España camino de la tercera ola de la Covid-19

  • José Gómez

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Tras casi un año de pandemia, el coronavirus Sars-CoV-2 sigue causando verdaderos estragos en -prácticamente- todo el planeta. Reino Unido, que se ha visto obligado a decretar un nuevo confinamiento tras convertirse en el epicentro de la Covid-19 en Europa, registró este miércoles 62.322 contagios, su cifra más alta, y 1.042 muertos en un solo día, una cifra similar a la de Alemania. Por su parte, Estados Unidos volvía a batir otro triste récord de fallecidos tras notificar 3.936 muertes en la misma jornada. Los datos hablan por sí solos. El coronavirus, lejos de desaparecer, está más presente que nunca. 

La situación en España también se complica por momentos. Nuestro país, al igual que el resto de Europa, va camino de lo que los epidemiólogos han bautizado como la tercera ola. Eso sí, con un problema añadido: España no llegó a superar del todo la segunda. “Lo que llamamos segunda ola empieza con una situación relativamente buena: en julio, los hospitales estaban bastante vacíos, pero es que ahora están bastante llenos”, lamenta Saúl Ares, investigador en el departamento de Biología de Sistemas del Centro Nacional de Biotecnología del CSIC. “Como ahora, con la situación actual, tengamos una escalada similar a la que hubo en el pico de otoño, mal asunto”, añade.

Lo cierto es que los datos no invitan precisamente al optimismo. España superó este jueves los dos millones de contagios desde el inicio de la pandemia tras sumar 42.360 nuevos casos desde el martes, víspera de Reyes (el lunes se reportaron 30.579 positivos en cuatro días). Los toques de queda impuestos en las distintas comunidades autónomas, las medidas adoptadas en la hostelería, la inclusión de los test de antígenos en la estrategia de detección y las restricciones en la movilidad consiguieron que la incidencia del virus, que el 9 de noviembre tocaba techo con 529,43 casos por cada 100.000 habitantes, se redujera a ‘sólo’ 188,72 casos el pasado 10 de diciembre, por debajo del nivel de riesgo extremo marcado por Sanidad. 

Sin embargo, el pasado 2 de diciembre, el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud aprobó un plan para la reagrupación familiar gracias al cual se podría viajar para visitar a familiares y allegados por Navidad, permitiéndose en algunas comunidades las reuniones de hasta 10 personas en función de la situación epidemiológica. Pese a la distorsión que existe en los datos que facilita el Ministerio de Sanidad por la sucesión de festivos, parece que no fue la mejor idea. Desde el pasado puente de la Constitución los contagios no dejan de aumentar, y el crecimiento en la última semana se ha acelerado sobremanera a consecuencia del llamado ‘efecto Navidad’.

Según los últimos datos de Sanidad, la incidencia acumulada a 14 días se sitúa ya en 321,01 casos por cada 100.000 habitantes, con 10 comunidades superando ampliamente los 300 casos, muy por encima del umbral de máximo riesgo. Sin embargo, este no es el único indicador que evidencia que la situación se complica por momentos. En apenas una semana el número de hospitalizados se ha incrementado en más de 2.500 pacientes y alcanza la cifra total de 14.543. Más de 2.300 personas se encuentran en la UCI ocupando el 24% del total de las camas disponibles, y el número de fallecidos registrados durante la primera semana de enero es de 530, más que durante todo el mes de julio. Además, la positividad se ha disparado hasta el 15,58% del total de pruebas realizadas.

Es difícil saber si ha sido la movilidad entre comunidades la que ha propiciado este peligroso incremento o más bien ha sido consecuencia de la propia ‘micromovilidad’ dentro las localidades. Sin embargo, lo que sí ha demostrado el transcurso de la pandemia es que los mensajes de responsabilidad y la laxitud en las medidas de restricción no son efectivos para controlar la transmisión del virus. “Si algo está permitido, la gente lo va a hacer aunque no sea sensato”, comenta Ares. “Por las cifras que estamos viendo es evidente que durante las últimas semanas mucha gente ha hecho cosas que a lo mejor estaban permitidas, es probable que sin mala intención, pero es que estas limitaciones daban para hacer muchas cosas poco sensatas, y claramente se han hecho porque si no no tendríamos este repunte”, apunta el investigador del CSIC. 

La gran incógnita ahora es si España seguirá los pasos de Reino Unido en esta tercera ola o podrá evitar un nuevo confinamiento ante el riesgo de colapso del sistema sanitario. Por el momento, Castilla y León ha dado el primer paso y ha anunciado el cierre perimetral de sus fronteras hasta mayo. Por su parte, Extremadura, Cataluña, Castilla-La Mancha, La Rioja o la Comunidad Valenciana también han anunciado nuevas limitaciones en la hostelería y los comercios, cambios en los horarios de los toques de queda y restricciones en la movilidad. Todo esto en un momento en el que la campaña de vacunación avanza a un ritmo más lento del esperado en la mayor parte del territorio.

¿Qué papel podría jugar la administración de la vacuna de cara a la tercera ola? ¿Podría tener algún efecto? Por desgracia, no. Por el momento, tal y como consta en el Plan de vacunación Covid-19 del Ministerio de Sanidad, las personas que están recibiendo las primera dosis de Pfizer son los residentes, el personal sanitario que trabaja con ellos y los grandes dependientes. A partir de marzo llegará la población mayor de 64 años y el resto de grupos. “Estamos vacunando actualmente a las personas más vulnerables, pero no son las que más participan en la transmisión del virus, por lo que no influirá mucho en su control”, advierte Ares. 

Además, tal y como explica el investigador del CSIC, se sabe que las vacunas que primero llegarán a España (Pfizer, Moderna y AstraZeneca) son eficaces a la hora de proteger contra la enfermedad, pero desconocemos si también evitan la transmisión y el contagio a otros individuos. “Si tuviéramos esa información, lo mismo habría que revisar la estrategia, pero por lo que sabemos hasta ahora tampoco se puede hacer otra cosa”. La vacuna, por lo tanto, va a ser incapaz de frenar una tercera ola que amenaza con ser aún más virulenta que la primera de no tomar medidas más estrictas con urgencia. “Vamos a tener que arreglárnoslas nosotros con los métodos tradicionales”, lamenta Ares.