El consumo de verduras encurtidas se asocia con el riesgo de muerte en los pacientes con cáncer de esófago

  • Univadis
  • Clinical Summary
El acceso al contenido completo es sólo para profesionales sanitarios registrados. El acceso al contenido completo es sólo para profesionales sanitarios registrados.

De acuerdo con un nuevo estudio publicado en el European Journal of Clinical Nutrition, el riesgo de muerte de los pacientes con carcinoma epidermoide esofágico puede aumentar por el consumo de carne en salazón y de verduras encurtidas o en conserva.

La tasa de supervivencia global estandarizada por la edad a los 5 años es de solo el 12 -20 %; el resultado indica que las estrategias alimentarias podrían ayudar a abordar el mal pronóstico del cáncer de esófago.

El estudio prospectivo de cohortes se llevó a cabo en la región de Yanting al suroeste de China, una región con un riesgo elevado de cáncer de esófago. Se incluyó a un total de 855 pacientes con un diagnóstico reciente de carcinoma epidermoide esofágico. En la semana posterior al diagnóstico se entrevistó a los pacientes sobre su consumo de alimentos, alcohol y tabaco en los 5 años anteriores al diagnóstico. El seguimiento se realizó cada 2-3 años hasta marzo de 2020.

De la cohorte total de 855 pacientes, 164 (19,18 %) estaban vivos al final del seguimiento. La mediana de la duración de la supervivencia de todos los pacientes fue de 4,59 años, entre 0,73 y 9,15 años. No se produjo ninguna diferencia significativa entre hombres y mujeres en la duración de la supervivencia.

Se definieron tres patrones alimentarios: patrón 1 (cantidad más alta de verduras, frutas, habas y productos frescos y frutos secos), patrón 2 (cantidad más alta de verduras en conserva, verduras encurtidas y carne en salazón) y patrón 3 (cantidad más alta de carne blanca, pescado y gambas). Aproximadamente el 40 % de los pacientes se clasificaron en el patrón 1, mientras que las proporciones clasificadas en los patrones 2 y 3 fueron del 26 % y del 34 %, respectivamente.

El análisis de los datos mostró que cada aumento de 10 puntos en el patrón 2 se asociaba de forma significativa con un aumento del riesgo de muerte del 1,7 % (hazard ratio [HR] ajustada: 1,017; intervalo de confianza del 95 % [IC del 95 %]: 1,003-1,032). Ni el patrón 1 ni el 3 parecían relacionarse con la mortalidad.

Cada aumento de 25 g en la ingesta de verduras encurtidas se asoció de forma significativa con un aumento del riesgo de muerte del 6,0 % (HR ajustada: 1,060; IC 95 %: 1,003-1,121). No se halló ninguna asociación significativa con los otros 13 grupos de alimentos.

En el análisis de sensibilidad en el que se compararon los terciles más altos con los más bajos, el consumo de verduras encurtidas se asoció con un aumento del riesgo de muerte del 21,9 % (HR ajustada: 1,219; IC del 95 %: 1,014-1,465; p de la tendencia = 0,035). El consumo de pescado y de gambas se asoció con una reducción del riesgo de muerte del 19,4 % (HR ajustada: 0,816; IC del 95 %: 0,675-0,986; p de la tendencia = 0,037).

El Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer ha definido las verduras encurtidas como carcinógenos del grupo 2B. El proceso de encurtido implica la fermentación natural, durante la cual los nitratos se convierten en nitritos con facilidad. El nitrito reacciona con las aminas para formar compuestos del grupo N-nitroso, lo que podría provocar daños en el ADN y anomalías en su metilación, además de promover la multiplicación de las células tumorales.

Los autores afirman que los resultados indican que, para abordar el mal pronóstico del cáncer esofágico, debe sopesarse el uso de estrategias alimentarias. Añaden que en el pronóstico del carcinoma epidermoide esofágico se necesitan estudios prospectivos sobre la función de la ingesta alimentaria después del diagnóstico.