El Sistema Nacional de Salud está tensionado, lo que le resta capacidad para poder afrontar los nuevos desafíos que se plantean


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El Sistema Nacional de Salud no goza de buena salud porque está sometido a mucha tensión social, lo que le provoca claros síntomas de agarrotamiento. Este es uno de los principales diagnósticos que ha salido de la última mesa de debate celebrada en el marco del V Congreso Nacional de Relaciones Institucionales (CNRI), que ha tenido lugar en el Hospital Universitario 12 de Octubre, en Madrid.

En palabras de Guillem López Casanova, economista de la salud: “El sistema sanitario está trabado por las presiones de los diferentes stakeholders que actúan en el sector, lo que hace que le falten mecanismos para poder dar respuesta a lo que se nos viene”. Así arrancó el coloquio, moderado por Boi Ruiz, exconsejero de Sanidad de Cataluña, cuyo objetivo era hacer un diagnóstico del sistema sanitario desde los tópicos que lo rodean y apuntalar las soluciones más factibles para mejorar el modelo actual.

A juicio de López Casanova, el sistema adolece de una incesante preocupación por la sostenibilidad más que la solvencia, por los ‘to do’ en lugar de los necesarios ‘not to do’, lo que le resta capacidad para poder apreciar la urgencia de los nuevos desafíos a los que hay que hacer frente.

Hasta aquí el diagnóstico. En lo que se refiere al tratamiento, para el economista, la receta pasa por tres ámbitos: en el macro sería la internalización del conflicto; en la parte meso-organizativa habría que profundizar en la autonomía de las organizaciones; y a nivel micro se debería apostar por la profesionalización del sistema.

Joaquín Estévez, presidente de la Sociedad Española de Directivos de la Salud (Sedisa), coincidió con que la situación del SNS es muy negativa en lo que se refiere a estructura y procesos, principalmente por la falta de profesionalismo en la toma de decisiones, aunque, por fortuna, “tenemos buenos resultados en salud de cara a los pacientes gracias a la implicación de los profesionales”, apuntó.

En este contexto, Estévez enumeró varios tópicos muy manidos sobre la Sanidad española, como que el paciente está en el centro del sistema, que nuestro sistema es el mejor del mundo o que se profesionaliza la gestión “cuando no son ciertos”. En su lugar, el presidente de los directivos sanitarios denunció una falta de transparencia, de medición de resultados y de profesionalización, realidad que se podría cambiar con una nueva legislación que tendiera hacia un sistema más flexible en el que se cuide más a los profesionales sanitarios.

El actual encorsetamiento en el modelo tradicional de gestión que hay en la mayoría de los hospitales y la centralización de decisiones que adoptaron las consejerías y los servicios de salud, con la excusa de la crisis, no permite una autonomía de gestión, aseveró Estévez.

Asimismo, se lamentó de que, con las disculpas de las crisis y los enfrentamientos políticos, nadie se ha sentado a buscar soluciones a medio y largo plazo que pongan sobre la mesa un pacto de estado que establezca unas nuevas reglas del juego y busque una mayor eficiencia del Consejo Interterritorial.

En el tema de la profesionalización también ahondó Carlos Moreno, exdirector general de Ordenación Profesional en la época de Dolors Monserrat al frente del Ministerio de Sanidad, quien sugirió que esta podría pasar por exigir a los directivos sanitarios una recertificación de sus competencias que garantice su validez en la tomar decisiones.

Por otro lado, hizo hincapié en la necesidad de evaluar más las políticas y las gestiones sanitarias que se ponen en marcha, antes, durante y después, “durante todo el proceso para tener la certeza de que funcionan y estamos acertando”, arguyó, poniendo como ejemplo la Comunidad de Madrid en la que, en los últimos años, se ha ido cambiando el modelo de gestión una y otra vez sin saber realmente cuál es el que funciona.

Financiación suficiente

Moreno también quiso tocar el tema de la financiación finalista de los servicios sanitarios como otro tópico que, hoy en día, es inviable y subrayó que, siendo deseable que haya una suficiencia financiera de los recursos, no es posible una financiación finalista “porque comprometería los principios de autonomía y descentralización del sistema sanitario”, aseveró.

En este sentido, Estévez pidió que los presupuestos sean realistas, ligados a objetivos asistenciales y derivados de un plan de gestión, no basados en los del año anterior porque entonces “desde el principio, serán insuficientes”.

Del tema económico también habló la doctora Olga Delgado, jefa de Servicio de Farmacia Hospitalaria del Hospital Universitario Son Espases, en Baleares, que fue la última en intervenir en la mesa de debate. Delgado indicó que uno de los tópicos que siempre se utilizan es “que no hay dinero” aunque ella considera que el sistema sanitario se mueve en un ambiente de riqueza, con medios suficientes, en el que se incorpora todo lo que sale al mercado.

Para ponerlo de manifiesto, expuso que, en momentos de crisis, siempre se pueden estirar los recursos y los tratamientos llegan a todos los pacientes, “como ocurrió en el caso de la hepatitis C que surgió en un momento de crisis donde los recortes eran muy fuertes y la terapéutica se incorporó sin problemas”, dijo. En este sentido, Delgado señaló que, a su juicio, no existe inequidad en el acceso a la innovación terapéutica, sino que las diferencias que pueda haber son muy sutiles.

A su juicio, el principal problema del sistema sanitario es que no existen límites en el uso que hacemos de él, “no se dice que no a nada, lo que significa que no hay gestión, que el sistema se mueve sin referentes serios y que va a la deriva”, sentenció.