El telepaciente

  • Dr.Miguel Álvarez Deza

  • Editorial
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El SARS-CoV-2 no solo ha alterado nuestra salud sino también la asistencia sanitaria que se presta a los pacientes. Se han multiplicado las consultas médicas telefónicas y se han reducido las presenciales hasta tal punto que actualmente en comunidades como Galicia, solo una de cada cuatro consultas es de presencia física.

La lista de espera para ir al médico de cabecera se está disparando, aunque la situación varía según el profesional y el centro de salud.

En algunos casos el tiempo de espera supera las dos semanas, como se ha visto en algunas áreas sanitarias de Galicia. En estas fechas se juntan las vacaciones de algunos facultativos, las bajas y, sobre todo, la falta de sustitutos para cubrir las ausencias. El resultado son los enormes retrasos para ir a una consulta que, además, en un primer momento siempre es telefónica. Sin ir más lejos las bajas laborales se tramitan de esta forma, sin ver al paciente.

Para cualquier enfermedad aguda no tiene sentido una cita al cabo de dos semanas y para el manejo de los crónicos no es la mejor estrategia. Todo esto rompe la accesibilidad y la longitudinalidad de la atención primaria.

Durante la pandemia la gente se ha olvidado de que el resto de patologías siguen existiendo exactamente igual que siempre, y que hay muchas patologías que necesitan seguimiento y no se pueden retrasar. ¿Cuántas muertes innecesariamente prematuras y sanitariamente evitables se habrán producido en los domicilios?

Así, el COVID-19 ha puesto el foco en la necesidad de apostar por la telemedicina, un modelo que en España se ha introducido poco en la sanidad pública, reduciéndose a proyectos como la e-consulta o video-consulta con los especialista hospitalarios, mientras que la iniciativa privada y las aseguradoras han apostado algo más por este servicio.

El progreso en las tecnologías de la información y las comunicaciones aplicadas a la salud ha sido fundamental, todo ello junto con el uso generalizado de internet en los hogares y el incremento de las capacidades de los teléfonos móviles y otros dispositivos, que han propiciado el desarrollo de la actual telemedicina.

Las consultas médicas basadas exclusivamente en la telemedicina son contrarias a las normas deontológicas. Es, por tanto, fundamental adaptar primero la legislación a la práctica clínica.

La telemedicina se presenta por tanto como instrumento clave para hacer una sanidad más sostenible y mejorar la salud de las personas: ahorro de costes y mayor eficiencia a nivel asistencial, además de suponer una importante mejora de la prestación sanitaria en regiones consideradas inaccesibles o de difícil acceso a la asistencia sanitaria.

Esta nueva forma de atención sanitaria, que algunos gestores quieren acelerar e imponer a toda costa, va a afectar indudablemente a la relación médico paciente. Una relación en la que la interpretación de los estados emocionales, expresión facial, manos y tono de voz; la empatía y la escucha activa son fundamentales.

En la consulta, cada gesto, cada sonrisa, cada mirada, tienen varias interpretaciones posibles, que nos ayudan a un diagnóstico más completo del paciente.

El Dr.Miguel Álvarez Deza es especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública.