El uso prolongado de glucocorticoides a alta dosis afecta al pronóstico de la COVID-19

  • Carmen Espinosa

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Al inicio de la pandemia de la COVID-19, cuando todavía no había vacunas, se tenían dudas a la hora de valorar el riesgo de estar recibiendo tratamiento inmunosupresor en el momento de adquirir la infección por SARS-CoV-2 debido a que algunos pacientes evolucionaban a un mayor riesgo de hospitalización mientras que en otros no tuvieron efecto o tuvieron un efecto protector.[1,2

Motivada por estos resultados contradictorios, la Dra. Ana Requena y su equipo del Karolinska Institutet (Suecia), quiso saber si los pacientes que ya estaban tomando algún tratamiento inmunosupresor para tratar enfermedades previas en el momento del diagnóstico de la COVID-19 tenían un peor pronóstico (gravedad de los síntomas o mortalidad por COVID-19). 

Para ello, los investigadores pudieron analizar, y esta es una de las novedades del estudio, una cohorte de más de 1.000 pacientes del Hospital de Karolinska, que ya tenían una enfermedad base, a diferencia de otros estudios,  en los que el grupo de control era población sana. Hicieron una clasificación de los pacientes en cuatro grandes grupos en función del medicamento que tomaban: glucocorticoides a altas dosis, anticuerpos monoclonales dirigidos contra las células B (para tratar leucemias y algunas enfermedades autoinmunes), cualquier otro fármaco inmunosupresor y todos los demás.

Una de las dificultades fue que los investigadores no pudieron controlar muy bien la gravedad de la enfermedad de base y además tuvieron que agrupar los pacientes con diferentes enfermedades que pueden tener diferente gravedad por grupos de enfermedades (ejemplo: enfermedades autoinmunes) con las limitaciones que eso comportaba.

En este sentido, entre los pacientes había personas con patologías de tipo autoinmune subyacente como lupus o colitis ulcerosa, o personas trasplantadas, por lo que ya partían de un estado de salud más deteriorado.

Hallazgos

El estudio no halló una asociación entre recibir fármacos antineoplásicos u otros tipos de inmunosupresores de tipo biológico administrados previo al diagnóstico de la COVID-19 con un peor pronóstico de la enfermedad (hospitalización, eventos cardiíacos, embolismos pulmonares y mortalidad).

No obstante, sí que se encontraron diferencias entre pacientes trasplantados y con cáncer o enfermedades autoinmunes que podrían deberse a la gravedad de las mismas enfermedades de base. “En nuestro estudio, los pacientes trasplantados tenían menos probabilidades de ser hospitalizados mientras que sí se asociaron con un aumento de las probabilidades de ingreso en la UCI. Esta discrepancia podría estar justificada porque incluimos visitas ambulatorias y llamada telefónica de largo plazo en pacientes trasplantados bien controlados que no requirieron hospitalización y también por pacientes con cáncer avanzado que no suelen ser candidatos a cuidados intensivos”, explicó a Univadis España la Dra. Requena.

Por otro lado, “en aquellos pacientes que recibían de forma crónica altas dosis de esteroides, sí se asoció con una tasa más alta de hospitalización, de eventos cardiíacos, embolismo pulmonar y mortalidad, independientemente de otros tratamientos inmunosupresores”, indicó la también investigadora de ISGlobal.

El efecto nocivo de la exposición crónica a los glucocorticoides antes de contagiarse de la COVID-19 “podría estar particularmente relacionado con la supresión de la respuesta de células T inmunitarias. En consecuencia, los pacientes pueden no manifestar signos comunes y los síntomas de infección claramente conducen a una falla en el reconocimiento temprano de la infección”, manifestó la Dra. Requena.

Riesgo

Debido al propio diseño del estudio, descriptivo observacional, los investigadores no pudieron evaluar el riesgo de los pacientes y solo pudieron medir la asociación. “Hacen falta más estudios prospectivos para valorarlo. Además, la asociación con glucocorticoides, pero no con otros inmunosupresores y la COVID-19, puede estar impulsada por la gravedad de la etapa de la enfermedad subyacente. Esto puede diferir dependiendo del tipo de enfermedad, ya que múltiples estudios han notificado una mayor mortalidad en pacientes trasplantados y con cáncer hematológico”, concluyó la investigadora.

Además, el estudio aporta más evidencia de que no hay una asociación entre los fármacos antineoplásicos u otros tipos de inmunosupresores de tipo biológico con una peor evolución de la infección por la COVID-19, sugiriendo que no hay evidencia para retirar este tipo de tratamientos de forma preventiva.