y desafortunadamente, nos estamos acercando y necesitamos actuar rápidamente”, advirtió.

“Es la prioridad número uno”, explicó. “Estamos viendo cómo estas personas [de residencias de ancianos] se mueren en el hospital. Estamos viendo ancianos fallecer con síntomas de COVID-19 en sus residencias y ni siquiera se les está contando como víctimas de dicha enfermedad porque no se les están haciendo las pruebas.

“Es una catástrofe en potencia y el gobierno necesita subirse al carro y reasignar todo el personal infrautilizado, con indicaciones estrictas sobre lo que deben hacer, en todas y cada una de las residencias de ancianos, tanto públicas como privadas de Irlanda, hoy mismo”, declaró.

En Irlanda, las residencias de ancianos se han convertido en el foco de la pandemia del COVID-19. Mientras la situación sigue empeorando, el Dr. Colm Henry, director clínico del HSE, declaró: “Pretendemos realizar pruebas y perseguir de forma agresiva todos los casos sospechosos en el entorno y el personal de las residencias de ancianos. Este es el escenario con mayor riesgo para nosotros en este momento”.

También mostró su alivio al ver que no hubo el aumento de casos previsto en las unidades de cuidados intensivos de los hospitales y añadió: “Claramente, la prioridad actual es afrontar los brotes en residencias de ancianos, que se han convertido en un entorno peligroso, con lo que esto conlleva tanto para los pacientes como para el personal”.

¿En qué punto está Irlanda?

Hasta la fecha, el país no ha visto el aumento previsto en la demanda de las UCI, probablemente gracias a las medidas de distanciamiento social o tal vez debido a simple suerte. Sin embargo, el ambiente aún es aprensivo. Se han reducido todos los servicios hospitalarios no urgentes y el sistema sanitario se enfrentará a una demanda significativa de estos servicios una vez pase la fase aguda de la pandemia.

Actualmente, la atención está centrada en la baja cantidad de pacientes que buscan cuidados para urgencias no relacionadas con la COVID-19, que ha sufrido una enorme caída en las asistencias en el departamento de Urgencias y en los médicos de cabecera. El director médico, el Dr. Tony Holohan, emitió una advertencia de salud pública después de su llegada a un servicio de Urgencias prácticamente vacío tras enfermar en una reunión pública diaria. Ha instado a las personas a seguir solicitando atención para problemas de salud no relacionados con la COVID-19.

Las medidas de bloqueo existentes estarán vigentes hasta el 5 de mayo. En ese momento, se revisarán las restricciones, pero es probable que el bloqueo se extienda, como mínimo, durante unas semanas más. La lucha continúa.

En su memorable discurso por el día nacional de San Patricio, el Taoiseach estableció el objetivo del país para esta pandemia. “En el futuro, dirán de nosotros que, cuando las cosas estuvieron peor que nunca, sacamos lo mejor de nosotros”, declaró. Falta ver si lo mejor que pueden sacar de ellos mismos es suficiente.