Esperando a Godot

  • Dr. Miguel Álvarez Deza

  • Editorial
El acceso al contenido completo es sólo para profesionales sanitarios registrados. El acceso al contenido completo es sólo para profesionales sanitarios registrados.

Hace unos días se presentó un informe realizado por un grupo de expertos a nivel nacional, bajo el título “Consenso por un sistema sanitario del siglo XXI”, en el que identifican los problemas del sistema sanitario asistencial, no de la Salud Pública ni de los servicios sociosanitarios y plantean unas propuestas de solución. 

En este documento se propone como objetivo un “pacto” para adaptar nuestro sistema sanitario a las necesidades de la sociedad española del siglo XXI. Este pacto no debería ser sólo entre gobiernos o partidos políticos, sino que tendría que incluir una implicación muy activa de los pacientes, de los profesionales y del conjunto de agentes del sector. Se plantea un pacto por la gobernanza del sistema. 

El sistema sanitario español ha carecido de reformas en profundidad desde los años 80. Sin embargo, la sociedad ha cambiado sustancialmente: envejecimiento de la población, predominio de pacientes crónicos, nuevas tecnologías diagnósticas y terapéuticas, avances significativos en tecnologías de la información, mayores demandas sociales, etc. 

Se exponen los problemas graves que afectan a los pacientes y profesionales (listas de espera, inadaptación a crónicos complejos y discontinuidad asistencial, calidad desigual de resultados, obsolescencia tecnológica, retrasos en la incorporación de terapias, inequidades de acceso a determinadas terapias, deterioro de la percepción pública de la sanidad y malestar profesional) y que deben estar en primer plano en cualquier planteamiento de reforma.

En este documento se hacen una serie de propuestas, entre las que se encuentra la mejora del nivel retributivo de los médicos y otros profesionales sanitarios. Los médicos españoles ganan una quinta parte que los americanos, poco más que una tercera parte que los alemanes, menos de la mitad que en el Reino Unido y un 60% menos que nuestros colegas franceses. No solo eso, sino que la tendencia es descendente. 

Según la OCDE, el salario de los médicos bajó notablemente entre 2011 y 2017. El descenso fue del 19,3% para los médicos de Atención Primaria; del 17,9% para los especialistas hospitalarios; y, del 17,02% para las enfermeras de los hospitales. No solo es que el nivel retributivo de los médicos sea bajo, es que para alcanzarlo solo puede hacerse recurriendo a las guardias.

Hay una gran brecha entre la retribución médica y de otros profesionales sanitarios con los países europeos con los que competimos en la atracción de talento y por otro lado los salarios de los profesionales todavía están en torno a un 20% por debajo de los salarios previos a la crisis de 2008. Cualquier incremento de la financiación sanitaria pública debe priorizar el nivel retributivo de los profesionales.

Otra propuesta es la lucha contra la muy alta temporalidad en los contratos. El sistema es dual. Por una parte, los propietarios, el personal con plaza en propiedad y, por otra, los interinos y eventuales. La precariedad laboral es una de las lacras del sistema. Entre el 30-40% del personal de las instituciones sanitarias tienen un contrato temporal.

En este informe también se destaca que hay un marco de desarrollo profesional obsoleto. La carrera profesional se ha transformado más en un reconocimiento de la simple antigüedad, que de las competencias profesionales.

Debe impulsarse la autonomía y el reconocimiento de los profesionales, buscando un modelo de relación laboral más flexible y no en modelos funcionariales rígidos y burocráticos, que permita y favorezca el reconocimiento y la diferenciación individual y colectiva, posiblemente contemplando una pluralidad de fórmulas contractuales y de servicio.

Un aspecto que este documento deja muy claro es que la transparencia es una condición indispensable para la confianza y sin confianza no se pueden abordar los problemas.

Godot no llega, y VIadimiro y Estragón se ven en la necesidad de optar entre la desesperación, la renuncia y la espera indefinida. Por ésta se deciden. Sin moverse, dicen en la escena final: "¿Qué, nos vamos?.-Vamos". Y quedan inmóviles. (Samuel Beckett)

El Dr. Miguel Álvarez Deza es especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública