El cambio hormonal protagoniza los problemas de sueño en cada etapa vital de la mujer

  • Dr. Javier Cotelo

  • Maria Baena
  • Noticias de Medscape
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MADRID, ESP. Los problemas de sueño de las mujeres difieren notablemente a los de los hombres porque vienen marcados por los cambios hormonales que suceden a lo largo de las distintas etapas de la vida. Algunas cifras que lo corroboran son que del 75 % al 84 % de las embarazadas no duermen bien en el tercer trimestre y hasta el 80 % de aquellas en la etapa de la menopausia tiene síntomas que impiden un buen descanso. Identificar los distintos fenotipos asociados al sexo según cada patología es el reto que definirá un abordaje de precisión.

La Dra. Irene Cano, coordinadora del Área de Sueño de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), comentó a Medscape en español la importancia del influjo hormonal en los trastornos del sueño femenino. "Las hormonas reproductivas como el estrógeno y la progesterona desempeñan un papel significativo en las funciones cerebrales, no solo las vinculadas a la regulación de la reproducción, sino también en otros procesos fisiológicos relacionados con la regulación de los ritmos circadianos, el rendimiento cognitivo, el estado de ánimo y el sueño. Además otras hormonas como prolactina, hormona del crecimiento, cortisol y melatonina tienen efectos sexo-dependientes sobre el sueño".

En la etapa de la adolescencia las niñas se desarrollan antes que los niños y suelen ir a dormir más tarde, en consecuencia, se levantan antes. Necesitan dormir en torno a las diez horas, el déficit de sueño a esta edad se relaciona con problemas como bajo rendimiento escolar, trastorno por déficit de atención/hiperactividad, obesidad y padecimiento de problemas metabólicos. "En el caso de los adolescentes los colegios tendrían que comenzar las clases de la mañana más tarde si se quiere que tengan un buen rendimiento académico, ya que la mitad se duerme en clase", señaló Ariadna Farré, enfermera de una Unidad de Sueño en la Reunión de Invierno de Áreas de la SEPAR.

Influjo hormonal y calidad del sueño

La Dra. Cano manifestó: "En la adolescencia, coincidiendo con los cambios a nivel hormonal de las mujeres, empieza a notarse la diferencia entre sexos. De esta forma los cambios en los niveles de estrógenos y progesterona son los responsables de alterar en cierta medida la calidad de nuestro sueño y sus fases".

Los estrógenos, que aumentan durante la fase folicular, están relacionados con el sueño de movimientos oculares rápidos y la progesterona, que se eleva durante la fase lútea, aumenta el sueño sin movimientos oculares rápidos. Así, los cambios en los niveles hormonales durante el ciclo menstrual pueden afectar al sueño. "Es frecuente que de 3 a 6 días antes de la menstruación las mujeres refieran dificultades para conciliar y mantener el sueño, en relación a un descenso en la proporción de su sueño de movimientos oculares rápidos, en el ámbito del síndrome premenstrual. También la pérdida de sangre menstrual se asocia a un descenso de hierro, que predispone a padecer el síndrome de piernas inquietas", añadió la especialista.

El impacto cardiovascular

La Dra. Milagros Merino, presidenta de la Sociedad Española de Sueño (SES), comentó a Medscape en español: "La repercusión que tiene la falta de sueño a nivel cardiovascular, fundamentalmente en determinadas arritmias, hipertensión arterial, trombosis en algunos casos, ictus e infarto de miocardio. También conlleva consecuencias endocrinometabólicas a nivel de sobrepeso y propensión a la diabetes y respecto a la esfera psíquica, hay problemas de atención y memoria, labilidad anímica e irascibilidad, entre otras, todo ello bien demostrado científicamente".

"Cabe señalar que las apneas del sueño, que eran más frecuentes en los varones, cada vez se están viendo más en las mujeres con las consecuencias cardiovasculares que esto conlleva", apuntó la Dra. Merino.

"El insomnio, más prevalente en las mujeres, es un factor de riesgo en ese sentido y ellas no duermen igual en todas las etapas de su vida por el influjo hormonal cambiante. De niña se duerme de un modo, en la adolescencia de otro y en la etapa de la menopausia de otro".

La pesadilla del tercer trimestre

Una etapa fundamental en la vida de las mujeres es el embarazo, con cambios hormonales mucho más notables. Durante el primer trimestre de gestación hay un incremento en la progesterona, lo que produce somnolencia, que se suma a una fragmentación del sueño en relación al aumento de diuresis nocturna o malestar general.

En el segundo trimestre la mujer sufre la fragmentación del sueño, pero tiene una mejor calidad de este. Y en el tercer trimestre del embarazo, entre el 75 % y el 84 % de las embarazadas tienen dificultades para dormir por molestias físicas, necesidad de orinar por la noche, calambres y reflujo gastroesofágico.

"Se producen cambios físicos importantes y la compresión vesical hace que la mujer embarazada tenga que levantarse de noche a orinar, lo que fragmenta su sueño", destacó Farré. Además, a medida que avanza la gestación y las mujeres ganan peso, presentan mayor índice de masa corporal que puede llevarlas a padecer apnea obstructiva del sueño, hipertensión arterial, preeclampsia y diabetes, si no se controlan estrictamente.

Otro aspecto interesante a tener en cuenta son los tratamientos concomitantes, como la toma de anticonceptivos y las fases de la vida, como el embarazo y la lactancia. "Por tanto, la mujer en edad fértil con piernas inquietas tiene con más frecuencia ferropenia que precisa del aporte de hierro oral. Este síndrome durante el embarazo es relativamente frecuente y es poca la medicación que se puede administrar, hay que recurrir a suplementos de hierro oral o intravenoso. Otro asunto es el caso de la narcolepsia, donde todas las medicaciones se deben suspender en el embarazo y la lactancia, ya que pueden ocasionar daños fetales", puntualizó la Dra. Merino.

Una década de retraso diagnóstico en la apnea

En la época de la menopausia, el 20 % de las mujeres es asintomática frente al 80 % que tiene síntomas de diversa gravedad que con frecuencia interrumpen el sueño. En esta etapa, a partir de los 50 años aproximadamente, la acción protectora de las hormonas femeninas en el sueño desaparece, aumentando los problemas, especialmente el insomnio y los trastornos respiratorios del sueño, como apnea o síndrome de piernas inquietas.

La prevalencia de los trastornos respiratorios del sueño en la menopausia se atribuye al aumento de peso, bajada del nivel de estrógenos o cambios en la distribución del tejido adiposo en el cuerpo. Asimismo, existen otros factores que aumentan la probabilidad de sufrir este trastorno, como el propio envejecimiento, el estado de salud, el uso de medicación o factores psicológicos o psiquiátricos, como estrés o depresión. "La apnea del sueño es más frecuente en hombres que en mujeres hasta la menopausia, donde la prevalencia se iguala entre ambos sexos", indicó la Dra. Cano.

El problema es que en la mujer los síntomas de apnea del sueño suelen coincidir con los propios de la menopausia (cansancio diurno, somnolencia, insomnio, cefalea, disminución de la libido, irritabilidad, bajo estado de ánimo), por lo que con frecuencia no son debidamente identificados y este trastorno se diagnostica mucho más tarde, aproximadamente una década después respecto al hombre.

"Por otra parte, siempre habíamos pensado que el insomnio de la menopausia se caracterizaba por despertares a partir de la segunda mitad de la noche, pero quizá lo más habitual son los despertares habituales repetidos durante la noche, más que un despertar prolongado definitivo precoz o un problema de conciliación. Lo bueno es que todo esto revierte con la terapia hormonal sustitutiva que mejora notablemente el insomnio", comentó la Dra. Merino.

La carga del estatus socioeconómico en el insomnio

En general el insomnio es el trastorno de sueño más frecuente, con una prevalencia entre un 10 % y un 20 % y es más frecuente en las mujeres. "La mayor incidencia de enfermedades que alteran el sueño, como la depresión, puede explicar asimismo la mayor prevalencia de los problemas de sueño en las féminas", señaló la Dra. Cano.

La Dra. Merino agregó: "A partir de la madurez el insomnio es mucho más frecuente en la mujer y se agrava con la menopausia. En cambio, una parasomnia típica como marcador de riesgo de enfermedades neurodegenerativas, el trastorno de conducta del sueño de movimientos oculares rápidos, es más frecuente en varones a partir de los 50 años".

La Dra. Cano recalcó un aspecto fundamental, a la par que poco conocido: "La diferencia entre sexos al momento de informar problemas de sueño se reduce a la mitad tras ajustar las características socioeconómicas, lo que sugiere que el estatus socioeconómico generalmente más bajo de las mujeres en comparación con los hombres es un factor importante que explica las diferencias en problemas de sueño entre sexos".

"En la apnea del sueño concretamente la sintomatología en las mujeres puede diferir al cuadro clásico presentado por los hombres —ronquidos, pausas de apnea y somnolencia diurna—; existe un infradiagnóstico en las mujeres y son diagnosticadas con mayor edad y con un índice de masa corporal más elevado", añadió la Dra. Cano.

En ese sentido, es alarmante que un 90 % de los casos de la apnea obstructiva del sueño no esté diagnosticado en las mujeres, cifra que recoge la nota de prensa de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica.[1]

Identificar fenotipos para una medicina de precisión

"Partiendo de la base de que la apnea del sueño presenta una prevalencia mayor en hombres que en mujeres, la mayoría de estudios de investigación se ha realizado sobre una población masculina y los resultados se han extrapolado a las mujeres, motivo por el que todavía queda mucho trabajo por realizar en cuanto a una mejor definición de las características propias de cada trastorno según el sexo. Poder identificar los distintos fenotipos asociados al sexo según cada patología nos permitirá aplicar una medicina de precisión e individualizada", manifestó la Dra. Cano.

La Dra. Merino explicó: "El abordaje de los trastornos del sueño siempre es personalizado y el sexo no tiene un gran impacto por sí mismo, lo que lo tiene son las etapas de la vida de la mujer, con algunos matices, como pueden ser los tipos de presión respiratoria positiva continua diseñados para mujeres, con mascarillas más adaptables porque el macizo facial es diferente al de los varones".

Esto es aplicable a todos los trastornos del sueño; en el insomnio nos permitirá incidir en ciertos aspectos de la terapia cognitivo-conductual o decantarnos por un fármaco antes que otro, según los síntomas y las características del insomnio. En el caso de la apnea del sueño, la Dra. Cano señaló: "Las distintas características anatómicas o la mayor prevalencia de apnea posicional también nos permitirán ofrecer distintas alternativas terapéuticas a la presión respiratoria positiva continua como el dispositivo de avance mandibular o el posicional".

Finalmente, no se pueden olvidar algunos buenos hábitos del sueño en la mujer, que incluyen respetar su ritmo circadiano; por lo general necesita ir a dormir más pronto que el hombre. En el caso de quienes tienen menopausia, vigilar la temperatura de la habitación, seguir una nutrición adecuada, rica en verduras, así como evitar el sobrepeso, hacer ejercicio todos los días de la semana y no usar las pantallas antes de dormir, hábito nocivo que desvela y que es más habitual entre los adolescentes.

Las doctoras Cano y Merino han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

Este contenido fue publicado originalmente en Medscape en español, parte de la Red Profesional de Medscape.