¿Está Dios en el cerebro?


  • Editorial Univadis
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La explosión de conocimientos acerca del sistema nervioso de los últimos 100 años ha abierto el paso a unas ciencias del sistema nervioso, las neurociencias, en plural porque realmente están implicadas varias disciplinas. Las neurociencias son, por tanto, el amplio abanico de especialidades científicas encargadas de estudiar el sistema nervioso. A pesar de que el sistema nervioso central es inseparable del periférico, las neurociencias principalmente estudian el sistema nervioso central y muchos autores las llegan a circunscribir al cerebro. La complejidad del cerebro, por su arquitectura topológica laberíntica y su estructura jerárquica, así como por su funcionamiento en redes paralelas y al mismo tiempo interconectadas, lo dota de una sofisticación única. Esquemáticamente podría representarse como un conjunto de neuronas organizadas en microrredes y macrorredes de trabajo.

Al estudiar cómo se relaciona el cerebro con la mente y la vida social, las neurociencias se han expandido, más allá de sus raíces en las ciencias biológicas, a áreas de las ciencias naturales, sociales y humanas. Esta expansión ha traído planteamientos originales acerca de los vínculos entre el cerebro y la psicología, el comportamiento, la vida social o la moralidad. Ciertamente, el término neurociencias es plural porque la ciencia del cerebro abarca enfoques y saberes enormemente diversos: anatomía, fisiología, biología (neurobiología), ontogénesis y filogénesis, patología, lingüística (neurolinguística), pedagogía, psicología (psicobiología, neurociencia cognitiva, psicología cognitiva, neuropsicología), filosofía o ética (neuroética). El estudio del sistema nervioso no parece tener límites, hasta el punto de que el filósofo Javier Sádaba ha realizado un ensayo sobre neurorreligión, el estudio de las bases neurológicas de la experiencia religiosa. Y es que … ¿incluso Dios se encuentra en el cerebro?

La cuestión sobre la existencia de Dios y la localización de su morada es íntima y personal en cada uno. Por mucho que avancen las neurociencias, las creencias no dejarán de ser intransferibles y con neuroimagen nunca se podrá demostrar la existencia ni la morada divina. Para lo que sí están siendo útiles es para analizar el comportamiento de las personas religiosas en relación con los que no lo son. Pondremos algunos ejemplos: en un estudio danés se observó un aumento significativo de la respuesta del núcleo caudado en un grupo de cristianos mientras rezaban en silencio. Estos datos respaldaban la hipótesis de que la oración religiosa es un comportamiento capaz de estimular el sistema de recompensa dopaminérgico, localizado principalmente en el núcleo caudado, apoyando la tesis de que hay asociación entre la confianza interpersonal (también en la relación con entidades abstractas) y la activación del sistema dopaminérgico. En otras investigaciones con neuroimagen funcional se ha demostrado cómo dirigirse en oración a Dios produce una respuesta cerebral similar, en las mismas regiones encefálicas, a la que se produce en el cerebro de los ateos al hablar con un amigo. 

En una investigación, también danesa, con 20 cristianos devotos, seis hombres y 14 mujeres, de entre los 21 y los 32 años, se utilizaron imágenes de resonancia magnética funcional para investigar si la oración modificaba la imagen funcional (BOLD; imagen dependiente del nivel de oxígeno) en un grupo de cristianos. Para tener grupo control frente al rezo, los investigadores pidieron a los voluntarios que pronunciaran una canción de cuna (sin significado místico) y una petición mental de regalos a Santa Claus. A diferencia de la oración formal (recitada) y de los controles seculares, la oración improvisada activó una fuerte respuesta en la región temporopolar, la corteza prefrontal medial, la unión temporoparietal y el precúneo. Este hallazgo respalda la hipótesis de que los sujetos religiosos, que consideran que su Dios es real y capaz de establecer una relación recíproca, reclutan áreas de cognición social cuando rezan. Es decir, que los jóvenes protestantes cristianos daneses reclutan áreas de cognición social durante la oración personal, lo que sugiere que orar a Dios es una experiencia intersubjetiva comparable a la interacción interpersonal normal.

Lo neuro lo invade todo, hasta la religión. Ante esto hay una pregunta inevitable: ¿es que sólo somos cerebro? Y, si no es así, ¿cómo se relaciona el cerebro con eso que históricamente se le llamó alma o espíritu, y ahora mente o conciencia? Existen tres formas de establecer la relación entre el cerebro y la mente y sus productos, es decir, entre las neuronas y la memoria, conciencia, creencias, valoración, toma de decisiones, etcétera. Una es que ambos, mente y cerebro, son lo mismo. A esto se le ha llamado monismo (etimológicamente, una única doctrina). Habitualmente los monismos son materialistas o fisicalistas, indicando así que lo único que existe es la realidad material o física. Toda entidad, incluido el cerebro y la mente, estaría constituida exclusivamente por elementos físicos y podría ser descrita a partir de dichos elementos. La mente sería una propiedad (material) del cerebro. La segunda posibilidad, muy extendida, es que de la complejidad de la materia biológica cerebral emerge algo que no es exactamente materia. A esto se le ha denominado emergentismo. Las teorías de la emergencia encuentran que hay una transición, un continuum, entre cerebro y mente, de la biología a la conciencia, bajo el paradigma de que “el todo es mayor que la suma de sus partes”. La tercera versión es el dualismo, el cual indica que cerebro y mente, aunque íntimamente relacionados, son entidades diferentes. Siglos atrás era la explicación dominante, pero los avances de la neurología han relegado al dualismo a un segundo plano.

Decíamos que las creencias son algo íntimo e intransferible. En Ideas y creencias (1940) Ortega y Gasset señalaba que “Las ideas se tienen; en las creencias se está”. Indudablemente, lo neuro tiene un papel esencial en toda nuestra vida, en medicina, en la educación, en ética o en la toma de decisiones. Y cada vez más. Pero por mucho que estudiemos el sistema nervioso, difícilmente llegaremos a descubrir cómo y por qué se producen nuestras creencias. Respecto a qué es lo neuro, si es lo que realmente somos (monismo materialista), si es algo de lo cual proviene la conciencia (emergentismo) o si es una entidad en relación con la mente (dualismo), no es posible afirmar nada con rotundidad. La interpretación que cada uno le dé no deja de ser, al menos por el momento, un creencia en la que se está.