El entorno condiciona la actividad física y el comportamiento de los pacientes con EPOC

  • Pura Roy C.
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Caminar es bueno para nuestra salud, incluso para las personas con problemas respiratorios. Así lo pone de manifiesto un nuevo estudio que analiza la necesidad de realizar ejercicio, a pesar de las dificultades del entorno, en las personas con enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). Esta investigación ha sido liderada por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por la Fundación ”la Caixa”  y publicado en la revista Environmental Research.

Los pacientes con EPOC, ya desde fases muy tempranas, reducen su actividad física por la dificultad respiratoria que presentan secundaria a la limitación progresiva del flujo del aire característica de esta enfermedad. Esto puede tener un impacto negativo en la salud, de ahí la importancia de conocer y comprender qué factores ajenos a la enfermedad podrían influir en los hábitos de actividad física de estos pacientes.

“Se conocen mucho las limitaciones fisiopatológicas de las personas con problemas respiratorios, pero no se había estudiado si las características del entorno pueden influir en el ejercicio, como caminar, que pueden hacer estas personas”, explica a Univadis España la doctora Judith Garcia-Aymerich, jefa del programa de Enfermedades No Transmisibles y Medio Ambiente de ISGlobal y una de las participantes en este estudio.

El estudio multicéntrico contó con la participación de 33 centros de asistencia primaria y cinco hospitales en cinco municipios catalanes (Badalona, Barcelona, Mataró, Viladecans y Gavà). En total se obtuvieron datos de 404 pacientes con EPOC entre octubre de 2013 y febrero de 2015. El 85 % de los pacientes eran hombres, tenían una edad media de 69 años y caminaban 7.524 pasos al día. 

Garcia-Aymerich da el contexto de este estudio: “Hemos utilizado hospitales, porque a ellos llegan los pacientes más graves, pero con la atención primaria se pueden abarcar mejor todas las fases de la enfermedad, eso permite que los resultados sean más extrapolables. Hay más hombres en el estudio debido a los porcentajes de prevalencia de la EPOC en España. Las mujeres empezaron a fumar mucho más tarde. Pero posiblemente, otro estudio de estas características dentro de 10 años incluirá a muchas más”.

Por otra parte, “las ciudades elegidas como Barcelona y Badalona cuentan con una densidad poblacional elevada. Además teníamos un fácil acceso a los médicos con los que hemos trabajado y a sus pacientes con distintos grados de la enfermedad. También nos permitía el análisis de distintos entornos ya que queríamos variabilidad en ellos. Barcelona dispone de un gran centro urbano pero también de un litoral”, señala la investigadora.

Para el análisis  los investigadores del estudio utilizaron tres parámetros: la actividad física objetiva (recuento de pasos diarios y tiempo de sedentarismo), la experiencia de actividad física (dificultad percibida durante la actividad) y la capacidad de ejercicio funcional (distancia recorrida durante 6 minutos de marcha).Además se tuvo en cuenta el nivel educativo, estatus socioeconómico, condición de casado, soltero, viudo o divorciado. También si eran trabajadores, desempleados o jubilados para cruzarlos con los parámetros medioambientales en los que estaban inmersos.

Para conocer las peculiaridades ambientales de estos pacientes se usó su dirección residencial geocodificada. Con ella se obtuvieron los datos cercanos a su residencia como la densidad de población de la zona, la extensión de las calles peatonales próximas, la pendiente del terreno y la exposición anual al ruido del tráfico, al dióxido de nitrógeno (NO2) y a partículas (PM2,5).

¿Cómo influyen ciertos entornos urbanos?: conclusiones

La primera conclusión a la que se llegó es que los enfermos que vivían rodeados de una mayor densidad de población reducían su actividad física. “Se pensaba que la densidad podía tener un efecto estimulante por ir asociada a tiendas, servicios y mejor transporte público, pero cuando es muy alta, como en el caso de Barcelona, donde se reclutó al 46 % de los pacientes, tenía efectos negativos debido a que se aumentaba la percepción de los peligros del tráfico y del humo”, explica Garcia-Aymerich . 

“Además, se observó que este efecto negativo era más fuerte en pacientes con síntomas de depresión. También por la vergüenza que les puede causar su sintomatología como la dificultad respiratoria, la tos o la torpeza para caminar en público. Esto al principio era un poco contradictorio con la literatura existente, ya que en la población general se había detectado un mayor estímulo para pasear en lugares con más servicios”, señala.

Otro de los entornos analizados fueron las calles peatonales, para saber si estas incentivaban o no al ejercicio, comprobándose que ayudaban a corregir el sedentarismo. “Existe un debate sobre si esta configuración fomenta directamente el hecho de caminar o es porque en ellas se reduce la contaminación atmosférica”. El estudio relaciona las pendientes cercanas al domicilio como aliadas para ampliar los beneficios del ejercicio.

Garcia-Aymerich comenta también : “Nos encontramos que las personas con EPOC caminan menos que las de su misma edad y sexo. Pero hemos visto que los que sí caminan evolucionan mejor, tienen la mitad de ingresos hospitalarios y la mitad de riesgo de morir. Así que hay que encontrar  incentivos para que se muevan más y provocar cambios en su comportamiento. Esto es difícil por la sensación de ahogo que padecen muchas veces”.

Los niveles altos de contaminación atmosférica pueden aumentar la dificultad respiratoria de estos pacientes, que para evitar la sensación de falta de aire reducen el esfuerzo. El estudio mostró que los niveles de contaminación no incentivan a la actividad física, aumentando los tiempos sedentarios reforzados por la percepción de incomodidad de los pacientes antes esta situación.

“Cuando hay contaminación, no sabemos muy bien que recomendar, es un tema que no está resuelto. En población sana todo apunta a que es mejor ser activo que sedentario, pero faltan más estudios en pacientes con problemas respiratorios. Las estrategias van encaminadas a recomendarles caminar por parques, la orilla del mar o por calles peatonales. Siempre es mejor caminar que estarse quieto”, alega Garcia-Aymerich que trabaja en estudiar los determinantes medioambientales para poder plantear motivaciones que puedan ser eficaces. “Es más fácil que caminen si les dices: vete a pesar un rato con los nietos al parque que si les aconsejas ir al gimnasio media hora. Pero piensa que hay que seguir desarrollando estrategias para promover eficazmente la actividad física en los pacientes con EPOC. Por ejemplo, aconsejándoles a caminar en barrios con colinas, para mejorar su capacidad de ejercicio funcional y en zonas u horas menos contaminadas para aumentar su actividad física y mitigar los efectos negativos de la contaminación atmosférica relacionada con el tráfico", concluye.

Garcia-Aymerich cree que las investigaciones sobre el entorno urbano han ignorado a menudo a estas personas, que representan alrededor del 35 % de la población urbana actual en Europa. Los urbanistas serían de gran utilidad si buscaran ciudades más saludables para las personas.