¿Es usted feliz, doctor?


  • Editorial Univadis
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Medscape ha publicado durante los últimos años una encuesta sobre la felicidad de los médicos, con una última edición de enero de 2019. Se trata de un informe basado en más de 15.000 encuestas realizadas a médicos estadounidenses de 29 especialidades diferentes, algunas no coincidentes con las especialidades españolas. En general los médicos son más felices fuera del trabajo que en el trabajo, aunque su tarea como galenos redunda satisfactoriamente en su felicidad, ya que el 80% de los encuestados considera que el trabajo influye positivamente en su autoestima, pieza esencial, tal vez la más importante, para la felicidad.

A pesar de tener carencias metodológicas, el trabajo de Medscape tiene la virtud de ser la única encuesta realizada a gran escala sobre la felicidad de los médicos. Ya que no existen datos sobre la felicidad de los médicos españoles, veamos qué aporta este estudio norteamericano, porque muchos datos son aplicables a nuestra realidad. 

El 85% de los encuestados está casado (o vive en pareja), el 7% es soltero y el 6% divorciado. El 27% de los casados tiene como pareja a un sanitario (el 18% es médico). De los casados el 84% describe su matrimonio como bueno o muy bueno, sin diferencias significativas entre hombres y mujeres. Sin embargo, sí se encuentran diferencias al valorar por separado la felicidad entre sexos, ya que en general los varones son más felices que las mujeres: el 62% versus el 38%. Esto se refleja tanto en la autoestima (mayor en los varones) como en el síndrome de desgaste profesional o burnout syndrome, el cual padece un 50% de las mujeres frente al 39% de los varones.

En el trabajo, los más felices son los cirujanos plásticos (41%), los preventivistas (40%), los oftalmólogos (39%), los dermatólogos (34%) y los patólogos (31%). En general los médicos son más felices fuera de su trabajo (más de tres cuartos), siendo los que más plenos se sienten fuera del mundo médico los reumatólogos, otorrinolaringólogos, endocrinólogos, pediatras y médicos generales. En cuanto a la autoestima, los que más se quieren son los cirujanos plásticos, urólogos, oftalmólogos, endocrinólogos y traumatólogos. Los médicos con matrimonios más felices son los otorrinolaringólogos, cirujanos plásticos, oncólogos, nefrólogos y reumatólogos. Y las especialidades que menos queman son medicina preventiva, nefrología y anatomía patológica.

Veamos ahora el otro polo, los médicos más desdichados. Los especialistas en medicina física y rehabilitación son los menos felices en su trabajo (solo el 19% se encuentra satisfecho con su tarea como médico), seguidos de los médicos de urgencias (21%), internistas (21%), digestivos (22%) y neurólogos (23%). Fuera del trabajo los menos felices son los neurólogos, especialistas en enfermedades infecciosas y cardiólogos. Los que peor autoestima tienen son los especialistas en enfermedades infecciosas, oncólogos e internistas. Los especialistas con matrimonios menos felices son los psiquiatras, cardiólogos y anestesiólogos, mientras que los que más padecen burnout son los urólogos, neurólogos y rehabilitadores.

Simplificando mucho, se podría decir que las especialidades sin paciente (medicina preventiva, anatomía patológica) predisponen a la felicidad, así como algunas médico-quirúrgicas (oftalmología, dermatología), que suelen ser, junto a otras especialidades quirúrgicas, las que gozan de mayor autoestima. De todos ellos, los que salen mejor parados son los cirujanos plásticos. En el otro extremo se encuentran algunas especialidades médicas, los más infelices tanto en el trabajo como fuera de él (rehabilitación, médicos de urgencias, internistas, digestivos, neurólogos). Se trata de un análisis muy grosero de los datos del estudio de Medscape y del que sería demasiado fácil sacar conclusiones como, por ejemplo, que globalmente la relación con el paciente no es fuente de felicidad para el médico.

La medicina es una profesión preciosa. Esto lo afirman médicos y no médicos, pero su elevado nivel de responsabilidad y entrega conllevan un alto riesgo de desgaste profesional: más de la mitad de los médicos no están del todo satisfechos en su trabajo, el 44% padece burnout, el 11% se ha sentido deprimido y el 4% ha sufrido una depresión. ¿Qué se puede hacer ante este panorama? En primer lugar, analizar los factores que causan la felicidad y la infelicidad laboral (traducida como desgaste profesional) de los médicos, sin olvidar la importancia de la felicidad extra-laboral, ya que ambas se retroalimentan. 

No hay muchos estudios que analicen las causas de la felicidad de los médicos, ni en el trabajo ni fuera, y lo poco que se sabe es sobre la felicidad en el trabajo. Un factor recurrente en las tres especialidades más felices es que trabajar menos horas influye en su felicidad. Hay estudios que han mostrado cómo la felicidad del médico no está directamente asociada con su salario, mientras que sí lo está la libertad para elegir: cuanto más amplias son las opciones, más feliz es el médico. Una cuestión estudiada son las condiciones en las que se trabaja (saturación, recursos, etcétera). Se ha comprobado cómo los médicos de regiones de alta intensidad de atención y con acceso a más recursos ni se sienten mejor capacitados para dar atención de calidad que los médicos en otras áreas con menos recursos, ni están más satisfechos con su práctica médica. Al revés, los médicos de regiones con menor densidad de población están más satisfechos con sus carreras profesionales y no piensan que los recursos de los que disponen sean inadecuados. 

Estas razones y otras añadidas podrían construir el corolario de la felicidad del médico: horario, libertad para elegir, salario, saturación en el trabajo, recursos y muchos más factores. Sin embargo, como la felicidad es algo personal, por mucho que se analicen sus causas globales, al final es el médico con nombre y apellidos quien elige la vida que tiene. No debemos echar las culpas de nuestra infelicidad al sistema sanitario o a las condiciones laborales que padecemos. Al final somos nosotros, y no el contexto ni los pacientes, los responsables de nuestra felicidad, por lo que la primera obligación que tenemos es con nosotros mismos, conociéndonos y cuidándonos.