El buen médico es filósofo


  • Editorial Univadis
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La medicina y la filosofía son dos campos unidos desde sus inicios; en gran medida porque sus objetivos son similares: buscar el bien y la felicidad para el ser humano, aunque estos objetivos los focalicen en diferentes partes del hombre, la filosofía en el almay la medicina en el cuerpo. Aunque este esquema es excesivamente reduccionista, porque es dudoso que realmente podamos parcelar nuestra felicidad entre el bienestar del cuerpo y el del espíritu.

 

Además de compartir objetivos, medicina y filosofía también comparten el medio para alcanzarlos: la verdad. Para los filósofos presocráticos, los primeros filósofos, la felicidad se lograba a través de la verdad, del conocimiento de lo verdadero. Esta idea no ha cesado de estar presente en la historia de la filosofía, aunque para algunos lo verdaderohaya sido que no existen verdades absolutas, o que todo se pueda cuestionar. Los médicos manejamos otro tipo de verdad, la científica. Con ella se obtienen buenos diagnósticos y se realizan los mejores tratamientos, restituyendo de esta manera la salud, lo más deseado por la medicina.

 

Al compartir objetivos (el bien para el ser humano) y medios (la verdad, sea filosófica o científica), el nacimiento de ambas disciplinas fue simultáneo. Sucedió en una época en la que todavía no existía una clara división entre cuerpo y alma: la Grecia arcaica y la Grecia clásica. A los primeros filósofos se les llamaba físicos, porque estudiaban la physis(la naturaleza), entendida esta en un sentido amplio, tanto material como espiritual. Esos primeros físicosmerodearon por la Hélade entre los siglos VII y V a. de C., cuestionando el mundo antiguo, tanto las verdades que explicaban el origen y la esencia del mundo como las verdades que afectaban al cuerpo. Posiblemente el mejor ejemplo son los físicos(médicos y filósofos, diríamos actualmente) del siglo VI a. de C., Empédocles y Alcmeón de Crotona. Ambos fueron fundamentales para que el pensamiento arcaico avanzase y para que la medicina se alejase de la superstición.

 

Las prácticas médicas y filosóficas datadas entre los siglos VII y V a. de C. se conocen como medicina prehipocrática y filosofía presocrática. La primera intenta explicar la enfermedad y los remedios a través de la naturaleza, no por fuerzas divinas o de ultratumba, mientras que la filosofía presocrática intenta pasar del Mito al Logos: explicar el mundo no por la Mitología, sino por el conocimiento. Las aportaciones de médicos prehipocráticos y de filósofos presocráticos son enormes, pero no hay más que fijarse en su seudónimo para descubrir que, en Grecia, hay dos figuras que marcaron decisivamente el destino de la medicina y de la filosofía: Hipócrates y Sócrates. Estos dos genios universales fueron coetáneos durante el siglo V a. de C., si bien parece que Sócrates era 10 años mayor. 

 

Considerados los padres de la filosofía y de la medicina, muchos desconocen que Hipócrates, además de médico, era filósofo. Se le atribuye el aforismo: “En verdad, el médico es igual que el filósofo”. Por otro lado, aunque Sócrates no era médico, estuvo muy influido por la medicina gracias a su madre. Fenarete era partera y Sócrates comparaba su actividad con la del arte de parir. La técnica que aplicaba para alcanzar la verdad fue bautizada comomayéutica(en griego, la técnica de asistir partos​), que consistía en ir preguntando al alumno para que él mismo descubriera la verdad. Sócrates ayudaba a parir ideas verdaderas, una profesión tan peligrosa que llegó a costarle la vida.

 

Medicina y filosofía comparten objetivos y los medios para alcanzarlos, su nacimiento, autores, escuelas y problemas. Sin embargo, aunque ha habido simbiosis e intercambios de conocimiento, con el tiempo se han ido separando hasta el punto de mirarse con recelo. Para muchos médicos, los filósofos son charlatanes, mientras que para los filósofos los médicos son unos científicos simplistas. Medicina y filosofía comenzaron juntas y a lo largo de sus 28 siglos de historia han ido de traspiés en traspiés.

 

A pesar de ello, siempre han existido los médicos-filósofos, o filósofos-médicos, intentando aproximar las disciplinas que nos alejaron de los mitos y de la superstición, dos de las disciplinas que más han hecho evolucionar a la Humanidad. Maestros que han mostrado cómo la medicina y la filosofía están atravesadas por multitud canales comunicantes: Maimónides, Averroes, Karl Jaspers, Pedro Laín Entralgo y muchos más han intentado que la medicina no olvide que se ocupa del ser humano. Han luchado contra la idea de que medicina y filosofía son como el dios romano Jano: una cabeza, pero dos caras, una mirando a oriente y otra a occidente. Porque Jano es también el dios de las puertas, de los comienzos, de manera que no podemos renunciar a la apertura y mutua comprensión. Más allá de compartir objetivos, la medicina y la filosofía han realizado grandes aportaciones y su utilidad es recíproca. 

 

La complejidad de la sociedad del siglo XXI está llevando a que se cuestione lo que hasta ahora era la medicina, por la tecnocracia o la asistencia a la carta, y hasta el propio ser humano, gracias a avances como la inteligencia artificial o la ingeniería genética. Más que nunca es necesario que nos detengamos para plantearnos cómo medicina y filosofía pueden hermanarse y trabajar juntas de nuevo. Y uno de los campos en los que han comenzado a colaborar es en las neurociencias (y la neuroética), materia imprescindible para que un filósofo pueda hablar en el siglo XXI de la conciencia y para que un médico comprenda las acciones morales, y actúe así mejor con los enfermos.

 

Como es natural, este texto va más dirigido a los médicos que a los filósofos, por lo que acabaremos con las palabras que dedican a los médicos dos de los filósofos que más han trabajado en las últimas décadas en filosofía de la medicina; unas reflexiones alineadas con el aforismo citado de Hipócrates: el médico es igual que el filósofo. El argentino Mario Bunge, hijo de un médico y de una enfermera, en Filosofía para médicosanaliza cantidad de temas filosóficos útiles para un médico. Una de las tesis fundamentales del libro es que “el buen médico, diferencia del curandero, pone en practica diariamente, en general sin saberlo, todo un sistema filosófico”. Para Bunge los médicos son, sin saberlo, filósofos. En el mismo sentido, Javier Sádaba afirmaba en una reciente entrevista para el documental Ser Médicoque “no hay buen médico que no sea filósofo”. El buen médico, sin saberlo, es un filósofo.