El 2020 en salud digital: las soluciones frente al coronavirus.


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2020 pasará a la historia por ser el año de la pandemia, y por las consecuencias que esta emergencia tendrá en muchos aspectos sociales, económicos y, por descontado, sanitarios. Una buena parte de las novedades que se han visto en el campo de la salud digital tienen que ver, precisamente, con utilidades creadas para mitigar el impacto de la propagación del virus. 

La primera pandemia del siglo XXI llegó en un momento en el que la mayor parte de la población mundial contaba con acceso a Internet y teléfonos inteligentes en los bolsillos, y es interesante comprobar si de algo han servido las tecnologías para mitigar el impacto de la amenaza. Ha sido el año de las apps para el rastreo de los contactos, el pasaporte inmunológico y la lucha contra la desinformación sanitaria.

Las apps de rastreo.

Google y Apple, propietarias de los dos sistemas operativos para móviles predominantes en el mundo, Android y iOS, unieron sus esfuerzos en una misma idea: integrar en ellos una herramienta que permitiera trazar los casos de coronavirus. La idea permitiría integrar sin dificultad, y de manera nativa, el uso de aplicaciones para trazar los contactos de los afectados por SARS-CoV-2, y así aplicar medidas de contención más precisas. 

Se trataba de establecer una base técnica común para hacer posible que los recursos del teléfono móvil (GPS, bluetooth, etc.) se emplearan de forma estandarizada, sin que técnicamente se fragmentaran las soluciones que crearan loas autoridades de los distintos países con esta finalidad. 

Técnicamente, el sistema se construyó a través de una API, una especie de pasarela común, para que las apps de los desarrolladores puedan aprovechar la misma base técnica del sistema operativo. Una API es un conjunto de definiciones y protocolos que se utilizan para desarrollar e integrar el software de distintas aplicaciones. 

Fue en el mes de mayo cuando se lanzaron las primeras versiones de esta utilidad dentro del los correspondientes sistemas operativos, que llegaron a miles de millones de usuarios en todo el mundo a través de sendas actualizaciones. Google y Apple decidieron ofrecer este acceso sólo a las autoridades de salud pública de los países, no a las iniciativas privadas que no cuenten con el aval de los respectivos gobiernos.

Uno de los aspectos que más se trabajó en este modelo conjunto de los dos gigantes tecnológicos fue el relativo a la protección de la privacidad del usuario. Esto se consiguió a través de un modelo de identificación que no requería registro de usuario, y a que tampoco se emplearon datos de geolocalización, sino sólo los relativos a la proximidad de contactos mediante detección por bluetooth.  A partir de esta base, serían las autoridades sanitarias quienes establecieran un nivel de riesgo de exposición para las personas en función de sus propios criterios. Por ejemplo, el estándar de distancia tolerable de un individuo a otro que haya estado expuesto a la infección antes de generar una alerta, o la duración de esa exposición. 

La base de Radar Covid.

Este fue el modelo que se empleó en España con la aplicación oficial Radar Covid, la app oficial del Sistema Nacional de Salud que se presentó en junio, pero que no estuvo plenamente operativa en todas las comunidades autónomas hasta el mes de octubre.

De estética sencilla y cuidada, se trata de una la app que declarar funcionar "sin revelar tu identidad ni la de tu smartphone. No se recoge tu nombre, email, geolocalización ni tu teléfono". Es el usuario el que maneja la opción de compartir la información que desee, y las alertas que pueda recibir en ningún caso le dirán ni dónde se produjo la exposición ni mucho menos quién es la persona que la origina. Su funcionamiento es sencillo pero potencialmente eficaz: el teléfono móvil registra aquellos otros dispositivos con los que ha estado en contacto durante un tiempo predeterminado (15 minutos) y tengan, a su vez, la app instalada. Si uno de los contactos reportara la positividad en un test, serían avisados aquellos con los que compartió espacio y han sido sometidos al riesgo de contagio. 

De esta manera, Radar Covid se encargaría de avisar a las personas que en los últimos 14 días hayan estado cerca para que sepan que quizá hayan estado expuestas al virus. Como podemos ver, la app se diseñó con una parte pasiva (ser avisado) que funciona en segundo plano, y otra parte activa (avisar al usuario de un positivo para Covid) que hay que reportar voluntaria y explícitamente.

Los datos de utilización que se registraron en los primeros meses de disponibilidad de la app fueron bastante desalentadores. En España no se facilitan datos oficiales del número de casos que se reportan en la app, como sí hacen otros países. Pero hay programadores que han creado sistemas de análisis a través del código fuente de la app, y a través de ellos se ha comprobado una muy escasa utilidad real del sistema.

¿Cuál es la razón? Seguramente hay varias: cierta confusión en los usuarios sobre qué deben hacer cuando descargan la app, un problema de distribución de códigos, los que tienen que proporcionar los servicios de salud a quienes reciben un diagnóstico PCR positivo, y diferentes niveles de implicación de los servicios de salud en la promoción de esta herramienta como estrategia de rastreo digita de los contagios. 

Como también se comentó en esta sección, las apps de seguimiento de contactos tuvieron un antecedente en la utilización que códigos QR en países como China o Corea del Sur. Fueron los primeros países en crear un sistema de identificación personal mediante ellos, que constituían una especie de salvoconducto COVID-19 o “Covid-pass”. Cada persona portaba su identificador en el móvil, que marcaba los niveles de contacto social que estaban permitidos. Alguien que no haya estado en relación con ningún afectado lo podía exhibir en verde para moverse con mayor libertad. Si el sistema reportaba que alguno de los contactos previos había estado infectado, se tornaba automáticamente amarillo o rojo, y es cuando se podía obligar al confinamiento. 

La propuesta para un pasaporte inmunitario internacional.

Otra aportación frente a la pandemia basada en los teléfonos móviles es la del proyecto de CommonPass, consistente en diseñar un salvoconducto de salud con base digital, fundamentalmente pensando como una cartilla de vacunación virtual que se pudiera mostrar allá donde sea exigida, y especialmente cuando una vacuna es un requisito de entrada en un país. La iniciativa ha sido impulsada por el Foro Económico Mundial, y pretende poder  restablecer cuanto antes los viajes transfronterizos en un volumen lo más cercano a los niveles prepandémicos. Se trata de integrar unificadamente en el teléfono móvil los resultados de laboratorio o registros de vacunación, y que con esa información se pueda validar el estatus en relación con el coronavirus sin revelar ninguna otra información de salud personal subyacente. 

En el escenario más general, la lucha contra la desinformación.

Junto con estas aplicaciones de uso personal, 2020 ha sido el año en el que más se ha combatido la desinformación sanitaria, por los efectos perjudiciales que puede tener en términos de salud pública. Por ejemplo, Google modificó el sistema mediante el que proporcionaba los resultados de búsquedas relacionadas con la vacuna del coronavirus SARS-CoV-2, que dejó de estar regido por el modelo algorítmico común para pasar a ser un sistema más controlado y estructurado, a través de los llamados “paneles de información”, mediante los que se muestran contenidos privilegiados. O las decisiones de expulsar de las tiendas de aplicaciones Google Play y App Store aquellas que no tuvieran unas estándares de calidad adecuados. O la labor de Facebook, Twitter o YouTube por eliminar de sus plataformas los contenidos perniciosos y las noticias falsas sobre este asunto.