Eliminación del VHC para 2030


  • Editorial
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La mortalidad global por hepatitis pasó del décimo al séptimo lugar entre 1990 y 2013, superando a la mortalidad por tuberculosis después de 2010 y a la mortalidad por infección por el VIH en 2013(1) . Esto explica la reciente resolución de la OMS para crear una política dirigida a la eliminación de la hepatitis vírica para 2030(2). Los ambiciosos objetivos son una reducción del 30 % y del 90 % de los casos nuevos de hepatitis B y C y una reducción del 10 % y del 60 % de la mortalidad en 2020 y 2030, respectivamente, en el 80 % de los pacientes tratados.

Objetivos de la OMS para 2020 y 2030(2)

Esto implica líneas de acción tanto preventivas (vacunación contra el VHB, prevención de la transmisión de madre a hijo y seguridad de las transfusiones e inyecciones) como terapéuticas (reducción del riesgo, acceso sencillo y asequible a las pruebas diagnósticas y al tratamiento de las infecciones por los virus de la hepatitis B y C).

Diez países han declarado una política firme de eliminación del VHC y entre el 50 % y el 60 % de los países tiene un plan nacional; entre el 37 % y el 55 % disponía de fondos dedicados a esta erradicación en 2016(3). Los casos hipotéticos que incluyen pruebas diagnósticas de cribado/acceso a atención sanitaria/tratamiento y seguimiento de los pacientes curados sugieren una posible eliminación en los países europeos dentro del plazo previsto, pero muestran que será difícil que se consiga la eliminación en Estados Unidos y, especialmente, en África.

 

Proceso asistencial en Europa(4)

 

¿Cuál es el papel de los profesionales sanitarios?

Teniendo en cuenta el proceso asistencial en Europa(4), incluso si las cifras a menudo son exageradas, deben tomarse tres líneas de acción principales(5) que atañen a toda la comunidad asistencial:

1. Mejora del cribado: mejor adiestramiento y formación del personal médico y paramédico, facilitación del diagnóstico con pruebas genómicas de diagnóstico inmediato.

2. Mejora del acceso a la asistencia médica: mejora en el acceso a especialistas o no especialistas, prescriptores médicos o no médicos conforme a las estructuras asistenciales, localización conjunta de estructuras no solo para el diagnóstico y el tratamiento de la infección por el virus de la hepatitis C, sino también para enfermedades concomitantes (consumo de alcohol, consumo de sustancias, sustitución de opiáceos, trastornos psiquiátricos, etc.) y conocimiento de la seguridad y la eficacia de los antivirales orales.

3. Información sobre los tratamientos antivirales y su coordinación con las otras enfermedades: el tratamiento antiviral de forma aislada no es suficiente para conseguir la eliminación del VHC. Para abordar el «agotamiento diagnóstico del VHC» (un número cinco veces mayor de infecciones nuevas que de diagnósticos en 2016 en 10 de los 91 países estudiados y un número cinco veces menor de curaciones virológicas que de infecciones nuevas en 23 de los 91 países estudiados)(6) es indispensable una política proactiva dirigida a los cambios de conducta: información, política de reducción de riesgos que incluya programas de intercambio y sustitución de jeringuillas, conocimiento de las enfermedades concomitantes hepáticas y reducción de los costes de la medicación (los genéricos actualmente disponibles son tan eficaces y bien tolerados como los productos de marca). Las políticas de microeliminación en poblaciones que ya son foco de atención (pacientes sometidos a politransfusiones, como los que padecen hemofilia; pacientes con insuficiencia renal, especialmente aquellos en tratamiento con hemodiálisis; pacientes con cirrosis descompensada; excombatientes) y, especialmente, en poblaciones vulnerables que presentan una alta exposición a la infección y reinfección (reclusos; consumidores de drogas; hombres que tienen relaciones sexuales con hombres; migrantes) proporcionarán una esperanza de eliminación del VHC.

 

Profesor Stanislas Pol