Efectividad de los test rápidos en la detección de ómicron

  • Carlos Sierra, PhD

  • Maria Baena
  • Noticias
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Con la irrupción de la variante ómicron y su elevadísima tasa de contagios, los test rápidos de antígenos se han convertido en una herramienta muy importante para el control de la pandemia de la COVID-19 durante la actual sexta ola.

La fiabilidad de estos test rápidos no es tan buena como las PCR, pero son más baratos y se pueden usar como pruebas de autodiagnóstico, lo que permite reducir la grandísima presión asistencial que recae sobre los sistemas sanitarios y, al menos hasta la llegada de ómicron, se han demostrado suficientemente sensibles cuando la persona tiene mayor carga viral y es más contagiosa.

El problema actual es que, con esta nueva variante, hay un cada vez mayor número de falsos negativos ya que la persona infectada puede empezar a presentar síntomas días antes de que este tipo de test arrojen un resultado positivo. Ante la reciente aparición de esta problemática, aún no se conoce la razón por la que esto sucede, puede ser debido por las características intrínsecas de esta nueva variante, o bien que al estar causando un mayor número de reinfecciones que las variantes precedentes, nuestro organismo esté reaccionando de manera diferente. Por ello, se está convirtiendo en habitual que una persona haya de hacerse test rápidos durante varios días consecutivos para obtener un positivo tras varios negativos.

Para intentar encontrar una solución a esta compleja situación, la comunidad científica está procediendo a realizar estudios en los que se compara la eficacia de los test rápidos con muestras de mucosa nasal o nasofaríngea con los de muestra de saliva. Los resultados preliminares son claros, los test en saliva detectan mejor la variante de la COVID-19 ómicron.

La posible clave: la infección de personas ya inmunizadas

El número de personas con cierto grado de inmunización frente a la COVID-19 es, por fortuna, cada vez mayor gracias al efecto de las vacunas, al creciente número de individuos que han superado exitosamente la infección, y una combinación de ambas condiciones –personas vacunadas que se han padecido la enfermedad-. Esto hace que ómicron sea menos capaz de llegar a las células del pulmón, por lo que afecta principalmente a las vías respiratorias superiores. Por ello, es posible que sea mejor recoger muestras de saliva para realizar test porque el virus parece multiplicarse mejor en la cavidad oral que en las fosas nasales. Esta hipótesis se ha visto recientemente sustentada por un estudio realizado en Sudáfrica, liderado por virólogos y microbiólogos de la Universidad de Cape Town y cuyos resultados se han publicado en la plataforma de prepints (sin revisión por pares) MedRxiv. En él se observó que el 100 % de las PCR realizadas con saliva de 382 pacientes infectados con ómicron con síntomas agudos, pero no hospitalizados, fueron positivas, mientras que el porcentaje disminuyó al 86 % cuando la muestra era nasofaríngea.

Por ello, y teniendo en cuenta que la PCR es la prueba diagnóstica de referencia para la detección de esta enfermedad, estos resultados apoyan la afirmación de que los test de antígenos nasales tienen menor fiabilidad al detectar ómicron que los test de saliva, con lo cual estos podrían acabar reemplazando a los test rápidos actuales. Además, hay que tener en cuenta que la sensibilidad exigida por la Unión Europea para aprobar el uso de un test es mayor del 90 %, por lo que la de los test de antígenos podría caer por debajo de ese límite para el caso de ómicron.

¿El futuro test de saliva español?

En este nuevo contexto, cobra mucha más relevancia el primer sensor fotoelectroquímico basado en aptámeros (un tipo de anticuerpos químicos) que detecta el virus SARS-CoV-2 en muestra de saliva desarrollado por investigadores de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M).

En este estudio, publicado en la revista Sensors and Actuators B: Chemical a finales del año pasado, se mostró que este nuevo sensor tiene un amplio rango de sensibilidad a diferentes concentraciones del virus, ya que es capaz de detectar concentraciones inferiores a 0,5 nanomolar (nM), típicas en pacientes que todavía no han desarrollado ningún síntoma. Además, funciona en concentraciones hasta 32 nM, por lo cual podría ser usado para monitorizar la evolución de la carga vírica en los pacientes y, por lo tanto, el estado de la infección de la infección.

Su uso sería muy similar a los actuales sensores de antígenos: se disolvería una muestra de la saliva del paciente en una solución tampón, para a continuación depositarla en la superficie del sensor y tener el resultado en un intervalo de minutos. “La ventaja sobre los actuales sensores basados en antígenos es la mayor sensibilidad y especificidad de las medidas de los sensores fotoelectroquímicos que son comparables a otras más complejas, como las basadas en fluorescencia, y más sencillas, baratas y rápidas que las basadas en PCR”, señaló el Dr. Mahmoud Amouzadeh Tabrizi, autor principal de la investigación perteneciente al grupo CONEX-Plus del Departamento de Tecnología Electrónica de la UC3M. “Sin embargo, aún queda camino por recorrer. De momento solo se ha desarrollado el sensor, el siguiente paso ha de ser integrarlo en un dispositivo de bajo coste y reducido tamaño para que pueda ser una herramienta complementaria a los test de antígenos”, concluyó.