El lipedema: la enfermedad desconocida que afecta a un 10 % de las mujeres

  • Andrea Jiménez
  • Noticias
El acceso al contenido completo es sólo para profesionales sanitarios registrados. El acceso al contenido completo es sólo para profesionales sanitarios registrados.

Según los últimos estudios médicos publicados, aproximadamente un 10 % de la población femenina mundial desarrolla lipedema y, sin embargo, esta enfermedad caracterizada por la acumulación anormal de tejido adiposo subcutáneo, sigue siendo desconocida.

“Aunque es cierto que poco a poco se va teniendo más conciencia de este trastorno, aún son muchas las personas que no saben o conocen de su existencia”, expone Alba López, especialista del Centro de Nutrición Júlia Farré.

El lipedema, cuyo origen no se explica todavía y que afecta mayoritariamente a las mujeres, suele comenzar en la pubertad y puede intensificarse tras los cambios hormonales que se sufren por el embarazo o la menopausia. Como explica López, esta enfermedad se manifiesta con “una acumulación de grasa superior a lo esperado o un aumento de volumen en ciertas regiones del cuerpo, rasgos que hacen que a veces se confunda con la obesidad. Pero existen diferencias, entre ellas destaca el hecho de que en el caso del lipedema la acumulación de grasa se da de manera desproporcionada en las extremidades, habitualmente inferiores, pero también en las superiores”.

Generalmente, los síntomas aparecen primero en el tronco inferior, que presentará un volumen aumentado respecto al resto del cuerpo, igual en lado izquierdo y derecho. Otra característica clínica común es que “en el tobillo se observe el llamado signo de cuff o almohadilla del lipedema”, puntualiza la nutricionista, cuyo centro ha atendido en el último año alrededor de 30 afectadas por este problema. A pesar de la alta incidencia que tiene este trastorno en la población femenina, “no son las pacientes principales que acuden a nuestras consultas debido al desconocimiento de gran parte de la sociedad sobre la existencia de este trastorno, pero cada vez es más frecuente, o se detecta con mayor facilidad”, revela López.

Además de la sensación de pesadez, “el lipedema se acompaña del desarrollo de hipersensibilidad o dolor al tacto. En muchas ocasiones presenta, además, la aparición con facilidad de hematomas debido a un aumento de la fragilidad capilar”, destaca la especialista.

Según diversos estudios, el aumento de volumen del tejido adiposo, que ocasiona dolor al tacto, al caminar o al hacer ejercicio, empeora progresivamente con el paso del tiempo, dando lugar a un daño permanente e incapacitante en el sistema linfático y circulatorio, que puede derivar en otras patologías aún más complicadas. 

Diagnóstico y tratamiento

Reconocida como enfermedad por la Organización Mundial de la Salud, el mayor problema que presenta el lipedema es que está altamente infradiagnosticado, es poco conocido por muchos profesionales y sus síntomas suelen confundirse con obesidad.

Aunque las causas que dan origen a este trastorno son poco conocidas, un estudio desarrollado por la Universidad de Padua, Italia, y el Hospital de Lausanne, Suiza, sugiere que se podría deber a cambios microvasculares y linfáticos combinados con una susceptibilidad genética y factores hormonales. “Si bien no se conocen los desencadenantes reales de esta alteración, el estilo de vida desempeña un papel muy importante en el control de síntomas, por ello seguir una dieta antinflamatoria resulta muy importante. Por el contrario, llevar una dieta desequilibrada o un estilo de vida sedentario pueden ser factores que agraven la situación, aunque no sean los causantes”, agrega la experta del Centro de Nutrición Júlia Farré.

En la actualidad, el tratamiento para esta afección crónica está enfocado principalmente en reducir su rápida progresión y se puede clasificar en dos grupos. “Por un lado, la intervención quirúrgica permite una reducción de la grasa localizada asociada puramente al lipedema y el tratamiento conservador, que incluye un conjunto de medidas que tienen por principal objetivo mejorar la calidad de vida de la paciente, mitigar sus molestias y reducir el dolor, favoreciendo que más tarde la cirugía tenga mejor resultado”, expone López. “El tratamiento conservador incluye el uso de medias de compresión, técnicas de drenaje linfático, presoterapia y lipomesoplastia, actividad física y una dieta adecuada, entre otros”, agrega.

De acuerdo con el trabajo antes mencionado, llevar un estilo de vida activo y seguir una alimentación sana es fundamental. Sin embargo, adquirir estos hábitos no previene el aumento de tejido adiposo, aunque puede reducir la inflamación y mejorar la calidad de vida. Puede ser beneficiosa una alimentación que evite los picos glucémicos y de insulina, ya que esta estimula la formación de tejido graso. 

Por otro lado, la resistencia a la insulina puede empeorar el edema, por lo que una alimentación como la dieta mediterránea, que limita los hidratos de carbono de absorción rápida (azúcares libres, cereales refinados, ultraprocesados) y promueve el consumo de los complejos (cereales integrales y legumbres) puede ser beneficiosa.

Como señala el estudio liderado por los investigadores italianos, la actividad física acuática podría ser especialmente beneficiosa, ya que la presión del agua favorece el drenaje linfático y la flotabilidad reduce la carga sobre las articulaciones de los miembros inferiores. El uso de prendas de compresión puede reducir el dolor y la incomodidad de las extremidades afectadas y la terapia linfática descongestiva compleja, que consiste en el drenaje linfático manual asociado con vendajes de compresión multicapa y ejercicio físico, también puede ser útil.

Aunque, como explica López, cada vez son más las mujeres afectadas que acuden a consulta, es necesario continuar investigando para entender los mecanismos que causan la enfermedad y diseñar estrategias terapéuticas multidisciplinares que permitan tratarla de forma eficaz y segura. Algunas organizaciones, como la Asociación de Afectadas de Lipedema de España (ADALIPE), reivindican la urgencia de formar a los médicos del Sistema Nacional de Salud sobre esta enfermedad para obtener un diagnóstico precoz que permita iniciar el tratamiento lo antes posible y que las pacientes puedan acceder al tratamiento conservador dentro del sistema.