El 44% de los pacientes hospitalizados por COVID-19 presentan un síntoma psiquiátrico


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El 43,9% de los pacientes hospitalizados por COVID-19 presenta padece algún síntoma psiquiátrico, el 12,2% trastorno por estrés postraumático (TEPT) y 26,8% ansiedad o depresión.

Así se desprende de la última actualización del informe científico-técnico sobre el coronavirus del Ministerio de Sanidad, en la que, entre otros aspectos, se hace un repaso por los estudios publicados sobre los trastornos mentales de los pacientes con COVID-19.

En este sentido, los síntomas mencionados anteriormente suelen ser más frecuentes en pacientes con dificultades de afrontamiento y que señalan estar estigmatizados, siendo el apoyo social percibido fue el factor protector más importante.

Asimismo, en un estudio de 76 pacientes psiquiátricos y 109 controles en China, las puntuaciones en las escalas de ansiedad y depresión fueron significativamente mayores en pacientes psiquiátricos, al igual que las preocupaciones sobre su salud, impulsividad e ideación suicida. De hecho, un tercio cumplían criterios de TEPT, y un cuarto de insomnio.

Del mismo modo, el departamento que dirige Salvador Illa ha señalado que las personas con enfermedades mentales preexistentes pueden tener un mayor riesgo de recaída debido al estrés asociado con la pandemia de COVID-19. Asimismo, informa de que las personas con trastorno mental pueden ser un colectivo de riesgo de COVID-19.

Por otra parte, Sanidad menciona un estudio en el que se encontró un mayor riesgo de neumonía en pacientes psiquiátricos. Algunos de los factores que se sugieren que pueden aumentar el riesgo son la presencia de más comorbilidades que la población general, la vida dentro de las instituciones cerradas o las barreras de acceso a la atención sanitaria.

Así, en Wuhan (China) se detectó un agrupamiento de 50 infectados por coronavirus en una institución psiquiátrica. En este punto, el informe advierte de que tanto la mayor prevalencia de la sintomatología citada anteriormente como muchas de las situaciones provocadas por la epidemia (aislamiento, dificultades económicas, miedo, consumo de alcohol) pueden influir en el riesgo de suicidio.

Al mismo tiempo, otro modelo analizó cómo influiría el desempleo asociado a la COVID-19 con el suicidio usando datos de 63 países tomando una estimación de empleos perdidos por la crisis facilitado por la Organización Internacional del Trabajo, y estimando que el número de suicidios causados por el desempleo estaría entre 2.135 y 9.570 por año.

Los trabajadores sanitarios son un grupo especialmente expuesto a padecer problemas de salud mental debido al estrés y la sobrecarga a la que están sometidos. En una encuesta realizada a 1.257 trabajadores sanitarios en China durante la epidemia, el 50,4% refería síntomas de depresión, el 44,6% de ansiedad y el 34% de insomnio.

En el análisis multivariante se encontró que ser mujer, personal de enfermería, residente de Wuhan o trabajador de primera línea aumentaba el riesgo de la aparición de dichos síntomas. En otra encuesta también en China se encontró que los trabajadores sanitarios tenían una prevalencia significativamente mayor respecto a la población general de insomnio, ansiedad, depresión, somatización y síntomas de trastorno obsesivo-compulsivo.

En un tercer estudio mencionado por Sanidad, la incidencia de ansiedad entre los profesionales sanitarios fue del 23,04%, siendo mayor en mujeres que en hombres y en el personal de enfermería.

Finalmente, en una encuesta realizada en población general en China en la que participaron 1.210 personas, el 53,8% clasificó el impacto psicológico de la pandemia como moderado o grave, 16,5% refirieron sintomatología depresiva moderada a grave y 28,8% ansiedad moderada a grave.

Las mujeres, los estudiantes y el peor estado de salud percibido se relacionaron con mayores niveles de estrés, ansiedad y depresión.

En Italia se objetivaron niveles elevados de estrés en comparación con los niveles basales recogidos en estadísticas europeas. También se encontraron mayores niveles de ansiedad en las mujeres y en las personas jóvenes, así como en las personas que tenían algún familiar o conocido diagnosticado.