El Atlas de la Salud Renal revela la carga mundial de la enfermedad renal y las desigualdades en el acceso al tratamiento


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Un estudio global de la carga de la enfermedad renal revela que para 2030 un total de 14,5 millones de personas habrán desarrollado enfermedad renal en etapa terminal. Sin embargo, solo 5,4 millones recibirán tratamiento debido a factores económicos, sociales y políticos. Más de 2 millones de personas mueren cada año en todo el mundo debido a que tienen poco o ningún acceso a diálisis o trasplante de riñón.

Alrededor del 0,1% de la población mundial tiene enfermedad renal terminal, con la mayor incidencia en los países de bajos ingresos, hasta siete veces más en comparación con los países de altos ingresos. Sin embargo, solo el 4% de las poblaciones que viven en países de bajos ingresos tienen acceso a diálisis o trasplante, en comparación con el 60% en los países de altos ingresos.

La Sociedad Internacional de Nefrología (ISN) informó en Melbourne (Australia) sobre los resultados de su segundo Atlas Mundial de la Salud Renal, que detalla el estado de las estructuras de atención de salud renal en 160 países (que contienen más del 98% de la población mundial). El atlas proporciona una visión general completa de la capacidad actual de atención de la enfermedad renal en todo el mundo.

Debido a que los riñones desempeñan un papel fundamental en el mantenimiento de una buena salud, la función renal dañada puede conducir a consecuencias adversas para la salud. En particular, las patologías renales se vinculan con mayor riesgo de enfermedades cardiacas, accidentes cerebrovasculares y amputaciones. El Atlas Mundial de la Salud Renal informa que aproximadamente el 10% de la población mundial vive con una enfermedad renal crónica; y esto es más común en los países de bajos ingresos.

Las principales barreras para la atención óptima de la enfermedad renal identificadas en el informe son factores económicos (reportados por el 64% de los países); conocimiento o actitud del paciente (en el 63% de los países), disponibilidad de especialistas en riñones (en el 60% de los países), disponibilidad de otros médicos, acceso, conocimiento y/o actitud (en el 58% de los países), distancia hasta la atención o tiempo de viaje prolongado (en el 55% de los países) y disponibilidad, acceso y capacidad del sistema de salud (en el 55% de los países).

El atlas muestra que, en los países con servicios de diálisis, hay variabilidad en el acceso; y esta variabilidad es más aguda en los países de bajos ingresos, donde solo el 5% de las personas con insuficiencia renal pueden acceder a la diálisis. Los nefrólogos están a la vanguardia de la atención renal a nivel mundial, siendo los principales responsables de los pacientes renales en el 92% de los países analizados. Hay muchos menos nefrólogos (especialistas del riñón) en los países de ingresos bajos frente a los de ingresos altos, a pesar de las grandes poblaciones y las necesidades en los primeros.

El primer Atlas Mundial de la Salud Renal se lanzó en el Congreso Mundial de Nefrología en México en 2017, revelando una variabilidad en la atención renal global, con brechas significativas en la atención renal en todos los dominios de salud de la Organización Mundial de la Salud (OMS), especialmente en los países de ingresos bajos y medios bajos. Este fue el primer intento de recopilación sistemática de información para describir el acceso a la información, los medicamentos, los recursos financieros y humanos, así como los modelos de prestación de servicios y la investigación, en todo el espectro de la enfermedad renal crónica.

Sobre la base de la versión 2017 de Atlas, la versión 2019 informa sobre otras facetas de la prestación óptima de atención renal, como la calidad, la asequibilidad y la accesibilidad de los servicios para enfermedad renal. Dada la creciente carga de la enfermedad renal, el aumento del costo de la atención para la insuficiencia renal (diálisis o trasplante) y la creciente evidencia sobre el valor de retrasar la progresión de la enfermedad renal crónica, el Atlas de 2019 identifica la promoción del tratamiento no dialítico financiado con fondos públicos de la enfermedad como un objetivo importante a nivel mundial.