¿España: debería ser obligatoria la vacunación?


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Los programas de vacunación han contribuido a que el número de casos y de muertes por enfermedades infecciosas haya disminuido de forma significativa en el último siglo. Las vacunas han salvado millones de vidas humanas y, en general, las coberturas vacunales o tasas de vacunación infantil siguen creciendo a nivel mundial, lo que indica que la vacunación es una medida de salud pública ampliamente aceptada.

Sin embargo, un número cada vez más creciente de padres y madres perciben la vacunación como algo insano e innecesario. Como las vacunas se administran cuando el niño está sano, nuestro umbral de riesgo es muy bajo; pero los movimientos antivacunas han sido responsables de la disminución de las tasas de aceptación de las vacunas y del aumento de brotes de enfermedades infecciosas que se pueden prevenir con ellas. Entre los extremos de los movimientos antivacunas que rechazan totalmente la inmunización y los entusiastas provacunas, cada vez hay más padres que dudan; que rechazan alguna de las vacunas pero que aceptan otras, que retrasan la vacunación de su hijo porque dudan del calendario vacunal recomendado, o que se sienten inseguros cuando vacunan a sus hijos.

Esto es preocupante porque para el éxito de las campañas de vacunación se debe mantener una cobertura vacunal alta. Se debe conseguir que lo normal sea que un padre vacune a su hijo según el calendario que le corresponde ya que la vacunación es una medida individual pero que beneficia a la comunidad. A diferencia de otras intervenciones preventivas, si un padre rechaza las vacunas de su hijo no solo pone en riesgo la vida de su hijo, sino también la de los que le rodean, la de los más débiles, otros niños, los enfermos y los ancianos. Luchar contra la oposición o la duda de las vacunas es un problema comunitario.

¿Qué impacto clínico tiene el fenómeno de los antivacunas? En 2010, la OMS estimó el número de muertos por enfermedades infecciosas prevenibles por las vacunas (difteria, sarampión, tétanos, pertusis y polio) en unas 400.000. Es cierto que más de la mitad ocurren en países donde los problemas de infraestructuras son responsables de la falta de vacunación, pero en otros casos la causa es el rechazo a las vacunas. Quizá el caso de mayor actualidad sea el aumento de los casos de sarampión, una de las enfermedades infecciosas más contagiosas, y las autoridades sanitarias ya han alertado que desde 2016 han aumentado los casos de sarampión en Europa, la mayoría en niños pequeños sin vacunar.

¿Obligamos a vacunar?

El debate ya ha comenzado. Los recientes brotes de enfermedades evitables por las vacunas han hecho que algunos países cambien su legislación. Así, en Italia ya es obligatoria la vacunación contra doce enfermedades infecciosas para poder matricular a los niños en el colegio. En Portugal no son obligatorias, pero sí gratuitas, y se está preparando una ley para exigir la vacunación. En Alemania no son obligatorias, pero también se esta ultimando una ley para poder multar a los padres si no vacunan a sus hijos. En Bélgica son obligatorias la de la polio.

¿Y en España? Cuando preguntamos si debemos obligar a vacunar, es frecuente encontrar respuestas como “si la vacuna de la rabia es obligatoria para los perros, ¿por qué vacunar a los niños no lo es?”; “si llevar cinturón de seguridad en el coche es obligatorio, ¿por qué no las vacunas?”; “si fumar está prohibido en muchos lugares porque es malo para la salud, ¿por qué las vacunas no son obligatorias si son buenas para la salud?”; “si una persona no vacunada puede poner en riesgo la salud de mi hijo, ¿por qué no obligan a vacunar a todos los niños en las guarderías?”

En España la vacunación es voluntaria, nuestro ordenamiento jurídico no incorpora explícitamente el deber de vacunación y nadie puede, en principio, ser obligado a vacunarse. Ahora bien, hay determinadas situaciones que permiten que los poderes públicos competentes impongan la vacunación forzosa, en caso de brotes o epidemias y situaciones que determinen un peligro para la salud pública. ¿Debería cambiarse la ley y que la vacunación fuera obligatoria? Para controlar, e incluso llegar a erradicar, una enfermedad infecciosa la OMS recomienda que la cobertura vacunal para esa enfermedad sea de, al menos, el 95%. Según datos oficiales, las tasas de vacunación en nuestro país en los últimos años son elevadas, superiores al 95%. Este dato es general, y es compatible con la existencia de algunos colectivos o lugares concretos donde las coberturas sean menores. Sin embargo, a pesar de la no obligatoriedad, la tasa de vacunación es incluso superior a la de países en los que la vacunación es obligatoria. Por ello, el debate planteado podría ser útil si hubiera un descenso de las tasas de vacunación que pusiera en compromiso la protección del efecto rebaño y afectara a la salud pública. Adelantar cambios normativos que impusieran de forma coercitiva la vacunación podría generar un efecto rebote contrario al pretendido. Obligar quizá no sea, de momento, la solución. No obstante, es necesaria una vigilancia estrecha del fenómeno antivacunas y su efecto sobre la salud pública. Los profesionales de la salud son la principal fuente de información para los padres que dudan, y el medio más eficaz para convencerles de lo peligroso que resulta no vacunar a sus hijos.

 

-Prof. Ignacio López-Goñi

Catedrático de Microbiología. Universidad de Navarra