El mundo de la monitorización del sueño: de las apps a los colchones inteligentes.


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Está fuera de dudas que dormir bien es necesario para llevar una vida saludable, pero también que el sueño puede analizarse como síntoma de algún tipo de patología. Los trastornos del sueño son los primeros que aparecen y los últimos que desaparecen en determinadas situaciones de conflicto o estrés psicológico, y además pueden ofrecer signos fehacientes de determinadas alteraciones orgánicas de importantes implicaciones clínicas, como la apnea del sueño. El estado vital de una persona dependerá también de si duerme con la debida regularidad y con calidad suficiente. Rara es pues la anamnesis en la que el médico no pregunta a su paciente qué tal duerme.

Hoy es posible cuantificar de manera sencilla el sueño. Dispositivos móviles, algunos sensores de uso común, incluso aparatos específicos a pie de cama o bajo el colchón permiten disponer de datos continuos sobre cómo duerme una persona, y con distintos niveles de información y análisis al respecto. En este artículo veremos algunos ejemplos.

Lo más sencillo son las apps que pueden descargarse en el teléfono móvil y usarlas durante la noche para registrar los sonidos que se pueden detectar provenientes del paciente. Tuvieron bastante éxito por la originalidad del planteamiento y la sencillez de uso. Una persona interesada en saber si padece una apnea del sueño puede descargar la aplicación y arrancarla en el teléfono, en su mesilla, al irse a dormir. La aplicación recoge a través del micrófono del teléfono los ritmos respiratorios, la existencia de ronquidos, o las situaciones más paroxísticas compatibles con la apnea del sueño, generalmente caracterizada por un periodo de silencio interrumpido por una respiración abrupta que es fácilmente detectable.

Hay que decir que estas app (podemos poner como ejemplos Sleep As Android , Sleep Cycle , Snorelab o Sleep Time ) han crecido espectacularmente en funcionalidades y ofrecen datos de interés. No sólo elaboran unas gráficas muy bien construidas, sino que por ejemplo permiten al paciente apuntar elementos ambientales que pueden alterar su sueño, calificarlo cualitativamente según su sensación de descanso, discriminar sonidos de distintas personas, sugerir determinadas horas para irse a dormir, y otras funcionalidades añadidas. Algunas incluso se atreven a ponderar el ruido de las sábanas como indicador de estados de agitación nocturna. Son perfectamente recomendables para poder calibrar, durante un periodo de tiempo determinado, la posible existencia de episodios de ronquidos o apnea, y para cuantificar las horas de sueño efectivo.

De las apps pasamos a los dispositivos cuantificadores, los llamados wearables. Todos los que se comercializan con un determinado nivel de calidad trabajan con un algoritmo que permite valorar el nivel de movimientos del paciente durante el tiempo que pasa en la cama. Una pulsera Fitbit , por ejemplo, es capaz de interpretar los movimientos y ofrecer un índice de calidad en el sueño, al mismo tiempo que sirve para determinar con bastante exactitud el tiempo efectivo de descanso, las horas entre las que se ha dormido, y la existencia de episodios nocturnos de movimiento o agitación.

Los primeros modelos de estas pulseras obligaban al usuario a activar un comando en el momento en el que se iniciaba el descanso, y desactivarlo al levantarse. Los modelos actuales permiten automatizar esta función mediante detección algorítmica automática. También hay que decir que son modelos más pequeños, menos intrusivos, que molestan escasamente durante el tiempo en el que se está en la cama. Ofrecen información precisa del tiempo de descanso y las horas en el que éste se ha producido. Esta función, por cierto, ha sido reforzada en modelos más sofisticados de relojes inteligentes, como el Apple Watch o las gamas más recientes de Samsung y Huawei.

Finalmente llegamos a un apartado mucho más diverso, el de los dispositivos conectados que de alguna manera registran datos provenientes de la cama en la que se duerme, generalmente para ser situados en la mesilla. Existen sistemas de detección de sonidos más sofisticados que los que ofrecería una app en un móvil, como el dispositivo S+ de ResMed . Se trata de un monitor de sueño conjugado con una aplicación de teléfono y una aplicación web que rastrea e interpreta los patrones de sueño mediante análisis de los niveles de luz, ruido y temperatura en el dormitorio. Como curiosidad, ofrece la posibilidad de dictar recordatorios, y sus creadores dicen que esto sirve para descargar la tensión del día.

Otra idea similar es SleepScore , aparato también de mesilla que registra la respiración y el movimiento del cuerpo. Además añade factores como la luz y la temperatura de la habitación, variables ambientales que condicionan lo que a menudo se denomina "higiene del sueño" . Es capaz de generar informes para remisión al médico.

Finalmente, han aparecido en el mercado numerosos sistemas que consisten en placas o pequeños sensores para situar debajo del colchón, como son el dispositivo Live de la empresa Earlysense , el Beddit o Eight Sleep . Su funcionamiento es muy similar. Pretender ser una ayuda invisible, no intrusiva, que reporte directamente a una app información como las horas en las que se ha descansado, los movimientos, o incluso datos sobre respiración o ritmo cardiaco. Con esta información una persona puede disponer de un registro exhaustivo, constante y suficientemente preciso de su descanso, y no sólo actuar mejorando su propio compromiso con las horas de sueño necesarias, sino en su caso facilitando esa información al médico o la enfermera para una susceptible valoración clínica.