Errare humanum est…


  • Editorial Univadis
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En todas las instituciones sanitarias se producen eventos adversos durante la asistencia, en ocasiones con graves consecuencias para los pacientes: mayor morbilidad, discapacidad y hasta la muerte. Los datos sobre eventos adversos son tan serios que han llevado a que la seguridad del paciente se convierta en la dimensión más importante de la calidad de la atención sanitaria.

En una revisión, la incidencia de eventos adversos asociados a la hospitalización en España era del 9,2%, de los cuales el 43,5% eran evitables. El 7% pudo derivar en una incapacidad permanente y el 7,4% se relacionó directamente con la muerte del paciente. En el Estudio ENEAS se revisaron 5.624 pacientes ingresados en 24 hospitales españoles. La incidencia de pacientes con eventos adversos relacionados con la asistencia sanitaria fue del 9,3% (1,2 por 100 pacientes/día), siendo su incidencia real (excluidos aquellos con origen en la Atención Primaria, consultas externas y ocasionados en otro hospital) del 8,4%. El 37,4% era consecuencia de la medicación, el 25,3% se debía a infecciones nosocomiales y el 25% a problemas técnicos durante un procedimiento. El 45% se consideraron leves, el 38,9% moderados y el 16% graves, siendo el 42,8% evitables.

En la Unión Europea los datos son similares, con una frecuencia de eventos adversos en pacientes ingresados entre el 8-12%, lo que supone alrededor de 5.000 muertes al año (una cada 100.000 habitantes/año). Respecto a la Atención Primaria, el Estudio APEAS mostró que la prevalencia de eventos adversos era del 11,18‰ y la de pacientes con algún evento adverso se situaba en el 10,11‰. El 54,7% eran leves, el 38,0% moderados y el 7,3% graves. En cuanto a las causas, eran similares a las de los enfermos hospitalizados, aunque con porcentajes diferentes: el 47,8% se relacionaba con la medicación, el 8,4% con infecciones asociadas a la asistencia sanitaria, el 10,6% con algún procedimiento y el 6,5% con los cuidados. A pesar de la espectacularidad de todos estos datos, muchos expertos señalan que pueden estar infraestimados, debido a que los estudios no incluyen los eventos adversos que suceden tras el alta o al finalizar la consulta médica.

Los estudios muestran que las áreas que ponen en riesgo la seguridad del paciente son la documentación de la información clínica, las medidas de higiene, la administración de medicamentos y la realización de procedimientos diagnósticos y quirúrgicos. Habitualmente se trata de daños inesperados fruto de una combinación de varios factores y en los que suele intervenir más de un sanitario, por lo que la seguridad del paciente depende tanto de factores organizativos como humanos. Nuestro sistema sanitario posee cantidad de barreras de seguridad y cuando sucede un evento adverso normalmente han fallado varias barreras. Habitualmente no se trata de negligencia o incompetencia profesional, sino de fallos en un sistema que debería ser más fiable, transparente y tener mayores garantías de seguridad. 

Ante la elevada prevalencia los eventos adversos que pueden comprometer la seguridad de los pacientes ¿qué podemos hacer? En primer lugar, analizar la casuística particular del centro, para detectar sus debilidades y realizar mejoras. En el centro psiquiátrico Parc Sanitari Sant Joan de Deu se estudiaron durante tres años los incidentes de seguridad, detectándose un total de 2.940. El 97,6% se relacionaban con caídas, comportamientos agresivos y/o perturbados, drogas, autolesiones, medicamentos, objetos peligrosos y con escapadas. Este análisis generó 56 acciones concretas de mejora de acuerdo con las características del centro. 

Otra cuestión importante es la formación de los profesionales, ya que se ha observado que la formación en seguridad del paciente, tanto pregraduada como posteriormente, es deficiente. Esta formación debe incluir cuestiones como la higiene de manos, la antibioterapia en relación con los microorganismos resistentes (se ha detectado falta de conocimiento en el 66% y 61% de los profesionales, respectivamente) o el manejo de los eventos adversos, tanto su investigación como la identificación (el mismo trabajo detectó falta de conocimiento en el 62% y 56%, respectivamente). Si no conocemos los riesgos de que se produzcan eventos adversos y sus posibles consecuencias, difícilmente serán identificados. En otro estudio, en el Hospital Universitario de San Juan en Alicante, el 82,8% de no había comunicado ningún evento adverso en el último año. 

Sin embargo, a pesar de que se analice la casuística de los centros sanitarios y de que se tenga una adecuada formación profesional, los eventos adversos suceden: errar es humano o, más bien, errar es inevitable en el actual sistema sanitario. El riesgo” no existe. Antes de hablar del afrontamiento de los eventos, hay que señalar que vivir un evento de seguridad impacta enormemente en el sanitario. Por un lado, profesionalmente (en un estudio el 88% admitió preocuparse por la seguridad del paciente sólo después de incidentes adversos), pero también psicológicamente: en el mismo estudio el 65% sintió miedo de hablar sobre los eventos. Si son graves y tienen consecuencias, los incidentes de seguridad pueden ocasionar secuelas profesionales y personales duraderas, a pesar de que el profesional no sea responsable directo del evento.

Sucede el evento adverso y … ¿qué hacer? ¿lo ocultamos? ¿engañamos si es preciso al paciente? Su manejo es difícil y debe realizarse dentro de un marco institucional que oriente y apoye al profesional y que busque, al mismo tiempo, lo mejor para el paciente. La respuesta profesional e institucional durante las primeras horas es determinante para la recuperación del paciente, el restablecimiento de su confianza en la institución y en el sistema sanitario, y para la rehabilitación psicológica de los profesionales implicados. Además de intentar reparar el daño, es importante realizar una comunicación abierta y sincera, mostrando empatía y apoyo tanto al paciente como a los profesionales que lo necesiten. Se trata de establecer un proceso de clarificación y asunción de responsabilidades con la finalidad de restituir daños y aprender de lo sucedido, no de culpabilizar.

Para mejorar la seguridad de los pacientes y establecer una “cultura de seguridad”, tiene que haber un liderazgo efectivo multinivel. Ya se ha señalado la trascendencia que tiene la actitud tanto de la institución como de los profesionales (normalmente más de uno), pero existen dos niveles más, el profesional y el político. El Grupo de Trabajo sobre Seguridad y Calidad del Paciente de la Sociedad Española de Oncología Radioterápica evaluó si las recomendaciones nacionales e internacionales de seguridad estaban incluidas en la legislación española. Se detectó la necesidad de actualizar nuestro sistema normativo de conformidad con la norma europea y con la Estrategia de Seguridad del Paciente 2015-2020 del Sistema Nacional de Salud. En cuanto al nivel profesional, las sociedades y asociaciones científicas tienen que colaborar emitiendo recomendaciones y difundiendo la cultura de seguridad. Si conseguimos todo esto, Errare humanum est, sed minus (pero menos).