El cáncer de inicio temprano es una epidemia mundial emergente

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De acuerdo con una revisión reciente, el cáncer de inicio temprano, a menudo definido como los casos de cáncer que se diagnostican en adultos menores de 50 años, es una epidemia mundial emergente.

Aunque el aumento de la incidencia del cáncer colorrectal de inicio temprano es bien conocido, la tendencia parece extenderse mucho más allá de este tipo de cáncer. Los autores trazaron patrones de diagnósticos de cáncer de inicio temprano en 14 tipos de cáncer distintos, incluidos de mama, próstata y tiroides, durante las últimas 3 décadas y hallaron aumentos en muchos países.

Los autores señalaron que, de los 14 tipos de cáncer, 8 se relacionan con el sistema digestivo, lo que destaca la posible función que pueden desempeñar la alimentación y el microbioma bucal e intestinal en el riesgo de cáncer.

Además, muchos factores de riesgo, como la alimentación, el ejercicio, el sueño y la vacunación contra el papilomavirus humano y otros microorganismos que provocan cáncer, son modificables.

“[Nuestros] objetivos inmediatos deberían ser concienciar sobre esta epidemia de cáncer de inicio temprano y reducir la exposición a los factores de riesgo”, señalaron los autores, el Dr. Tomotaka Ugai y el Dr. Shuji Ogino, de la Facultad de Salud Pública T.H. Chan de la Universidad de Harvard (Boston, Massachusetts, Estados Unidos).

Aunque el aumento del cribado del cáncer ha contribuido a una detección más temprana de los casos de cáncer, también parece estar teniendo lugar un aumento real en la incidencia de algunos tipos de cáncer de inicio temprano.

En esta revisión, los autores examinaron la bibliografía y determinaron las tendencias en la incidencia de 14 tipos de cáncer en adultos de 20 a 49 años de edad de 44 países entre los años 2002 y 2012.

Los autores hallaron que, desde la década de los años noventa del siglo XX, la incidencia de los casos de cáncer de inicio temprano en las mamas, el colon y el recto, el endometrio, el esófago, las vías biliares extrahepáticas, la vesícula biliar, la cabeza/el cuello, el riñón, el hígado, la médula ósea, el páncreas, la próstata, el estómago y la glándula tiroidea ha aumentado en todo el mundo.

Esta tendencia mundial podría reflejar el aumento de las exposiciones a factores de riesgo en los primeros años de vida y en la edad adulta joven, aunque los autores reconocieron que “los efectos específicos de las exposiciones individuales siguen siendo, en gran medida, desconocidos”.

Los autores explicaron que desde mediados del siglo XX se han producido cambios sustanciales en la alimentación, el sueño, el tabaquismo, la obesidad, la diabetes de tipo 2 y las exposiciones medioambientales, lo cual, en conjunto, puede influir en el microbioma intestinal o interactuar con nuestros genes para aumentar la incidencia de los casos de cáncer de inicio temprano. Por ejemplo, la obesidad, el tabaquismo y el consumo de alcohol son factores de riesgo establecidos del cáncer de páncreas y también se han relacionado con el riesgo de enfermedad de inicio temprano.

“El cáncer es una enfermedad multifactorial (y somos conscientes de la importancia de las características genéticas como factor de riesgo y del cribado para la detección temprana), pero este artículo destaca la importancia de los hábitos modificables en el estilo de vida que pueden ralentizar el aumento de los casos de cáncer de inicio temprano”, afirmó la Dra. Marleen Meyers, oncóloga y directora del programa de supervivencia del Centro Oncológico Perlmutter de la Universidad de Nueva York (Langone) (Nueva York, Estados Unidos), quien no participó en la revisión.

Aunque algunos factores modificables como la alimentación y el ejercicio pueden aliviar la incidencia de estos casos de cáncer, los cambios suelen ser difíciles de implantar, añadió la Dra. Meyers. Además, comprender el efecto que determinados factores, como el consumo de alcohol, la obesidad, la actividad física y el retraso en la reproducción, desempeñan en el riesgo de cáncer exige más investigación, pero “hay motivos suficientes en este momento para abordar estos factores de riesgo por los beneficios tanto personales como para la salud pública”, afirmó la Dra. Meyers.

Una versión de este artículo apareció por primera vez en Medscape.com, que forma parte de Medscape Professional Network.