Entrevista a Carme Valls Lloret: “Medicina con perspectiva de género”

  • Andrea Jiménez

  • Maria Baena
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Cuando Carme Valls Llobet (Barcelona, 1945) decidió que quería estudiar Medicina, su padre le aconsejó que descartara “esa carrera que no era para mujeres”. Haciendo caso omiso de aquella advertencia, se licenció en la Universitat de Barcelona y se especializó en Endocrinología. Pionera en plantear las diferencias en mortalidad y morbilidad entre sexos en la investigación en España, Valls es en la actualidad un referente en la medicina con perspectiva de género. Desde el 1983 lidera el programa Mujer, Salud y Calidad de Vida en el Centro de Análisis y Programas Sanitarios (CAPS), institución dedicada a investigar y señalar las diferencias de género en la salud y en los servicios sanitarios, y en la que ocupa el cargo de vicepresidenta. Entre 1999 y 2006 ejerció como diputada en el parlamento catalán por la coalición PSC y Ciutadans pel Canvi. Desde la oposición promovió iniciativas enfocadas hacia una mejor atención a la violencia de género, como la creación del teléfono de ayuda, que entonces no existía en Cataluña. Es autora de diversos libros de divulgación científica, y ha dirigido una colección de más de 20 libros sobre salud publicados por el Círculo de Lectores. La revista Mujeres y Salud, de la que es miembro del consejo de redacción, recibió el Premio Buenas Prácticas de Comunicación No Sexista, de la Asociación de Mujeres Periodistas de Cataluña.

En la década de 1990 impulsó la inclusión de mujeres en los ensayos clínicos y el rigor científico aplicado al estudio de los problemas más habituales en el sexo femenino. ¿Cuándo se percató de que existía esta discriminación de género en el ámbito de la medicina y la ciencia? 

Cuando empecé a estudiar la carrera me di cuenta de que las mujeres éramos completamente invisibles. Aunque algo hemos progresado, avanzamos muy lento, ¡la brecha entre sexos sigue siendo abismal! A día de hoy no se aplican a las mujeres tratamientos que hayan sido bien investigados. Los ensayos están diseñados para los hombres. Y por eso necesitamos introducir cambios fundamentales en la ciencia y la medicina. Para llevar a cabo un correcto abordaje de la salud de la mujer necesitamos reconocer sus peculiaridades fisiológicas, sociales y psicológicas. Hay que tener en cuenta que la ciencia médica nació en los hospitales, donde había más hombres, y, por lo tanto, se desarrolló con carácter androcéntrico. 

En su libro Mujeres invisibles para la medicina destaca que aplicar la biología diferencial es uno de los grandes retos en el ámbito de la salud.

Tenemos demasiadas evidencias de que la fisiología de la mujer y el hombre son distintas. Por ejemplo, el hígado de la mujer metaboliza de forma diferente los medicamentos. La cascada enzimática que degrada las grasas es mucho más activa en la mujer, absorbe más rápido los fármacos. Y, por lo tanto, requiere dosis distintas al hombre. Con la mitad de la que se nos suele recetar, se conseguiría el mismo efecto. En cambio, a la mujer se le aplican dosis más altas, lo que provoca que esté sobremedicada. Habría que tener en cuenta estas diferencias para tratarlas adecuadamente. Pero estos principios tan evidentes de farmacocinética diferencial no se enseñan. He hablado con estudiantes de facultades de medicina de 4° y 5° curso y no tienen estos conocimientos. ¡No me lo explico!

En su libro Medio ambiente y salud. Mujeres y hombres ante un mundo de nuevos riesgos habla sobre la escasa información que existe en torno a las relaciones entre medio ambiente y salud, destacando el impacto perjudicial de los disruptores endocrinos para las mujeres.

En el 2012 empezaron a ser reconocidos por la Organización Mundial de la Salud, pero desde el 2009 la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) ya se había pronunciado sobre los disruptores ambientales: insecticidas en los alimentos, derivados de plásticos, conservantes, etc. De lo que no se habla tanto es cómo estos afectan a la mujer mucho más que al hombre por dos aspectos básicos. Nuestros cuerpos poseen hasta un 15% más de grasa que los del varón porque tenemos que fabricar leche. Los productos tóxicos se metabolizan en esta grasa y esa materia extra provoca que las sustancias a disolver aguanten más tiempo en el cuerpo. Lo que hace que la mujer sea más vulnerable a su exposición ambiental; la mujer es una bioacumuladora química. Por otro lado, diversos estudios señalan cómo los disruptores interfieren en el ciclo menstrual e influyen en la salud reproductiva. Por eso es tan necesario incorporar y aplicar todos los aspectos de la ciencia de la diferencia en todos los campos de la ciencia de la salud.

¿En qué campos consideras que la medicina ha avanzado más?

La disciplina médica cardiovascular es la que más cambios positivos ha presentado. Hasta mediados de los 90 no existían trabajos de investigación que abarcaran a las mujeres. Directamente se las excluía de los estudios. En la actualidad, el 38% de los estudios sobre mortalidad en cardiología ya las incluyen. No obstante, seguimos siendo invisibles. Todavía el 62% de los ensayos se diseñan con hombres. Recordemos que tanto la cardiopatía isquémica como el accidente cerebrovascular constituyen dos de las enfermedades por las que van a morir más mujeres a nivel mundial. 

¿Qué disciplinas en el ámbito de la salud siguen presentando un sesgo de género más pronunciado?

Precisamente aquellas que tienen una mayor incidencia en mujeres, como las enfermedades crónicas, que son las menos estudiadas y de las que se publican pocos trabajos. Supongo que la explicación radica en que no causan una mortalidad inmediata, pero sí cambian la vida a peor y la dificultan mucho. La carencia de vitamina D, problemas de tiroides, enfermedades autoinmunes, la bulimia, la anemia: son dolencias que han sido olvidadas. Por no hablar del ciclo menstrual y la sexualidad femenina, donde falta tanta investigación.

Un dato muy curioso en torno a la experimentación animal es que todavía se sigue investigando mucho más con ratas machos que con hembras.

Casi todos los fármacos para el corazón o el colesterol se han estudiado en ratones machos en un 75% de los casos. Sólo en el 4% de este tipo de experimentaciones se utilizan ratas mixtas, de los dos sexos. Como ya ha señalado Rebecca Shansky, neurocientífica de la Northeastern University en Boston, muchos científicos justifican no ensayar con hembras por creer que son hormonalmente inestables. Pero en un artículo que la misma Shansky publicó en la revista Science en el 2019, se concluía que, tras haber estudiado 300 trabajos con machos, las hormonas eran absolutamente variables según la camada. Resulta que si metes en jaulas a ratas machos generan jerarquía y dominancia. Una rata alfa puede presentar hasta cinco veces más niveles de testosterona que los roedores dominados. Muchos fármacos para la ansiedad, la depresión, son estudiados en estos animales. ¿Qué connotaciones tiene para la salud de las mujeres si se experimenta con machos que presentan tanta variabilidad hormonal? Este dato demuestra hasta qué punto estamos haciendo mal la ciencia básica.

Según tu experiencia como experta en salud y tras tu paso por la política, ¿las leyes de cuotas sirven para avanzar en la igualdad de oportunidades para la mujer?

En los sectores donde sí se han aplicado este tipo de medidas ha tenido un impacto muy beneficioso, como en la política. Pero estas iniciativas no han trascendido a la medicina ni a la ciencia. Aún hacen falta muchos más esfuerzos para conseguir un progreso. Se ha visto cómo los equipos que incluyen mujeres llevan a cabo una investigación más completa. Algunos países como Canadá, Estados Unidos o Suecia, aplican la norma de no destinar fondos públicos a trabajos que no integren mujeres en los equipos de investigación, es decir, a aquellos proyectos que no hagan investigación diferencial. Pero en España aún nos falta mucho…

Cada vez hay más mujeres que estudian medicina y que trabajan en el ámbito de la salud, pero siguen siendo los hombres quienes ocupan los cargos de responsabilidad. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), aunque 7 de cada 10 estudiantes de medicina son mujeres, todavía existe un “techo de cristal” para acceder a los puestos jerárquicos. 

La brecha de género se sigue perpetuando entre los altos cargos de la profesión médica, y lo hace absolutamente en todas las especialidades. En España, el 60% de los especialistas en ginecología son mujeres, pero no existen catedráticas de esta disciplina en activo. Lo mismo ocurre en pediatría, la mayoría son mujeres, pero cuando se trata de puestos de mayor relevancia, ¿dónde están? ¡No hay! Las direcciones de atención primaria y de hospitales están a cargo de hombres. Y esto es porque no existen condiciones para conciliar. Las mujeres no suelen tenerse en consideración en la toma de decisiones a nivel mundial o nacional para la salud, lo estamos viendo con la respuesta a la COVID-19.

¿Cómo se ha visto agravada la brecha entre sexos por la actual pandemia?

Se ha difundido la idea de que los hombres son víctimas más vulnerables ante este virus y esta afirmación es del todo falsa. Los hombres se mueren más porque las mujeres somos más resistentes a las infecciones, pero, en realidad, estamos mucho más expuestas a este virus. Según las Naciones Unidas Mujeres, a nivel mundial, las mujeres conforman el 70% del personal sanitario y se infectaron más. En España el 75,5% de las infectadas fueron mujeres, porque son doctoras, enfermeras, auxiliares, trabajadoras de residencias de ancianos, matronas, personal de limpieza: las mujeres se encuentran en primera línea de respuesta ante la COVID-19.

Por otro lado, los hombres constituyen la gran mayoría de los participantes en ensayos de investigación que se han llevado a cabo alrededor del SARS-CoV-2. Se estima que en sólo 4 de 2.000 estudios realizados participaron mujeres.

¿Qué iniciativas en salud consideras prioritarias?

Me centraría en tres aspectos urgentes. En primer lugar, aplicar ciertas normas. No se puede permitir llevar a cabo trabajos de investigación con fondos públicos que no incluyan a mujeres. Además, existe una urgencia de cambiar los planes de estudio. No se puede hacer docencia universitaria a partir de planes que omitan la perspectiva de género, que no incluyan las diferencias en los aspectos biológicos psicológicos y sociales. Y esto mismo aplicarlo a las guías de atención primaria que se utilizan, los protocolos deben integrar la perspectiva de género.

Por último, se deben elaborar todas las estadísticas del mundo desde la segregación por el sexo, porque ahí se ven las desigualdades. Si no estudiamos los números de forma correcta, si nos olvidamos de la mitad de la población, ¿cómo se pueden hacer buenas políticas en ámbitos como la medicina y la salud?