El ejercicio puede prevenir la insuficiencia cardiaca en mujeres posmenopáusicas (JACC: Heart Failure)


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Un nuevo estudio de la Universidad de Buffalo (Estados Unidos) ha demostrado que caminar más puede reducir significativamente el riesgo de insuficiencia cardiaca en mujeres mayores. La investigación realizada en más de 137.000 mujeres posmenopáusicas de 50 a 79 años de edad evaluó la actividad física en el contexto de la prevención de la insuficiencia cardiaca y sus hallazgos se publican en JACC: Heart Failure.

Además de reducir la insuficiencia cardiaca general en un 25%, el aumento de la actividad física benefició dos subtipos de insuficiencia cardiaca definidos por la función cardiaca: la fracción de eyección reducida, que generalmente tiene un peor pronóstico, y la fracción de eyección preservada, que es más común en adultos mayores, especialmente mujeres y minorías étnicas.

"Este es el primer estudio que informa de que los niveles de actividad física están relacionados con un menor riesgo de desarrollar insuficiencia cardiaca con fracción de eyección reducida en adultos, particularmente en mujeres", afirma el autor principal del estudio, Michael LaMonte.

"Esto es bastante importante desde el punto de vista de la salud pública, dado el mal pronóstico que tiene este tipo de insuficiencia cardiaca una vez que está presente", añade LaMonte. La insuficiencia cardiaca a aproximadamente el 80% de las personas de 65 años o más, un grupo de edad para el cual esta enfermedad es la principal causa de hospitalización.

La insuficiencia cardiaca con fracción de eyección reducida generalmente afecta a personas que han tenido un infarto de miocardio, mientras que la insuficiencia cardiaca con fracción de eyección preservada tiende a ocurrir en personas que no han tenido un infarto pero que presentan hipertensión o diabetes. "El músculo cardiaco se desgasta más o menos y se convierte en una bomba ineficiente, aunque no en el extremo visto con una fracción de eyección reducida", dice LaMonte.

Los autores examinaron la información de actividad física autoinformada por 137.303 participantes en la Iniciativa de Salud de la Mujer (WHI), un estudio prospectivo a largo plazo que ha arrojado importantes conclusiones sobre la muerte y el riesgo de enfermedad en mujeres posmenopáusicas.

Después, analizaron un subconjunto de 35.272 mujeres que tenían fracción de eyección reducida o insuficiencia cardiaca con fracción de eyección preservada. Durante un seguimiento medio de 14 años, se registraron 2.523 casos de insuficiencia cardiaca, incluidos 451 con fracción de eyección reducida y 734 con fracción de eyección preservada.

Como parte de su estudio, los investigadores analizaron el desarrollo del infarto de miocardio antes del diagnóstico de insuficiencia cardiaca. Eso es crucial porque un infarto después de la finalización de la evaluación de la actividad física, pero antes del diagnóstico, podría conducir a resultados sesgados al sugerir una relación más fuerte de lo que sería el caso.

"Teniendo en cuenta esto, nuestros resultados probablemente no se vean influenciados en este sentido -dice LaMonte-. También demostramos que la relación de protección entre la actividad física y el desarrollo de la insuficiencia cardiaca se mantuvo cuando examinamos los cambios en los niveles de actividad física a lo largo del tiempo".

La incidencia acumulada de insuficiencia cardiaca general fue menor con el aumento de la actividad física, en comparación con las mujeres que no informaron de realizar actividad física al inicio del estudio. Cada media de actividad adicional de 30 a 45 minutos estuvo asociada, en promedio, a una reducción del riesgo del 9% para la insuficiencia cardiaca general; del 8% para la insuficiencia cardiaca con fracción de eyección preservada y del 10% para la insuficiencia cardiaca con fracción de eyección reducida.

La actividad física y la marcha se asociaron inversamente con el desarrollo de insuficiencia cardiaca, mientras que la actividad física específica de intensidad (leve, moderada, intensa) no lo fue. Eso sugiere que la cantidad, no la intensidad, de la actividad física realizada puede ayudar a prevenir la insuficiencia cardiaca más adelante en la vida, según los investigadores.

"El hallazgo de que caminar demostró una asociación protectora con la insuficiencia cardiaca y sus subtipos es particularmente importante en un contexto de salud pública -dice LaMonte-. Esto es especialmente relevante dado que caminar es, con mucho, la actividad física más comúnmente reportada en los adultos mayores".