El trasplante de hígado de donante vivo comporta tasas de supervivencia más altas que el de donante fallecido (Ann Surgery)


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El trasplante de hígado de donante vivo conlleva tasas de supervivencia más altas a los 3 años y menores costes que el de donante fallecido, según una investigación llevada a cabo por investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad Pittsburgh (Estados Unidos) que ha sido publicada en Annals of Surgery.

Cada año se realizan aproximadamente 8.000 trasplantes de hígado, según la Red de Obtención y Trasplante de Órganos, de los cuales menos del 5% son de donante vivo. Además, aproximadamente el 25% de las personas en lista de espera mueren cada año esperando un trasplante, y las personas que finalmente reciben un trasplante a menudo han pasado un periodo prolongado en la lista de espera, lo que provoca un peor estado de salud en el momento del trasplante.

"Las consecuencias para los pacientes en la lista de espera pueden significar la diferencia entre la vida y la muerte porque cuanto más tiempo están esperando, más enfermos se vuelven. Los trasplantes de hígado de donante vivo, junto con los trasplantes de hígado de donante fallecido, representan una oportunidad para disminuir significativamente el riesgo de mortalidad en la lista de espera, y nos da la capacidad de trasplantar a una persona antes", señalan los investigadores.

En su estudio, comprobaron que los receptores de trasplante de hígado de donante vivo tenían una supervivencia de alrededor del 5% mayor sobre los receptores de hígados de donantes fallecidos. Además, tuvieron una estancia hospitalaria de 11 días, en comparación con los 13 días para aquellos que recibieron un hígado de un donante fallecido, así como menos probabilidades de recibir una transfusión de sangre intraoperatoria y de diálisis postrasplante.

Los costes hospitalarios relacionados con el trasplante también fueron un 29,5% más bajos para los receptores de hígados de donantes vivos, y la tasa global de complicaciones fue del 20%. "El trasplante de hígado de donante vivo debe considerarse la primera y la mejor opción para la mayoría de los pacientes con enfermedad hepática y no es solo una opción para los que están en la lista de espera", concluyen los autores.